Miércoles, 18 de julio de 2018

España vista desde Portugal

Paso unos días de vacaciones en Portugal, los suficientes para poder expresar algunas opiniones generales sobre nuestros cercanos vecinos y para poder comparar ambos caracteres y ambos momentos actuales, muy diferentes.

Me surgen tres características sobre carácter, que nos diferencian a ambos pueblos. (Cuando digo características me refiero a tendencias generales de la población, no a grupos o individuos aislados). La primera se refiere al tono general de vida, al ritmo, a los binomios apacible/excitado, activo/pasivo, tranquilo/nervioso: los portugueses son significativamente más TRANQUILOS, relajados, silenciosos, pausados, que los españoles. Esta afirmación se puede observar en múltiples conductas: en los sitios públicos ( cafés, restaurantes, estaciones) hay mucho menos ruido en Portugal que en España; la música ambiental, las conversaciones, el ruido del tráfico, en general es mucho menos ruidoso en el país vecino.

La segunda característica se refiere al DIÁLOGO. Los portugueses disfrutan más dialogando que nosotros: las escenas de familias juntas, grupos de amigos juntos, son escenas sosegadas, en las que, en general, “no pasa nada”. Los españoles en grupo tendemos a discutir, a hablar en voz alta, como modo de expresar nuestro deseo de dominar, frecuentemente a gritar. Se puede decir que es más “estresante” una reunión informal española que una portuguesa. Quizás por este motivo ( la capacidad de dialogar) hace ya unos años tiene Portugal un gobierno de coalición de tres partidos políticos, al cual los resultados le están, al parecer, saliendo muy bien y al que toda Europa está actualmente admirando. Curiosamente en España se habla, en los medios, demasiado poco de Portugal y sus logros en economía, nivel de paro, sanidad, etc. En España parece casi imposible pensar en un gobierno de coalición: entre los partidos se negocian puntos concretos, nunca un programa de gobierno.

La tercera característica es el grado de RESPETO AL MEDIO AMBIENTE. Más allá del complejo problema de los incendios forestales que ambas naciones compartimos, en general el medio ambiente portugués está mejor conservado que el nuestro: no ha llegado a Portugal el grado abusivo de urbanización de paisajes, deterioro de ríos y contaminación de aguas que sufrimos en España. Con un nivel de desarrollo menor ( al menos hasta hace poco) el portugués ha cuidado mejor su tierra, la ha explotado menos que los españoles. Nuestro turismo es masivo y, por ello, más deteriorante. El turismo de Portugal es menor en número, y menos agresivo con el medio ambiente.

Para finalizar aclararé que en esta pequeña crónica me he fijado más en las virtudes del portugués que en sus defectos, y más en los defectos del español que en sus virtudes: la capacidad de emprender, improvisar, decidir sin demora en algunos aspectos, del español, se observa en la actualidad superior al portugués. Pero hoy se trataba de enumerar los aspectos “virtuosos” de nuestros entrañables vecinos, a los que nuestro Presidente, recién estrenado, acaba de visitar.