Viernes, 22 de septiembre de 2017

Extraños vientos

Lo de Forcadell son palabras y ella, filóloga como yo, debería saber que para que no las cargue el diablo, debe usarse rigor filológico, equivalente a lo que en filosofía se conoce como decencia intelectual. “Lo malo” de que uno sea, sobre todo, demócrata, es que cuando me tocan los principios, no veo con quién coincido, sino el agravio.

He querido dejar pasar tiempo para tocar dos temas, uno de acá y otro de allá; saben que procuro dejar las ideas reposar –y reposar yo–; ver qué se opinaba al respecto y cómo iban evolucionando  las cuestiones…

México y “Patricia”

[Img #470494]El viernes 23, por la mañana, las alarmas saltaron; esa tarde iba a tocar tierra un huracán temible, formado en el Pacífico; se hablaba de magnitudes únicas, de un peligro real e inminente… Fue la tormenta perfecta, en todos los sentidos: las autoridades se pusieron serias, la gente hizo caso… y el pinche huracán entró por donde menos daño iba a hacer y encima chocó contra montañas que lo debilitaron. Voces hubo, claro, que señalaron que, por muchos defectos que tenga México, hay instituciones y responsabilidad social, y conciencia; me incluyo en ellas (en las voces). Pero claro, como el presidente que encabezó esa buena reacción es del PRI y sus detractores lo acusan de todo… y de tonto,  enseguida se habló de compló, de que no era para tanto, de que había sido una cortina de humo…

Por mi parte, pensé que si Peña Nieto pone a su servicio a la NASA y no sé cuántas organizaciones internacionales, me cae que es chingón… O sea, que sus detractores deben decidir si es el más tonto de Tontolandia o el más malo de Malonandia, porque su conspiracionitis a los que dejó en evidencia, al menos para mí, fue a ellos.

Mención aparte merecen los medios de comunicación: contribuyeron a difundir los avisos de la autoridad, fueron útiles en ese aspecto; sin embargo, en estas épocas de la noticia como espectáculo, se les jodió su inversión en coberturas especiales y, en vez de asumirlo, siguieron usando un tono apocalíptico y gritón. O sea, siguieron haciendo “periodismo”, con hartas comillas.

Forcadell y la “República catalana”

A reserva de que más de uno me crucifique, no puedo dejar pasar lo que pensé el día de la toma de posesión de esta señora, tan suya y de sus contradicciones.

La actual presidenta del parlamento catalán, que ya lo es, no emuló a Gandhi o a Bolívar, aunque alguno parezca creerlo; no, perdón, la señora Forcadell tomó la institución a la que había llegado democráticamente y la utilizó para sus muy personales intereses… Está bien, acepto muy personales intereses ideológicos como animal de compañía…

Qué curioso, pensó este de la tecla: eso hizo Franco, puesto al frente del Ejército por un gobierno democráticamente elegido –la Segunda República era una democracia–, contra el que levantó a ese ejército; también Augusto Pinochet, en Chile, hizo algo parecido, engañó al gobierno elegido en las urnas y utilizó las herramientas que este le proporcionó para derrocarlo.

Antes de que me digan exagerado, equiparo puntos de partida, no estamos en 1936 o en 1973, ya lo sé, no veo una guerra civil en ciernes… Simplemente, esa señora se dice de izquierdas, como yo, y resulta que veo que se se salta las trancas que quiere… y se victimiza. Pues no, lo siento, no me creo su opresión; además, considero que hace trampa y, en esa trampa, coincide, a mi modo de ver, con personajes históricos tan deleznables… Y es más, su hooliganesco “visca” es arma, sobre todo, para Rajoy, al que imagino feliz viendo esta proliferación de “malos malísimos” para felicidad de sus propios hooligans.

Lo de Forcadell son palabras y ella, filóloga como yo, debería saber que para que no las cargue el diablo, debe usarse rigor filológico, equivalente a lo que en filosofía se conoce como decencia intelectual. “Lo malo” de que uno sea, sobre todo, demócrata, es que cuando me tocan los principios, no veo con quién coincido, sino el agravio.

Que la señora está ofendida por las decisiones del gobierno central o del Supremo, bien, hay maneras de luchar contra ello; si no cree en las instituciones, nadie la va a meter en la cárcel por decirlo, escribirlo… Pero, mujer, hasta los parlamentarios de Herri Batasuna juraban por imperativo legal…

Si esa es la independencia que propugna, señora suya, bastante dependiente la veo…

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