Lunes, 11 de diciembre de 2017

El piso de la playa ¡Menuda inversión!

Manolo y Mari se compraron un pequeño apartamento un par de años antes de que Manolo se jubilase con los ahorros de toda su vida y una pequeña hipoteca que, calcularon, podrían pagar sin problemas con la pensión que a él le quedaría...

...era un cosa modesta sólo con una habitación, cocina americana, un baño, y una buena terraza, pero con una distribución muy buena:

.- Si cerramos la terraza ganamos una habitación más y así pueden venir las niñas-, decía Mari en aquel momento Mari ilusionada

Las niñas eran sus dos hijas, la mayor estaba casada y tenía dos niños, la pequeña tenía a una niña de su primer matrimonio y estaba viviendo con un chico divorciado que tenía dos hijos.

El caso es que ellos, Manolo y Mari, vieron la posibilidad de pasar largas temporadas en la playa en cuanto “hiciese bueno” y disponer de un lugar para las vacaciones de toda la familia.

Pasaron los dos años y Manolo se jubiló, las largas temporadas de la playa se acortaron considerablemente porque las niñas les necesitaban cuando a los peques les daban las vacaciones, pero eso no fue lo único que no cuadró con los planes del matrimonio, cuando su hija pequeña cogió vacaciones les dijo que quería pasar 15 días en el piso de la playa, que se iba con su hija y su chico y los dos hijos de éste, y que Vanesa, su amiga de toda la vida andaba un poco pillada de dinero y también se apuntaba con su marido y el bebé que acababa de tener.

            .-Al fin y al cabo vosotros no vais casi nunca y es una pena que el piso esté allí muerto de risa

Mari no supo que decir cuando su hija mayor la llamó hecha un basilisco reprochando que su hermana dispusiese del piso de la playa sin contar con ella, que llevaban un año de duro trabajo con el negocio que su marido y ella habían montado y como en agosto había menos jaleo había pensado cogerse una semanita para estar tranquilamente ellos solos con los niños en el piso de la playa

.- Bien sabes tú papá que no hemos tenido tiempo de nada, que os habéis tenido que encargar vosotros de los niños todo el invierno y que necesitamos esos días para nosotros

Ese año Manolo y Mari pasaron el verano en Salamanca, con mucho calor, no habían puesto el aire acondicionado pensando en que pasarían el verano en el piso de la playa y además andaban justos pues estaban pagando la hipoteca, que no era mucho, pero tampoco la pensión que le había quedado a Manolo.

Al año siguiente, con más tiempo Manolo y Mari hablaron con sus hijas para que no se repitiese la situación, y consiguieron que todos coincidiesen cinco días en el piso de la playa, estaban ilusionadísimos,…, pero cuando llegó el momento lo cierto es que el piso era muy pequeño y en este caso “el roce deshizo el cariño”, hasta el punto de que la mayor de las hijas se marchó al segundo día tras una fuerte discusión con su hermana, el motivo fue precisamente “el piso de la playa” que de nuevo querían disfrutar las dos por separado pero la misma quincena de agosto.

Manolo y Mari no tardaron mucho en pensar que sería mejor vender el piso de la playa pero lo habían comprado justo antes del comienzo de la crisis y no le daban ni la mitad de lo que les había costado, por lo que decidieron alquilarlo en verano y así pagaban la hipoteca, y ellos podrían hacer una pequeña escapadita a un hostal en la costa, sin embargo esto si aunó los criterios de las dos hermanas, que se enfadaron muchísimo con sus padres “por fastidiarles sus vacaciones”

Manolo y Mari son dos personajes inventados para la columna de hoy pero es posible que ustedes conozcan a alguien con un piso en la playa como ellos y con alguan que otra historia como las descritas

Manolo y Mari no contaron con la opinión de sus hijas cuando compraron el piso, ni sus hijas contaron con ellos ni entre ellas al planear sus vacaciones, y es que ponerse en la piel del otro evita malos entendidos, pero en general hay falta de costumbre para ello.

Por cierto, por si no lo sabían, en este tipo de situaciones la mediación es muy útil