Miércoles, 18 de julio de 2018

La luz traspasada

"Mi objetivo es la liberación frente a distintas maneras de opresión, porque, para mí, la historia de la salvación es liberación, la confianza total en Dios que se plasma en la luz que Oriente trae a Occidente”.

Kin En Joong

“Mi arena es un lienzo blanco. No tengo espada, pero sí pinceles. No mato al toro, pero sí expulso al diablo pintando. Y, cuando termino la sesión de pintura, el toro está en el suelo y mi obra se eleva. Eso sí, sin público que aplauda, en un silencio orante total".

Kin En Joong

 

Podemos vivir sin muchas cosas, pero no sin la belleza, es uno de los alimentos del alma que se despliega a través de la vista, el oído y la mente. Puede que algunos artistas de las vanguardias adjuraran de la belleza como un elemento pragmático del arte, pero la belleza es consustancial a la vida y forma parte de la esencia de lo que somos. Por otro lado, los grandes poetas y pensadores ven una relación profunda entre le belleza y la religión, un cierto aire de familia. El gran pensador de principios del siglo XX R. Otto, rescataba la realidad de lo sagrado más allá de la esfera de lo ético y racional, como aquello que atrae irresistiblemente, pero a su vez impone respeto y distancia, fascinación y temor.

Algo parecido sucede con la belleza, nos colma por lo que nos manifiesta y nos llena de añoranza por lo que nos hace desear como perdido y todavía no recobrado. Se nos presenta “un más allá” trascendente que nos proyecta en su contemplación. La vía de la belleza nos saca de nosotros mismos y nos lleva a dimensiones más altas de la vida abriéndonos también de alguna forma al misterio.

Bulgakov estableció un estrecho nexo entre el arte y la religión, rechazando la concordancia entre lo bello y lo bueno, no hay criterio moral para la belleza. Fue el propio Kandinsky uno de los primeros en presentir el poder espiritual de las formas del arte, donde el espíritu se impone a la visión de artista y a la imaginación del inspirado, de ua forma que lleva a una intuición contemplativa. Mucho de estos autores y artistas actuales, plantean los límites entre la experiencia de la belleza y la activa participación en la transfiguración del mundo.

Nuestra sociedad postmoderna es muy receptiva a la belleza, ya que junto a la verdad es la que pone más alegría en el corazón humano. Vivimos en un Kairós de la belleza, un tiempo propicio para proponer la palabra desde la imagen, nuestro cosmos es casi totalmente visual. Más allá del youtube reverencial, un espacio arquitectónico, un cuadro, una escultura, una fotografía, un vídeo son los lenguajes más cercanos en nuestras sociedades de la comunicación. Esta nueva realidad en la que vivimos inmersos, la belleza nos alimenta el anhelo de ir más allá de sí, rebelándose contra los límites de la existencia. La belleza y el arte es un medio privilegiado para la fusión entre el individuo y el todo, para la unión entre lo cósmico, lo social y religioso.

Desde estas premisas quisiéramos presentar la obra abstracta del fraile dominico coreano Kim En Joong, que ha consagrado su vida a la fe y al arte. En sus últimas obras presentadas en Madrid titulada “Trazos de Luz”, conjuga el arte oriental, el trazo caligráfico y los colores puros de las vanguardias de finales del XX y del XXI. La exposición se ha podido disfrutar y apreciar en el espacio O_LUMEN (Claudio Coello, 141), situado en la Iglesia de los Dominicos de Santo Domingo el Real, un espacio habilitado para el diálogo entre la fe y la cultura, donde se conjugan las artes y la palabra.

La pintura de Kim En Joong es anti-postmoderna (Sixto J. Castro), buscando lo espiritual a través de la luz y el color. Su pintura Fray se puede vincular, por un lado, a la tradición artística de los grandes teólogos dominicos, como es el caso de Fray Angélico; pero por otro, a Pollock y los expresionistas abstractos, preocupados por la búsqueda de lo absoluto no pudiendo ser representado por la figuración. Se inspira también en maestros como el Greco, Cézanne, Monet, Kandinsky o Rothko. El profesor Sixto Castro vincula la obra Kin En Joong con lo genuinamente religioso, no como algo externo, vinculando el arte y la belleza como como un elemento fundamental y constitutivo de en qué consiste vivir religiosamente.

Fray Kin En Joong, nació en una familia taoísta en Corea del Sur en 1940. Como su padre será calígrafo, pero en el año 1956 un profesor de caligrafía lo orienta hacia las Bellas Artes, estudiando en Seúl. Pronto tomará la decisión de estudiar pintura occidental sobre todo por el impresionismo, el cubismo y el arte abstracto. Se convirtió pronto en profesor del Semanario Católico de Seúl, descubriendo la religión católica, su liturgia, ritos, contenidos de fe en la Parroquia de Hai Wha, recibiendo el bautismo en 1967.

Meditando el misterio en el silencio, se marchará a estudiar historia del arte, teología y metafísica a Suiza. Allí se encuentra con los Dominicos, donde vestirá su hábito en el año 1970. Será ordenado sacerdote en 1974 y asignado al Convento dominicos de la Anunciación en París, lugar de su vida comunitaria y artística.  Será denominado el pintor de la luz, desarrollando su arte en diferentes campos como la pintura, la cerámica, las vidrieras. Fray Kin Joong comenta en sus entrevistas, que cuando era novicio dominico, tuvo una experiencia fundacional cuando contempló la catedral de Chartres, fue como un anticipo del cielo. No había nunca contemplado una fusión de la luz a través de sus vidrieras, fundiendo los sus tres colores favoritos: el azul de la esperanza, el rojo del nacimiento y el amarillo de la alegría.           

En 1989 comenzará a pintar vidrieras en Francia, Irlanda, Italia, Australia con una belleza luminosa como en Evry, Bénodet, Chartres, Lyon, Brioude, Thann, etc. Destaca también por tondos (pinturas sobre soportes redondos) que alcanzan una belleza casi sublime, persiguiendo la luz con una hondura espiritual sorprendente; así como sus polípticos en los muros, a base de cuadros de pequeño formato.  Este verano realizará una exposición con más de obras de cerámica, pinturas y vidrieras en l’Abbaye Royale du Moncel (Pont-ste-Maxence), cuyo tema principal es un “Homenaje a la Paz”.  Demostrando que su arte no figurativo tiene un lenguaje que es universal, su mística de la belleza muestra que la LUZ es más fuerte que la oscuridad.