Viernes, 22 de junio de 2018

Don Pedro Sánchez y el Corpus Christi

     El Sr. Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno, no juró su cargo, sino que lo prometió ante el texto constitucional, sin ningún signo religioso aparente, ni Biblia, ni Crucifijo, que hubieran sido los más significativos en nuestro contexto histórico y cultural. No por eso el Sr. Presidente es más laico, ni hubiera sido más confesional si hubiera solicitado la presencia de esos símbolos. Para mí, que soy católico, D. Pedro Sánchez no es menos Presidente por no haber jurado su cargo como a mí me gustaría. Lo que sí espero es que haga lo que le toca: ser el presidente de todos, también de los católicos, sin discriminación por religión. Y serlo al modo constitucional, enteramente constitucional.

     Ayer celebramos los católicos la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que antes era en Jueves, uno de esos jueves que relumbran más que el Sol –Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión-, porque hay algo que es más potente que la Materia, la Energía y que, llegado el caso, como muy bien saben los científicos del CERN, puede convertirse en Materia, dejando en burdos aprendices a los alquimistas, tanto tiempo esforzados en buscar la piedra filosofal. Porque de lo que se trata en el Corpus es de que Dios se ha hecho Cuerpo en la Naturaleza (pan y vino), en el trabajo y valor añadido por los hombres a lo largo de nuestra historia, que es memoria consciente, en la Iglesia, que no es un Punto Final de destino de la Historia Humana, sino una especie de enzima, de catalizador de la Nueva Creación y de una Nueva Humanidad que deben seguir evolucionando hacia la perfección, cuando Dios recapitule todas las cosas en Cristo. El Cuerpo de Cristo no es un fantasma, ni una realidad virtual, porque no son fantasmagóricos los cadáveres de los migrantes ahogados ayer a la vista de la costa de Túnez. El Mediterráneo ya no es la ancha vía de comunicación de la Antigüedad, sino un Cementerio Marino, el cementerio de La Nada de Valery. Podremos mirar hacia la paradisíaca playa turística, pero no por ello los cadáveres dejarán de existir. Tampoco se ocultarán en cloacas ni en guetos más o menos disimulados los pobres del Cuarto Mundo, los descartados por la economía especulativa rampante, ni desaparecerán como por ensalmo los más de ochocientos millones de hambrientos que en el mundo han sido y siguen siendo.

     El Presidente detectó en nuestro Cuerpo Social y político una enfermedad, la corrupción, espoleado por una sentencia judicial, que los jueces son los únicos autorizados para hacer este tipo de diagnósticos. Esa enfermedad me da que es crónica, es como una especie de culebrón que permanece oculto durante años pero que, cuando se manifiesta, duele, duele mucho. No es una enfermedad mortal, pero sí muy molesta y depende de un virus enquistado en los nervios que regulan los músculos de la respiración, o sea, en la economía. Ciertamente ahora tenemos algunos medicamentos antivirales, inventados por quienes más han sufrido las consecuencias del culebrón, aunque aplicables a todos. Pero la causa de la enfermedad sigue estando en el virus, no en el de la varicela, sino en otro más peligroso: la avaricia, la rapiña, el afán desmedido de dinero, una manifestación del Pecado Original, vaya. El Sr. Presidente podría juzgar que estas son fantasmagorías e inventos espiritualistas. Veremos qué dice cuando empiece a doler el culebrón de los Eres y otros similares, que su Partido se ha encargado de mantener hibernados.

     Pero, en nuestro Cuerpo Social y Político hay otras dos enfermedades mucho más peligrosas, que pueden, esas sí, provocar fallos multiorgánicos en nuestra convivencia hasta hacerla inviable, llevando a la muerte política al Cuerpo que las padece. Una de esas enfermedades es autoinmune y la otra afecta al equilibrio mental. El nacionalismo separatista es esa enfermedad que confunde al Cuerpo social porque ataca con sus mismas armas a las células de su misma especie, porque españolísimos son los que quieren separarse de España, pues a un ciudadano de Schleswig Holstein no se le ocurrirá nunca separarse del Milanesado, pero sí a un partidario de la Liga Norte, lo mismo que un separatista catalán no tiene interés alguno en separarse de Irlanda del Norte, sino del Reino de España. Claro que Europa haría bien en hacerse mirar estos brotes autoinmunes pues podrían acabar afectando a toda la Unión , transformándola en una Desunión. Por otra parte, esta enfermedad autoinmune del nacionalismo tiene tal potencia que es capaz de ocultar los síntomas de la corrupción allá donde arraiga, como es manifiesto en la irrelevancia electoral de la corrupción en Cataluña y la aceptación acrítica de ese privilegio medieval mantenido en Dictadura y en Democracia que es el llamado Cupo Vasco, que hasta Franco reconoció, al menos parcialmente.

     En cuanto a la enfermedad mental, ciertamente es un síntoma que no se debe despreciar en el Informe Clínico final del Estado de Salud de nuestra Democracia. Nacida bajo el calor asfixiante de la acampada improvisada de la Puerta del Sol, creyó estar en posesión de la verdad mediante un diagnóstico nacido de un Materialismo Dialéctico e Histórico que han demostrado fehacientemente su peligrosidad para la paz y el progreso, salvo el armamentístico y el de la propaganda, en la que son maestros, pero que necesitan, de vez en cuando, chalets de 600.000,- € para el necesario “reposo de los guerreros y guerreras”.

     El Día del Corpus es el día Nacional de Caridad y, suene bien o mal esta palabra –caridad- resulta que los pobres tienen cuerpo y no desaparecen por Real Decreto ni por acuerdo mayoritario del Congreso de los Diputados. Y eso es lo que me preocupa: ¿el Gobierno del Sr. Pedro Sánchez será beneficioso en la práctica para los pobres, será virtualmente beneficioso, será propagandísticamente beneficioso? Hay que conceder, al menos, 100 días de presunción positiva. Después veremos, porque me da que tiene intención de agotar la legislatura. Y una última duda me asalta: ¿habrán tenido algo que ver “los mercados” en la moción de censura? El que más sepa, que más diga.