Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Casas de mancebía y Lunes de Aguas

El autor propone a las autoridades que se declare oficialmente fiesta local y provincial, dada la importancia y el fondo popular de la tradición

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La ola de moralidad que reglamenta el desempeño de la prostitución el siglo XIV llega a Salamanca: Los distintos estados habían luchado durante años para hacer desaparecer la prostitución y todo lo que ellos conllevaba de las calles, pero vanos fueron los intentos ya que dicha profesión gozaba del beneplácito de los ciudadanos, y en muchos casos era considerada bien social, ya que muchas de ellas además de ejercer la prostitución desempeñaban otras artes relacionadas con la brujería y el mal de ojo, y para tales menesteres eran requeridas hasta por las clases altas. De todas formas se iban dictando unas normas para agruparlas en espacios determinados y que tuvieran el mínimo contacto con la vida normal de las ciudades, y que fueran las personas que precisaban de sus servicios las que acudieran a estos lugares a satisfacer sus necesidades. Pero en España como casi siempre estas normas no llegarán hasta el siglo XV ya bien avanzado, y ya a principio del XVI los reyes católicos toman las riendas de tal asunto y aunque como todos ven con buenos ojos el trabajo de las meretrices, obligan a ejercerlo dentro de las llamadas CASAS DE MANCEBÍA. La existencia de estas casas impedía el uso de la prostitución en cualquier otro lugar, cosa que por supuesto no se hacía en ningún sitio y mucho menos en Salamanca, donde los vicios, los juegos y la prostitución gozaban de muy buena salud sobre todo entre los estudiantes, que eran el grueso mayor de los habitantes ya que por aquella época en Salamanca había once mil habitantes de los que ocho mil eran estudiantes venidos de diferentes partes de España, a los que acompañaban sus criados y sus caballerías, y todos ellos con una buena dote para pagar las posadas y para desahogarse de las tareas académicas acudiendo a lugares donde se ejercía la prostitución de la que ellos daban buen uso.

Como digo muchas eran las mujeres que no acataban estas normas, bien porque no podían o porque no querían gozando de ciertos privilegios por el hecho de algunos de sus clientes ocuparan cargos de relevancia en la ciudad, en este caso la viviendas de las mancebas deberían llevar pintadas en sus fachadas ramas y motivos florales perfectamente indicativos de lo que allí se practicaba, conocidas desde entonces y precisamente por esta ornamentación de ramas como “Las rameras”.

Si fueron los Reyes Católicos los que empezaron a hacer cumplir las normas llegadas desde Europa para dedicar espacios concretos donde las prostitutas ejercieran su trabajo, fue su hijo el príncipe Don Juan el que creó la primera casa de mancebía en nuestra ciudad dado como ya he dicho antes por la enorme cantidad de mujeres mundanas que existían en Salamanca a finales del siglo XV. Poco tiempo después el príncipe Juan muere a la edad de 19 años oficialmente se  afirmaba que su muerte se debía a los esfuerzos por conseguir un heredero en su amor matrimonial con Margarita de Austria con la que había contraído matrimonio unos meses antes, pero el pueblo comentaba que la causa había sido la enfermedad contraída en su alterne con ciertas mujeres en aquella mancebía por lo que suponemos que probablemente la frecuentaría habitualmente.

Tras la muerte del príncipe, se establecieron ciertas normas: la profesión de prostitutas, no podía ser ejercida por mujeres casadas, ni las que tuviesen a sus padres en la ciudad de Salamanca, ni tampoco las mulatas.

Por tanto antes del anochecer, las prostitutas debían recogerse en la mancebía y permanecer en ella toda la noche. Aquellas que salieran por la ciudad para ejercer, debían llevar las puntillas de sus enaguas de color gris parduzco como distintivo, de ahí el conocido dicho “ir de picos pardos”. La multa por no llevar la indumentaria ascendía a 300 maravedíes, y estaba prohibido ejercer en días de fiesta, en Cuaresma y Vigilia.

La persona encargada de cumplir y hacer cumplir las normas dentro y fuera de la mancebía era el padre Lucas, lo que por degeneración se convertiría posteriormente en el “Padre Putas” aunque hay quien afirma que fue  al contrario,  pero lo cierto es que san Lucas coincidía con el comienzo del curso y hay un refrán que dice “A Salamanca putas que viene San Lucas” y juntos inundaban nuestras calles  estudiantes y  prostitutas dando un colorido especial a la ciudad.

EL LUNES DE AGUAS

El origen de esta fiesta popular se remonta al siglo XVI, cuando el rey Felipe II, de 16 años y profundamente católico, dicta unas ordenanzas según las cuales las mujeres públicas, que habitaban en la Casa de Mancebía de Salamanca, debían ser trasladadas, durante la Cuaresma, fuera de la ciudad.

Felipe II Se vino a casar a Salamanca con María de Portugal  la celebración tuvo lugar en la Plaza de los bandos, Felipe II aunque era muy joven, sólo tenía 16 años, era muy conservador de las tradiciones y profundamente religioso, quedó impactado con lo que vio en Salamanca, el que creía que era la cuna del saber y la sapiencia, y ahora contemplaba con sus propios ojos, la perversión que existía entre los estudiantes que acudían a las mancebías más  que a las aulas de clase, y por ello nada más casarse viajó a Valladolid, mientras en la Plaza de los bandos seguían los fastos y los juegos en honor al monarca, este  tomó la decisión de sacar un edicto en el que las prostitutas deberían abandonar la ciudad durante la cuaresma periodo que abarca desde el miércoles de ceniza hasta el lunes posterior al lunes de Pascua, para evitar los pecados carnales.

A partir de ese miércoles, las prostitutas abandonaban su residencia habitual y eran trasladadas al otro lado del río Tormes, capitaneadas por el ya mencionado “Padre Putas” o “Padre Lucas”. 

Ese lunes posterior al de Pascua la vida se paralizaba en Salamanca, se cerraban los negocios, se interrumpían las clases, miles de salmantinos se acercaban a la ribera del río con sus barcas para recibir a las mujeres que cruzaban el rio en barcazas engalanadas con ramas y flores . Algunos incluso las ayudaban a cruzar el río,  y allí tenían las fiestas más impresionantes que se recuerden en nuestra ciudad, vino, comidas y sexo a raudales durante toda la tarde del lunes de aguas hasta las 12 de la noche en que todo volvía a la normalidad 

Aunque evidentemente se ha perdido la esencia de dicha tradición tan sal aún se conserva la idea de juntarse con amigos o   familiares para   ir al campo o al río y juntos disfrutar de ese preciado manjar tan nuestro que es el Hornazo. Es nuestra fiesta popular más emblemática y por ello y desde estas páginas reivindico fiesta local para nuestra ciudad, sería sin duda un gran acierto que nuestros políticos deberían valorar.