Domingo, 20 de mayo de 2018

Juzgando al juez antes incluso de leer la sentencia

Hay gente que, manipulada por el machismo reinante, se sorprende de que las feministas (y muchos “los”), saliéramos a gritar contra la sentencia de la manada mucho antes de leerla: que si esto es el Estado de Derecho, que si es recurrible a instancias superiores, que si esto, que si lo otro…

Nada nuevo bajo el sol. Cuando hay una protesta feminista no se va nunca al quid de la cuestión sino a ver qué se puede criticar para dejar al movimiento a la altura del betún, o más bajo si se puede.

Pero esta vez ya da igual. Esto es una guerra y lo que digan los machistas y quienes se dejan llevar por esta sociedad machista en la que hemos sido educadas todas y todos, cada vez importa menos. Salimos a las calles a gritar, todas, todos los días. Y seguiremos saliendo, porque llueve sobre mojado, porque oír que no es agresión, sino abuso, es suficientemente grave como para no necesitar leer nada más.

Los machistas no lo entienden, pero es que nos están matando. Si nos violan y nos resistimos nos matan a pedradas, si no nos resistimos, nos matan en vida jueces como estos.

Cuando vimos al “famoso” juez por la tele, sobrepasado por los acontecimientos, a todos nos dio un poco de pena. Pero luego, todas recordamos lo que le hizo pasar a esa pobre chica en el interrogatorio y lo que estará pasando ahora tras leer la sentencia y, mira, pues no está mal que tome un poco de su propia medicina. A ver si a partir de ahora empatiza un poquito más con las víctimas y deja de juzgarlas y se dedica al trabajo para el que se le paga: juzgar a los denunciados.

Además, los jueces en general y los jueces machistas en particular, están acostumbrados a que no se les cuestione, a que sus sentencias sean casi “palabra de dios”, pero no, no son dioses, son humanos y como tales, sujetos a imperfecciones que les pueden hacer cometer errores, como cualquier otro mortal.

Y como estamos en democracia, el hecho de que el poder judicial tenga que ser independiente, por supuesto, no significa que la opinión pública no pueda poner a un juez concreto, o a una forma de interpretar las leyes concreta, en el punto de mira. Nosotros, la gente administrada judicialmente, tenemos todo el derecho a criticar lo que nos afecte, y con ello, modificar las leyes en consonancia con la sociedad para la que se legisla.

Quizás este juez y los que le apoyan, sintiendo en sus propias carnes lo que les ocurre a las mujeres que denuncian, que son juzgadas más duramente que los propios denunciados (lo que le está pasando a este juez, al que se está culpabilizando casi al mismo nivel que a los de la manada), la próxima vez que tengan a una víctima declarando en un juicio, empaticen un poquito con ella y no la hagan sentir culpable por denunciar a quienes le han arruinado la vida, porque recuerden: NO ES CULPABLE, SINO VÍCTIMA.

Y eso precisamente es a lo que llamamos “justicia patriarcal”, que se culpabilice a las víctimas cuando hablamos de delitos de género.

Lo de si les han caído muchos o pocos años, es otro tema, es un tema de legislación, habría que valorar muchas cuestiones en las que muchas de las que salimos a gritar (al menos yo), somos poco expertas en la materia, así que no es eso lo que nos cabrea: lo que nos cabrea, lo que nos hizo salir a las calles antes de leer la sentencia, es el trato degradante dado a esta víctima y a todas las anteriores. Lo que nos cabrea es que la sentencia diga que “es abuso porque no hubo intimidación”, y eso sí lo oímos antes de salir a la calle y por eso salimos, porque llueve sobre mojado, porque no hay día en que la justicia patriarcal no nos salga con un “cerró usted bien las piernas” un “qué ropa llevaba, cuánto había bebido”, un “no es asesinato por género sino asesinato por divorcio”, un “se divorcia usted, no sus hijos”…

“Si no te matan, no te creen”

#YoSíTeCreo,Hermana