Viernes, 15 de diciembre de 2017

¡Dime mi niño!

En esta expresióm se concentra  la cercanía de los comerciantes en Salamanca.

Esta expresión tan salmantina fue una de las cosas que más me llamó la atención de la ciudad cuando vine a vivir aquí hace ya unos añitos; era la cariñosa manera con la que los comerciantes te preguntaban en qué te podían ayudar, y eso que me habían contado que los castellanos eran muy secos.

Lo cierto es que con el paso del tiempo la expresión ya está incorporada en mi normalidad, pero la he escogido como introducción a mis palabras de hoy para resaltar la cercanía del pequeño comercio, de la tienda de barrio, de esa que lleva ahí toda la vida o de la que no lleva tanto tiempo pero que está gestionada por un padre o una madre de familia, o por la familia entera y que ofrece mucho más que el producto que vende.

Hemos ido viendo en los últimos años como han cerrado algunos de estos comercios y no sólo por la crisis que nos ha tocado vivir, sino también por la feroz competencia que supone para estos establecimientos las grandes superficies, por lo que creo que en parte es labor y responsabilidad de todos apoyar al pequeño comercio, además de que de esta manera estamos apoyando a nuestros vecinos, a nuestros barrios y a nuestra ciudad.

La tienda de barrio, aparte de buena calidad te ofrece cercanía, genera empleo, activa la economía de la ciudad (sus beneficios no se van a una multinacional, se quedan en casa), y en muchas ocasiones no sólo te llevas lo que ibas buscando sino además un rato de conversación agradables con el dependiente o algún vecino.

Mantener la economía del barrio, del pequeño comercio, es cosa de todos, quiero animarte a que compres en las pequeñas tiendas de tu barrio, tu aportación es importante para tu ciudad, el bienestar de todos es también cosa tuya y se encuentra en gestos que están tu alcance, y por supuesto también quiero proponerte que te pongas en la piel del comerciante que con las mejores de sus sonrisas se te acerca y te dice “dime mi niño” y te despide con un buen deseo:

“¡Que vaya bien!”