Viernes, 25 de mayo de 2018

La lengua soporte de la identidad.

Los positivistas lógicos afirman que: “¡Los hechos son los hechos y los valores son valores!”. En otros términos, los “hechos” son objetivos y los juicios de valor “subjetivos”. El hecho “es” y la ciencia se limita a su minuciosa observación. El resto pertenece al mundo de lo opinable. Esta dicotomía, que la mayoría de la gente admite como incontrastable evidencia, es una falacia. El pensamiento es un hecho, el deseo es un hecho, andar es un hecho. Lo único que los diferencia es el contexto en el que ocurren. El pensamiento, fruto de una sinapsis; el deseo, de un neuro trasmisor; y el caminar, de una serie de contracciones musculares. Unos procesos no son observables y otros evidentes. Sin embargo, los positivistas se esfuerzan por seguir viendo al mundo por el ojo de una cerradura.

En suma, el “valor” y el “hecho” se confunden. Así, entre otros, lo asevera Hilary Putnam, filósofo del lenguaje y matemático, profesor en la universidad de Harvard. En el año 2002 publicó un ensayo lleno de lucidez: “El desplome de la dicotomía hecho-valor” (Paidós 2004), feroz crítica del cientifismo estrecho e ilusorio promovido por Hume.

Al hilo de lo dicho. El razonamiento es indispensable en áreas normativas, y todo razonamiento presupone juicios normativos. Coloquialmente, todo “razonamiento”, salvo el lenguaje matemático, está teñido de “ideología”. Ideología entendida como conjunto de “ideas” que definen el pensamiento de una colectividad (cultura). El término “honor” a veces se emplea con propósitos normativos y otras como términos descriptivos. Unas veces como “valoraciones” y otras como “hechos”. Estos términos “éticamente densos” son irrefutables contra ejemplos de la dicotomía hecho-valor.

Otros ejemplos. El término “patria” tiene un significado distinto en alemán y en castellano. Para un alemán, la “patria” está teñida de tribalismo y consanguinidad; para un español, de centralismo y burocracia. El “honor” de un hombre danés difiere substancialmente del “honor” de otro saudí. Dada una relación extramatrimonial, en el primer caso quizás el varón tome las de Villadiego; en el segundo, se lapida a la mujer infiel. Las relaciones de poder permean el lenguaje. (Recomiendo la lectura de Viktor Klemperer. “Lingua Tertii Imperii” Minúscula 2001).

Por estas razones resulta tarea ímproba traducir la poesía de un idioma a otro. ¿Cómo traducir al chino estos versos: “La luna de par en par/caballo de nubes quietas/y la plaza gris del sueño/con sauces en las barreras”? Nuestro hogar se afinca en la lengua que se mama. Muchos disgustos nos hubiéramos ahorrado si nuestros ineptos políticos hubieran tenido en consideración ese pequeño detalle. La nacionalidad la conforma la lengua y no los documentos de identidad. Me refiero a Cataluña. Si, en cambio, lo hicieron en el Reino Unido y Canadá.

No obstante, los mismos hablantes interpretan algunos significados de diferente manera. La ideología y el acervo cultural del sujeto resultarán determinantes. Un ejemplo palmario lo tenemos con la famosa sentencia de la “manada”. Por otra parte, legal y ajustada a derecho. Los jueces, a diferencia de la fiscalía, interpretaron el término “intimidación” desde una ancestral perspectiva masculina.

Es un hecho que “nuestra” cultura católica, durante siglos, incentivó la misoginia. Tertuliano, un Padre de la Iglesia, allá por el siglo segundo escribía: “Las mujeres son la puerta de entrada para el Diablo”. San Juan Crisóstomo: “las mujeres están hechas, esencialmente, para satisfacer la lujuria de los hombres”. No se queda atrás Santo Tomás de Aquino: “la mujer es un varón frustrado”. Un papa señala a la mujer su cometido en la vida: “ser   esposa, madre o virgen”. En fin, el fundador del Opus Dei, echando más leña al fuego: “Ellas, no hace falta que sean sabias, basta que sean discretas”. Todas las religiones monoteístas, con el judaísmo a la cabeza, han discriminado a la mujer en favor del varón. También se hacía en la Grecia clásica del s. VIII a.C.

No obstante, en occidente, mucho se ha avanzado en temas de igualdad de género. Sin embargo, aún quedan infinidad de rescoldos por apagar. Las mujeres tienen todas las razones para sentirse denigradas y salir a la calle con su protesta.