Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Lisboa, Madrid, Europa

Quienes me conocen, en persona o en texto, saben que soy madridista, o sea, que sí disfruté el pasado sábado, y me dio especial alegría vivir ese momento recordable para los restos en el que los principales equipos de Madrid –con todo respeto al resto– jugaron una final europea, lo que no había pasado nunca. Ambos fueron fieles a sí mismos: el Madrid, pecando un poco de confiado –“sobrado”–, se encontró con un momento de “humanidad” de un portero mítico; el Atleti, que toda la temporada fue algo mucho más complicado que un equipo “defensivo”, se amourinhó, el propio “Cholo” –siempre un poco Mou, pero en simpático y con más estilo– tuvo momentos de perder los estribos –que viene a ser lo mismo que, tras recular todo el segundo tiempo, echarle la culpa a los 5 minutos de más que produjeron un gol en el 92.46–; no me gustó lo de Cristiano, ni lo de pasarse de rosca en las celebraciones –tampoco me gustó en las otras–, o sea, que Ramos no es el primero que dice una impertinencia; coño, que hasta Xavi alguna vez ha tenido patinazos.

Y ya no voy a más hablar de fútbol, en este artículo, me paso a Europa; a esa Europa que el sábado vivió lo bonito de ser federal cuando Lisboa se volvió capital nuestra, y todos los que pudieron ir lo hicieron como si fueran al pueblo o a la provincia de al lado.

Creo que quienes han viajado y disfrutado Europa también consideran un poco su capital a París, Praga, Roma, eso va en gustos… Yo, desde luego, soy de los que saben que Barcelona y Florencia no son solo ciudades, sino maneras de vivir… Como sé que Salamanca y Brighton son, sobre todo, maneras de entender el mundo.

Por eso, y sigo hablando de Europa, no me disgusta lo del “golpe al bipartidismo” pero, como no suelo comulgar con ruedas de molino, tampoco me compro todas las que me venden. Y veo que algunos partidos muy anticastas, muy del todosiguales,  son proyectos personalistas escindidos de otros tras poltronas negadas a los hoy líderes. O proyectos muy 2.0, o sea, en 140 caracteres atertuliados.

En esto, soy más analógico; para mí, el todos-los-políticos-son-iguales lleva a Aznar, y si se sigue por ese camino, al gris Rajoy y a la parda Le Pen. Porque los chiquitos, lo siento, normalmente terminan dándole el gane a uno más grande; si a eso le unimos que la izquierda suele tender más a la atomización que la derecha… Por lo menos, estuvo bien que Juncker dijera que no aceptará el apoyo de los fascistas y conexos.

En fin, que soy europeísta y demócrata convencido y, por lo tanto, escéptico. Sin embargo, me mojo tantito: haciendo balance, me siguen pareciendo más decentes las dimisiones reconociendo errores que los que dicen que ganaron cuando han perdido un montón de votos respecto a la elección anterior. Esos, lo siento, insultan mi poca o mucha inteligencia.

 

@ignacio_martins

 

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