Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Viaje en globo

En eso de andar por los aires, si descontamos a Ícaro, en un globo empezó todo… Y ahí me subí, con mi señora, como diría un clásico, porque los dos teníamos esa ilusión… La verdad es que, aunque dura poco, es una experiencia que merece la pena, única, si se me permite el tópico… Gracias, hermanos Montgolfier…

Aunque despegamos con niebla, no hubo nada que diera miedo, impresión, repelús o canguelo en todo el vuelo, muy tranquilo, la canastilla apenas se mueve… Imagino que cualquier eventualidad atmosférica, si en un avión asusta, aquí… Pues eso… Pero como no nos tocó, estuvo todo muy tranquilo, pudimos disfrutar del amanecer en esta maravillosa zona del mundo… Porque encima de la neblina estaba el amanecer…

Abajo, o sea, antes de despegar, un público de lo más heterogéneo; pareja celebrando aniversario, con todo y pancarta; mamá, abuela y niña con caras de felicidad infantil las tres… Y un par de gachupines, para dar color.

El piloto que nos tocó, Martín, es, entre semana, agricultor en un pueblo –que sobrevolamos– de Tlaxcala; le hizo mucha gracia mi “Martín de apellido”, porque aquí, ese apellido tan común en Salamanca, es una rareza. Ya ven, en el tercer mundo, hay gente de pueblo que pilota globos aerostáticos… Dejémoslo como contribución a la actualmente tan de moda “ruptura de paradigmas”.

Y el vuelo…Ver este valle, o estos valles, desde las alturas, ayuda a entender el concepto de meseta y los de montañas…  Todos los volcanes que rodean al centro de México los tuve a vista de pájaro, literalmente… Y estamos hablando de que el más “pequeñito” es La Malinche – Matlacuéyatl, en náhuatl– que mide 4.420 m. Desde donde volamos, también se ve el Pico de Orizaba –el Citlaltépetl–, la montaña más alta de México, con sus buenos más de 5.600 metros (según Wikipedia hay discrepancias, así que mejor lo dejo así, abierto); por supuesto, los infaltables Popo e Izta –Popocatépetl (5500) e Iztaccíhuatl (5286)­–; para un charro que lo más alto que había visto eran las montañas de Gredos, imagínense…

Allá arriba pensaba que esto del globo, hoy en día une: el afán, eterno, de superación humana; el ansia de volar –volvemos a Ícaro–; pero también una sensación de naturaleza, de simbiosis con el entorno… De pureza, sin ninguna connotación rouquiana…

El sol del amanecer, el silencio, la quietud… A uno se le va poniendo una sonrisota que no hay manera de quitar, a veces parece que se va a escapar una lagrimita…

Háganlo, si pueden, regálense una experiencia así… Y busquen todas las “experiencias así” que sigue habiendo… Sin estar reñidos con la modernidad; por eso, comparto algunas fotos… Perdón, sí, las tomé con el móvil…

Tranquilos, salgo en una, pero la selfie me la guardo…

@ignacio_martins

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