Miércoles, 22 de noviembre de 2017

...Y tres o cuatro ríos

Es un verso, un verso final, de un poema del que me acuerdo, entre otros, cuando me saturan de banderazos.

Porque hoy es de esos días en que no soy.

Nací en Salamanca, sí, allí vive mi familia; a finales de 1992 llegué en México; desde 2003, hay un papel que dice que tengo, también, la nacionalidad mexicana; ese papel se llama carta de naturalización y me da derecho a tener pasaporte mexicano y algún que otro documento; me permite votar aquí y me quitó más de una complicación burocrática.

Pero ser, lo que se dice ser, soy yo… Y ese yo, hoy, no es muchas más cosas. Se siente hastiado, de gritos en Facebook y de considerar ensayos montaignescos a frases tuiteras más o menos logradas; me siento harto de medias mentiras y de medias verdades… De titulares que buscan ser la noticia, no explicarla.

Por supuesto que no sé si soy, pero sí estoy, orgulloso de lo que España, en el tiempo que tengo de pertenecer a ella, ha conseguido; lo resumo en mí; esa España –todo lo que ella engloba, incluida familia– me dio las herramientas con las que me muevo por el mundo; me dio incluso el conocimiento que hoy me permite construir ese concepto de “no ser”; porque estoy orgulloso de la España que da, que incluye, pero no soy español –ni salmantino, ni mexicano– de los que se creen que eso me hace más o mejor que alguien. Esa España me ayuda, día a día, a ser mexicano.

Tampoco soy… tonto; y, hablando de la actualidad, sé que en Cataluña –ya lo escribí– desde hace más de 30 años es más difícil llevar una bandera constitucional española que una senyera, así que también estoy hastiado de esas opresiones de café…

Ese hastío, de igual modo, me lo producen “opresiones” y “sojuzgamientos” de este lado; las noticias que de acá les llegan allá muestran una especie de estado de guerra en la que todo el mundo, sin otra intención que protestar, se la pasa en la calle pidiendo la renuncia del gobierno… Además de que no es cierto, falta explicar –pocos en España saben– que en el estado de Guerrero –donde se ubican Iguala y Ayotzinapa–, hace un año gobernaba el PRD –tanto en el estado como en el municipio– y el gobierno central tenía una capacidad de injerencia igual o menor a la que hoy tiene Rajoy en Barcelona… Quiero decir injerencia sin provocar una monumental bronca.

En resumen, saturarme cada día con la sucesión de plenas mentiras y medias verdades –que suelen mentir más que la propia falsedad– es lo que me tiene hastiado.

Por eso, avui, sóc només jo… i això, amb reserves.

Y por si a alguien le sirve, ahí va el poema de José Emilio Pacheco, “Alta traición”, del que tomé el título:

 

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

     es inasible.

Pero (aunque suene mal)

     daría la vida

por diez lugares suyos,

     cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

     fortalezas,

una ciudad deshecha,

     gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

     montañas

–y tres o cuatro ríos.

 

@ignacio_martins

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