Viernes, 22 de junio de 2018

Las 7 plagas de la corrupción

 

“La moción de Sánchez nos está costando dinero en términos de confianza y de estabilidad”

(Sra. Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia y para las Administraciones públicas)

Premio Nobel de cinismo, cum laude, para la vicepresidenta por su última deposición en el charco mediático.

¿Qué nos está costando dinero, Sra. Sáenz? Vamos a ver,  en la caja no quedará plata si siguen ustedes a su cargo y la inestabilidad más bien la han provocado un gobierno y un partido fuera de combate, sin norte ni más iniciativas que quitarse los zurullos de encima para arrojárselos a los demás.

¿Qué nos están costando a todos la “contabilidad extracontable” del PP, sus cohechos, sus prevaricaciones, su evasión fiscal, su corrupción, en definitiva? Somos conscientes de que no es la única entidad que incurre en ese tipo de cosas, pero ahora son Udes. los que están en el punto de mira y una fechoría no se justifica señalando las de otros.

Uno. Está costando y ha costado dinero a las administraciones públicas que han contratado bienes y servicios por precios superiores a los de mercado.

Dos.  Ha costado dinero a las empresas descartadas en concursos o licitaciones amañadas, privándolas fraudulentamente de oportunidades.

 Tres. Ha costado dinero a la hacienda pública, pues buena parte del dinero negro es opaco para el fisco (sí, de ahí su nombre). Ha contribuido de ese modo a aumentar la deuda pública y la carga financiera de las administraciones.

Cuatro. Ha dañado a la economía y a la sociedad española en general, al detraer recursos públicos de su uso natural y lícito, el gasto público en inversiones o servicios sociales, lo que ha contribuido a agravar la crisis económica y el deterioro del Estado del bienestar.

Cinco. Ha dañado también al urbanismo y la ordenación del territorio mediante obras públicas faraónicas o inútiles.

Seis. Ha perjudicado a los demás partidos políticos cuando parte del dinero negro generado por la corrupción ha ido a financiar campañas electorales y a la caja B del PP, algo que le ha dado una ventaja fraudulenta y que puede llevar a un círculo político vicioso: con esas campañas infladas, una RTVE servil y unos medios comprados facilita ulteriores triunfos electorales y así sucesivamente.

Siete. Se ha perjudicado a la imagen exterior de España y la de la clase política, cuando la mayor parte de los representantes ciudadanos (concejales, alcaldes, diputados provinciales, autonómicos, etc.), incluso –me atrevería a decir– los del propio PP, son personas que cumplen con la ley y procuran servir al país a su manera. Obviamente, por qué no decirlo, tampoco queda en buen lugar el concepto moral e intelectual de unos votantes que siguen dando apoyo a un partido cuyos dirigentes no solo cometen delitos, sino que no asumen las responsabilidades.

Quizá esto último, el deterioro moral, la banalización del delito y de la mentira y la suciedad del aguachirle mediático, sea lo peor de todo. Por eso hay que reconocer la valentía y el decoro de aquellos políticos de la Junta de Castilla y León que han criticado a su partido y han pedido perdón a la ciudadanía.

El reciente fallo del caso Gürtel es solo el primero de una serie de nueve, sin contar los casos Lezo, Púnica, Zaplana, etc. Pero la Sra. Sáenz de Santamaría pide que se les deje trabajar tranquilamente. Y lo dice tan tranquila.  Pero los demás no podemos estarlo hasta que se ausenten.