Domingo, 17 de diciembre de 2017

Las vacaciones de los hijos de padres separados

Esta seman cominezan las vacaciones escolares, ansiadas por muchos y temidas por tantos otros, un largo periodo que necesiata de rutinas y organización para atender a los más pequeños de la casa, los hijos de padres separados, como los hijos de los padres que no lo están, también necesitan una organización para el verano.

Cuando un padre y una madre no viven bajo el mismo techo  la organización  de los tiempos de cuidado de los hijos en común tiene que estar repartida, garantizando así el derecho que tienen los hijos a pasar tiempo con ambos, con independencia de si la relación entre la expareja es más o menos cordial. Esta fórmula de reparto de tiempos es lo que legalmente se conoce como Régimen de Visitas, que en mi opinión (y en la de muchos otros) no es un término muy acertado, pues tiene cierta connotación carcelaria, además lo de régimen suena a pasar hambre, y lo de visita a algo ajeno a la propia familia, y desde luego no es muy bueno que un padre o una madre sea una visita para un hijo.

Pues bien, ahora que comienzan las vacaciones de verano han comenzado también, en el caso de los hijos de padres separados, la alternancia de estancias con uno y otro progenitor. Esto puede asustar mucho a quien no ha vivido una circunstancia de este tipo, y sobre todo a quien la vive por primera vez, pero en realidad no tiene por qué ser nada que perjudique a los niños o a sus padres, de hecho si se ha llegado a esta fórmula es porque en algún momento alguien pensó que era una solución a una situación conflictiva que no había podido ser resuelta en pareja.

Aunque en la mayoría de las familias que se encuentran en esta situación suelen existir unos mínimos que marcan como ha de ser la organización de las vacaciones, a veces esto supone alguna que otra discusión entre el padre y la madre, y en otras también entran los hijos, lo que suele ocurrir a medida que estos van creciendo y quieren que su opinión se tenga en cuenta.

Generalmente el padre o la madre plantea algunos miedos sobre el efecto que tiene en sus hijos pasar mucho tiempo sin uno u otro, o la angustia que al adulto le genera esta situación, algo habitual por la vulnerabilidad de los adultos que han puesto fin a una relación de pareja y se sienten responsables de las consecuencias negativas que creen que la nueva estructura familiar puede llegar a tener en sus hijos.

Esta situación y sus efectos no se diferencian mucho de los hijos de padres no separados que se marchan a un campamento 15 días mientras sus padres trabajan, o al pueblo con los abuelos o sus tíos y sus primos, algo que se vive con menos culpa y mucha más normalidad.

En ambos casos los padres y las madres echan de menos a sus hijos, y éstos (seguro que en menor medida) a sus padres y sus madres, pero estará de acuerdo conmigo en que vivir la situación con culpa o angustia no favorece en ningún caso ni a los padres ni a los hijos que por un motivo u otro van a separarse unos días durante el verano.

Ante las situaciones en las que un padre y una madre se encuentran con dificultades para establecer la organización del verano con respecto al cuidado de sus hijos, por si no lo sabía, la mediación puede ser de gran utilidad.