Domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Por qué en la piel del otro?

Para aquellos que no lo sepan, que probablemente sean muchos, un mediador es un profesional que acompaña a personas en conflicto para que encuentren sus propias soluciones, aumentando la autodeterminación, el grado de satisfacción en la resolución y la responsabilidad de la puesta en marcha de lo acordado. A eso me dedico, a la mediación, una fórmula pacífica, basada en el diálogo y la colaboración como herramientas, que, a pesar de que su eficacia es reconocida, son muchos los que optan por la imposición y el enfrentamiento, lo que suele dar como resultado, en el mejor de los casos, satisfacción para uno solo, eso sí, no muy a largo plazo.

Partiendo de bases tan populares como “al enemigo ni agua” , lo que hacemos es evitar el contacto, mirarnos a los ojos o compartir información, en otros casos se pasa a al enfrentamiento directo, las faltas de respeto,… lo que difícilmente puede generar satisfacción ni bienestar para nadie.

Trabajar en mediación implica necesariamente entender a las personas: cómo sienten, cómo piensan, cómo actúan, y provocar que eso mismo ocurra entre las partes enfrentadas. Lo que parece complicado se convierte en realidad cuando un tercero, imparcial que no decide por nadie, lo facilita, y el resultado es el acuerdo, pero no sólo eso, sino que la sensación de haber sido capaz de resolver las propias dificultades va mucho más allá que el acuerdo.

De la necesidad de ver las cosas desde otro punto de vista distinto al propio surgió esta columna, donde trato de aportar cada lunes maneras diferentes de ver la actualidad, las noticias, los personajes,las relaciones,

¿te apuntas a pornerte en la piel del otro?