Jueves, 14 de diciembre de 2017

Viajero, si un día...

Si un día, viajero, vienes por aquí, sal de los relojes en la hora de la solana.

Que si  la tarde blanca y crecida como un pan de Castilla, te pilla por los caminos por donde solo van los lagartos y las bichas, el sol te secará hasta la sombra.

Mira, cuando te andes por acá, busca una casa que cruce como barca volteada el cielo de los espejismos del calor. Busca que tenga buena nave de teja roja, y que a babor y a estribor, la cal impermeabilice el adobe para su navegar.

Busca un arca, sí, para cruzar las horas de estiaje en que ruge la tempestad callada por los rastrojos. Fíjate que la embarcación tenga su banderas ondeando: un mandil, unas prendas, unos paños…, que así sabrás que es lugar  modesto donde llegas, pero digno su pabellón.

Y, sobre todo, encuentra a su patrón,el que con Noé estará en el puente de su entrada, agarrado a su bastón como a un timón para la travesía de una tarde más.

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Y pide licencia para subir a bordo, viajero. Bebe del agua del botijo que se te ofrece, esa que bendice el paladar, come de su conversación, y escucha, como escuchan los chopos al viento vagabundo, que así sabrás que las palabras bien acogidas, son de mucha refresco y salvación.

Y de la Historia de los libros, si quieres, también, que estos son los Arapiles de la francesada, y por aquí, por Las Torres, se anduvo en 1812 don Julián Sánchez, el brigadier de tan brava cabalgada llamado “El Charro”.

Y déjate llevar en el feliz naufragio del verano.

Y luego agradece agua, sombra, palabra, el fresco tiempo de barro, y sigue tu camino, viajero, que en la atardecida llegarán los vecinos al portalillo de Rogelio, para hablar a las estrellas de todo lo pequeño que hace tan grandes las vidas.

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Fotografías: Casa de Rogelio Calvo, de 83 años, y su esposa. Naturales de Puebla de Yeltes, pero residentes desde hace muchos años en Las Torres, Salamanca.  ¡Gracias por vuestra hospitalidad !