Lunes, 20 de noviembre de 2017

Julio Vélez

José Julio Vélez Noguera (1946-1992), nació un 6 de mayo, por eso el otro día, cuando lo recordé, quise dedicarle, virtualmente, esta semana. Julio fue un gran maestro, como lo fueron otros, en la Universidad de Salamanca, mi alma máter, algo que, dicho desde México, donde hasta la propia UNAM tiene, de alguna manera, a nuestra Universidad como ente primigenio, cobra sentido.

Pero hoy se trata de Julio, de su enseñanza, de cosas concretas de literatura y de cosas abstractas… de la vida. De Julio, que ahí sigue, juntando amigos de entonces y otros que nos hemos ido haciendo a su vera.

Y también del Julio poeta, encontré, en Internet, un poema de su Por vuelo de herida, que me sirvió de espejo, me vi hace 22 años, y ahora… Y creo que Julio me daría dos o tres collejas pero diría, “vale, catoliquillo, por ahí era…”

Verte noche colgada

en tus cabellos.

Verte gacela luminosa

entre sombras.

Verte pájaro y verte

vuelo enredado.

 

Verte mar y verte

alga arañada.

Verte corteza y verte

árbol y cascada.

Verte transparente y verte

gacela de mis sueños.

Verte carne

y verte alma.

 

Verte palabra, al fin

enmarañada entre los planetas

y el sueño.

 

Y porque Julio me enseñó que los libros hablan entre ellos y con nosotros, va un fragmento de mi Función negra, el capítulo –o fragmento– XXXII:

 

Puede que estemos en la mesa de un café, o en casa; quizá vamos en tu coche, en el viejo Percherón. Puede que no estemos, que lo que pase es que nos están siendo. Puede que Quevedo tuviera razón, que no haya más que humo; o puede que la tuviera Vallejo, y Dios esté, pero se haya puesto enfermo; o que Santiago de Chuco se haya vuelto las cuatro paredes de la celda; o estuviera en París con aguacero.

            Puede que no llueva en París.

            Puede que en esta tarde, que no es tarde ni tiempo, todos pasen, y ni pregunten, ni nos pidan nada: puede que hayamos muerto un poco.

Puede que Pedro Rojas se haya vuelto Páramo, tantito.

Puede que masa ya sea sólo mundo, sin cadáver.

Puede que el fuego se pronuncie en Trilce.

Puede que Julio Vélez no haya muerto, que esté en un libro que alguien está escribiendo por las noches, que tampoco son noches.

Puede que todavía.

Puede que odumodneurtse.

 

Gracias, Julio, por el recuerdo, por la enseñanza, por Vallejo, por los amigos –por aquel FLU y por este Facebook– y por la vida… Ya les digo, debe ser la edad.

 

@ignacio_martins

 

www.ignaciomartin.com

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor