Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Pedagogía política

Me quedé con este concepto hace unos días, con el lío de las elecciones andaluzas.

Lo dijo el candidato de IU, Maíllo, al que creo que conocí en mis épocas de “estudiante progresista”. También señaló que seguía pensando que eran imprescindibles y lo dicho, que seguirían haciendo “pedagogía política”.

Claro que hay que hacerla, seguir haciéndola en algunos casos y en otros, de plano, empezar. Sin embargo, decirlo, en un mitin –aceptando que no es el mejor momento en cuanto a lucidez– encierra un subtexto complicado.

Me quedé, ya les digo, con la frase, y pensé que eso es a veces un problema, sobre todo de muchos que nos consideramos de izquierda… Cuando caemos en esa idea, empezamos a dejar de aceptar la esencia de la democracia… Porque la pedagogía refiere a educación, a enseñanza… O sea, hay quienes enseñan, porque saben, y quienes aprenden, porque no saben.

Yo, por supuesto, sé que los partidos tradicionales deben cambiar muchas cosas pero también que en ellos milita –o sea trabaja– gente buena, convencida de lo que hace. También he puesto por escrito en estos artículos mi desconfianza hacia los nuevos “movimientos” que tienen, para mí, muchas cosas poco claras… Sin embargo, también en Podemos y Ciudadanos hay gente buena, convencida… Y otros que se van convenciendo.

Por supuesto, también fuera de la política, hay gente; de hecho, ahí se ubica la gran mayoría, que muchas veces ni vota y cuando lo hace, puede tener en cuenta muchas cosas, casposas y no… Lo importante aquí es que todos esos, buenos, malos y regulares, listos y tontos, todos y todas, votan, y la esencia de la democracia es aceptarlo.

Como la esencia de la participación, para mí es hacer la pedagogía, no decirla: criticar a los de mi partido –si lo tengo, y si no, a los de mi cuerda–, que hagan cosas con las que no estoy de acuerdo y hablar bien de los de otros partidos –u otras cuerdas– cuando considero que hacen algo bien…

Una y otra cosa, hacerlas sin gritar –no, no simpatizo con Ciudadanos, pero reconozco que no es mal concepto–. Sin gritar, sin acusar…

Y cuando se llega al poder, si se llega, seguir pensando en esa pedagogía, en qué será mejor para que los ciudadanos ejerzan su derecho al voto la siguiente elección…

Y nunca olvidar que votar se basa en el derecho que todos tenemos a equivocarnos… Tanto como a creer que se equivocan los demás…

PD: Una disculpa porque, debido a un error mío, este artículo debería haberse publicado el pasado jueves, y el que se publicó ese día, debería haber salido hoy; gajes de la tecnología y el despiste personal. Buenas vacaciones, quienes las tengan, que yo trabajo.

@ignacio_martins

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