Martes, 19 de junio de 2018

Cuestión de respeto

“Tengo tal respeto por la verdad que hay momentos en que no me atrevo a llamar las cosas por su nombre”

(Henri Barbusse)

ENTRE PUENTES

CUESTIÓN DE RESPETO

Son multitud de ocasiones: En las cuales podemos ver y oír tanto en  tertulias, programas de radio, prensa y TV. Que, se emplea una palabra, que todos exigimos, agarrándonos a ella, y sin perder ocasión alguna para reclamarla, con el firme deseo, y en demanda de que se nos tenga en cuenta; me refiero al respeto.

Se ha comentado que la regla de oro consiste en respetar la opinión ajena. Respetar a los demás, ciertamente resulta de suma importancia, es un buen principio ¿quién no desea respecto a sus opiniones? Es lo mínimo que se puede pedir, pero tenerlo como una regla de oro, resulta algo pobre. Una verdadera regla de oro, es la formulada por Confucio. ¿No hagas con los demás lo que no quieras que hagan contigo?, incluso para los creyentes, mejor aún lo dejo expresado Jesucristo: ¿tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados? Estas dos son las más conocidas, evidentemente por su contenido y extensión, sin embargo, sería aceptable incluir como regla de oro el respeto a la opinión ajena.

Por un lado, es evidente que hay que respetar la opinión ajena, ¿quién no está dispuesto a defender el respeto por las ideas? En las propias ideas de alguna manera está involucrada la persona, pues se trata de algo muy propio, que se hace suyo: la propia opinión.

Se respeta absolutamente a la persona que emite la opinión, que expresa su idea, pero en esta cabe el dialogo amigable, el razonamiento distinto, hasta la moderada discusión. El respeto es imprescindible para el dialogo, sin embargo, ¿qué se entiende por respeto? Porque actualmente se invoca el respeto a las propias ideas, pero ese respeto lleva un significado raro, tiene la connotación de acatamiento, de renuncia a las propias convicciones. Esto es, se pide respeto para que se permita la opción planteada.- Es un respétame-que significa, no impidas que las cosas sean como yo las quiero.

En la práctica las opiniones expresan ideas, las ideas manifiestan una forma de ver la realidad, y esa forma de ver la realidad puede ser distinta entre unas personas y otras, de hecho es algo muy común; pero también puede estar o no en conformidad con la verdad y la verdad lo está con el bien. El respeto siempre se debe guardar. Todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra persona y nuestras ideas, pero este no implica la necesidad de ceder en las propias.

No se debe confundir respeto y tolerancia. La expresión de opiniones no es objeto de tolerancia, es un verdadero derecho, por qué: Por nuestras propias limitaciones, por la naturaleza social de la persona; por la riqueza y complejidad de la verdad en sus distintos aspectos; por la complicación de las ideas y la forma de expresarse. El respeto a la opinión ajena es la condición necesaria del dialogo autentico y por tanto de la tolerancia.

Las ideas se pueden compartir o no. Se puede discutir acerca de ellas y, por supuesto, no estar de acuerdo. Pero un primer paso es: respetarlas y escucharlas, tratando de entenderlas. Por otra parte, no hay una única solución para las cuestiones temporales, por eso también se han de respetar las posturas de los demás. Cuando se tolera no se está de acuerdo con la idea contraria, se respeta, como debe ser, y hasta se permite, porque en ese determinado caso, de no hacerlo así, se prevé un mal mayor, o que deje de producirse un bien mejor.

Es, pues, conveniente abogar por que se respeten siempre las ideas sin que se por ello deban de imponerse, sino conducirse por la línea del dialogo razonado. Y continuar con las reglas de oro reconocidas que van mucho más allá del respeto a las propias ideas, pues se basan en algo más valioso que ha de ser custodiado, la persona: “No hagas con los demás lo que no quieras que hagan contigo”  tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados?  

Pero que sucede con los intolerantes. ¿Muestran la falta de respeto por las ideas de los demás, y, peor aún, por su persona. Acuden a la ridiculización de la postura contraria, exageraciones grotescas, a vociferar  y toda clase de argumentos contra el otro. Crean un ambiente de miedo, pero definitivamente si de algo carecen es del más elemental respeto a la opinión ajena. La palabra en forma de gritos bloquea el proceso de comunicación. Son ruidos que obstruyen el mensaje; entre ellos están los estereotipos, los prejuicios y las malas interpretaciones.

Hay personas que no toleran que los demás piensen de distinta manera que ellos. Existe el gusto de presumir de tolerante, pero lo que es claro es que no todo el mundo lo es. Hace falta una gran convicción del respeto que se debe tener de unos por otros. Y la intolerancia ha cubierto de sangre la tierra y sigue causando victimas allá donde pensar de modo diverso al oficial o al de la mayoría es censurado de modo violento.

Ahora bien, el trabajo en los medios de comunicación muchas veces exige comentar, positiva o negativamente, las actuaciones y posturas de los demás, incluso en materias opinables. En ese caso, es necesario esmerarse en la prudencia y la justicia al juzgar. También al referirse a personas de conducta escandalosa.

Y en cualquier caso, se ha de defender la verdad, sin herir. La fe en la verdad es lo que disuade de imponerla por la fuerza. La verdad se impone por sí misma. O eso creo yo… claro.

 

 

                Fermín González salamancartvaldia.es          blog taurinerías