Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Rugby

No sé si alguno de mis pocos o muchos lectores sabrá de este deporte, pero permítanme confesar que no solo me gusta; hasta lo jugué –de pena, por supuesto–.

Y también les cuento que si en Salamanca la afición es poca, en México es prácticamente desconocido. Sin embargo, gracias a la globalización –y a la televisión por cable– veo buenos partidos como los del mundial –la Copa Ellis, en honor del inventor de este deporte, William Webb Ellis–, algunos de la liga francesa –y de paso, practico el idioma– y algunos otros –en Argentina hay mucha afición y los canales de deportes que veo en México tienen también mucha difusión en el Cono Sur–. Por ejemplo, en plena resaca por la Décima, me chuté la final de la Heineken Cup, la Champions rugbera. Sí, el mismo día.

En América, les decía, el rugby tiene buena afición, y buenos equipos; los Pumas –la selección argentina– han dado no pocos disgustos en los mundiales a los favoritos. Y exportan jugadores; el Toulon, campeón de ese partido que les menciono, es un equipo francés que, por lo que entendí, primero fue una constelación de estrellas, hasta que consiguió volverse equipo –coño, como el… ajá, ¿creían que lo iba a decir?, sí, cómo no…–.

Wilkinson, un inglés que tiene un disparo endiablado, un mito del XV de la Rosa –así se conoce a la selección inglesa– se acaba de retirar jugando ahí, y compartía vestuario con alguna estrella argentina.

Del rugby recuerdo, además del deporte en sí, el espíritu. Y viendo esa final europea me di cuenta de que no se ha perdido; es un deporte en el que tonterías, las justas; los árbitros tienen micrófonos que oye todo el mundo y, sin aspavientos, regañan a los jugadores cuando, por ejemplo, sobreactúan: “ya pité la falta, no quieras sacar más”, le dijo a uno el otro día.

Los jugadores se parten la madre –mexicanismo de hoy–, pero con nobleza, tu propio equipo te mira mal si haces una jugada prohibida, como agarrar del cuello.

En cuestiones menos “intensas”, les diré que, como los comentaristas son argentinos, también me han hecho darme cuenta de que a mí me enseñaron a jugar al rugby en francés; que lo que para mí era una mêlée –y medio mêlée el jugador que introduce la pelota en esa impresionante masa humana– para los argentinos, uruguayos, chilenos… es un scrum –apócope de scrummage, dice Wikipedia en inglés– y el jugador, medio scrum.

Respecto a la palabra que en rugby se usa para gol, cuando jugaba, nosotros marcábamos ensayos –pocos, la verdad, éramos malones–, calco, ya les digo, del essai francés, que resulta que es calco del try inglés… Que también marcan los argentinos.

El año que viene hay Mundial, vean partidos, seguro que les llama la atención… Y no, si a alguien le da por wikipediar, el Ignacio Martín rugbero que incluso ha jugado en la selección española no soy yo, pero no deja de haber una cierta ironía en ello. Vamos, que fui un try, un essai

¿Y por qué me habré acordado del rugby cuando está a punto de acabarse el mundial de futbol?, ay, este inconsciente…

 

@ignacio_martins

 

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