Miércoles, 18 de julio de 2018

El abrazo nacionalista

Se atribuye al matador Rafael Gómez, “El Gallo”, la frase: “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Han tenido que pasar cien años para descubrir un nuevo artista en la persona de Pedro Sánchez, “El Niño de Cuatro Caminos”, que ha sido capaz de perfeccionar el pleonasmo de El Gallo para acabar afirmando: “Lo que no puede ser, no puede ser, pero yo lo puedo hacer posible”. Tuvo habilidad para conseguir los apoyos suficientes en la moción de censura - por supuesto, dentro de los cauces de la Constitución-, y emprendió la aventura de gobernar en solitario con 84 escaños, asegurando que, una vez desalojado Rajoy de la Moncloa y no habiendo sido elegido por los electores, formaría un gobierno monocolor para no paralizar la vida oficial y, en el tiempo mínimo imprescindible, convocar al pueblo español a las urnas. En el correspondiente debate fue interpelado, a derecha e izquierda, sobre su programa, sus planes más inmediatos y las condiciones en las que aceptaba el apoyo de los diferentes grupos políticos. Con el descaro y desparpajo que le caracteriza, juró por sus muertos que nunca gobernaría con los enemigos de España, que convocaría elecciones generales tan pronto como fuera posible, que le agruparan todos los perros de España para poder atarlos con longaniza, que por fin terminaba la etapa de la corrupción para volvía a gobernar la España de los ciento y pico años de honradez, y bla, bla, bla.

La verdad es que, al menos esta vez, hay que agradecerle la brevedad. Antes de que acabara su primera semana de disfrute de la Moncloa, ha dejado al descubierto sus verdaderas intenciones. Que con 84 escaños es imposible gobernar para todos los españoles sin necesidad de hacerlo contra natura, era algo totalmente previsible. Como también lo era que los apoyos recibidos para su nombramiento no podían ser gratis, por la sencilla razón de que, en política, por desgracia, se desconoce el significado de la palabra altruismo. Pedro Sánchez ha creído que con un buen equipo de imagen y con el lanzamiento de alguna noticia que sirva de pantalla de humo se puede enmascarar el resto de medidas. Así nació su nuevo look peliculero y la famosa campaña orquestada para el lanzamiento de imagen –exhibición del lenguaje de las manos incluido- que, a decir verdad, se le ha ido de las manos –nunca mejor dicho. Como todo es bueno para el convento, corría prisa la pantalla de humo. Nada había más urgente para los españoles que desenterrar a Franco del Valle de los Caídos, apuntarse el tanto del Aquarius o proponer la despenalización de la eutanasia. De momento, había materia suficiente para que los medios de comunicación –tanto afines como contrarios- pudieran entretener al pueblo. Ha llegado la hora de ponerse a gobernar y los que le dieron su voto comienzan a pedir pruebas concretas de agradecimiento. No hay tiempo que perder. No tuvo más remedio que enseñar sus cartas y lo que de verdad ocultaba esa operación de marketing.

Aquí comienza la operación de acoso al sanchismo. El brazo formado por PNV- y compinches-, exige el acercamiento de los presos de ETA a las cárceles del País Vasco, el reconocimiento de su condición de nación –es de suponer que con Navarra-, reformar la Constitución para que el pueblo vasco pueda celebrar un referéndum de autodeterminación y, por supuesto, unos cuantos millones a cuenta del tan cacareado cupo. No cabe duda de que, a la vista de lo sucedido en Cataluña, los nacionalistas vascos se han dado cuenta que los buenos modales y las medias tintas empleadas hasta ahora son poco eficaces. Sin llegar a emplear los métodos de ETA, piensan que ha llegado la hora de estirar la cuerda. Lo que comenzó vendiéndose como simple acercamiento de presos, pasó a convertirse en excarcelación de asesinos mayores de 70 años, o terminales con el síndrome de Bolinaga. El sometimiento del gobierno es tan instantáneo que, antes de que el juez Llarena decretara la viabilidad del traslado, otro juez -ministro del Interior- ya había iniciado el papeleo. No me extrañaría que, cuando estas líneas estén en su poder, alguno ya esté en su casa. Hay decisiones que nunca serían asumidas por alguien que se sintiera libre de ataduras. El desprecio mostrado con las víctimas de ETA es de tal calibre que este PSOE está dispuesto a conceder beneficios a los asesinos de sus compañeros de partido.

Otro brazo de esa pinza, integrado por todos los secesionistas catalanes, a vista la borrachera independentista que los obnubila, va aumentando la presión. Por tener Cataluña transferida la política penitenciaria, declaran abiertamente que los “presos políticos” confinados por “Madrit” y los “desterrados” en Europa, una vez instalados en las cárceles catalanas, podrán disfrutar del régimen carcelario que la Generalidad estime oportuno. No hace falta ser adivino para acertar el tiempo que tardarán en estar en la calle. Pero el enfrentamiento con el Estado ha llegado a tales términos que, tanto el presidente de la Generalidad, como todos los que ostentan cargos en la misma, declaran sin ningún rubor que volverán a proclamar la República de Cataluña, porque consideran que continúa vigente el referéndum del 1-O. No hablemos ya del constante menosprecio que muestran al Jefe del Estado, a la Constitución y a cuantas disposiciones se opongan a sus aspiraciones. Ya no se molestan en alegar desconocimiento. Actúan así dentro y fuera de España. Y lo más grave es que, ante la ausencia de contestación a sus desafíos, cada vez cuentan con más simpatizantes dispuestos a escuchar su victimismo. Pues bien, a pesar de todo, Pedro Sánchez insiste en recibir a un Torra que declara la supremacía del parlamento catalán sobre cualquier otra institución central y exige la independencia de Cataluña, sí o sí.

Para que esta llave de lucha sea más efectiva y la presa no pueda soltarse, la pinza dispone de un nuevo de refuerzo: el brazo podemita. Pablo Iglesias no se resigna a ver los toros desde la barrera y, en cuanto ve la oportunidad, se lanza al ruedo. Tras fracasar su esperanza de ocupar alguno de los sillones azules del Congreso, intenta colocar a su gente en el control de TVE o el CNI. Modesto que es el chico.

La verdad es que no le arriendo las ganancias a Pedro Sánchez, es rehén de los que le han facilitado la llave de la Moncloa. Al principio se siente como niño con zapatos nuevos, pero no se da cuenta de esa pinza/dogal que acabará ahogándole. Ha calculado mal sus fuerzas y no tardará en comprobar la imposibilidad de gobernar sin programa. Se acabó la pretensión de gobernar solo. Tendrá que entrar por el aro. Una vez más, hay políticos que se olvidan de lo difícil que es engañar a muchos, durante mucho tiempo; que no se puede servir, a la vez, a Dios y al diablo. Lo que de verdad acucia a los votantes tiene que ver más con la unidad de España y el bienestar de sus gentes que con las campañas de marketing.  Ante los verdaderos problemas relacionados con el empleo, los salarios, las pensiones, el aumento del déficit, el derroche de cargos digitales o la aparición de inoportunos casos de corrupción, se podrán manejar los medios de comunicación o se podrá mirar para otro lado, pero así ya no se engaña ni a los del propio partido –excepción hecha de los que ahora estén bien colocados.