Viernes, 25 de mayo de 2018

ETA, su historia, dolor y miseria moral

La banda terrorista vasca ha decidido dar por finalizado su historial de crimen y miseria moral sin admitir que ha sido derrotada por la acción firme del Estado de Derecho y la repulsa de la ciudadanía española y vasca.
A lo largo de 59 años, ETA, disfrazada de movimiento de Liberación Nacional, que pretendía la creación de una Euskalerría independiente de 7 provincias a ambos lados de los Pirineos, ha causado mas de 852 asesinatos y mas de 6500 heridos. Eso sin contar toda una historia de extorsiones, secuestros, amenazas y miedo que dividieron a la sociedad vasca en dos sectores irreconciliables, cada uno con sus símbolos, sus lugares de memoria, sus calles y sus centros de reunión. Solo existe otro ejemplo en Europa, Irlanda del Norte donde la división social y política creó hasta muros físicos para separar los barrios de católicos de los barrios mayoritariamente protestantes. Pero en Irlanda la sociedad se dividió por cuestiones religiosas y políticas ancladas en una historia vergonzosa de colonización inglesa, cuyo resultado fue la partición de la isla y la formación de grupos terroristas protestantes y católicos. 
En el País Vasco nunca se dio esa histórica división, es verdad que en el siglo XIX y parte del XX, los ciudadanos euskaldunes vieron con preocupación y miedo la llegada de emigrantes de otras partes de España a trabajar en las minas y en la industria naval y pesada del País Vasco. Ese es el origen del Partido Nacionalista Vasco y de la multitud de organizaciones sociales nacionalistas que hoy hegemonizan la sociedad vasca. Sin embargo, durante mucho tiempo el PNV optó por una política pragmática que evitara el enfrentamiento entre dos comunidades vascas, la nacionalista y la no nacionalista. El desarrollo económico de Euskadi  favoreció una mejor integración de los emigrantes de otras parte de España.
Pero a pesar del apoyo económico del Franquismo al País Vasco y a Cataluña, la represión de la lengua y la cultura tradicional del País Vasco hizo que un puñado de jóvenes nacionalistas influidos por las nuevas teorías tercermundistas sobre la liberación nacional de los pueblos y el derecho de autodeterminación se plantearon la lucha armada contra el régimen. Su lucha se presentaba como un combate contra una dictadura y por las libertades nacionales del pueblo vasco.
Sus ataques iniciales contra las fuerzas de orden público se transformaron con la llegada de la democracia en 1977 y la disolución de ETA político- militar en una lucha criminal contra la democracia española y sus instituciones. 
Al asesinato de políticos de la UCD, siguieron los asesinatos de militantes socialistas, populares y alguno comunista además de muchos ciudadanos asesinados mientras hacían las compras o paseaban tranquilamente por la calle.
Y lo peor el clima de delación, terror y miedo que extendieron por la sociedad vasca, no hay que olvidar que en los pueblos del País Vasco como en la mayoría de los pequeños pueblos de España todo el mundo se conoce y sabe lo que piensa. Mientras tanto, extorsionaban y chantajeaban a parte de la burguesía vasca para obtener el dinero necesario para el mantenimiento de una estructura criminal.
Lamentablemente, la sociedad vasca no se unió frente a este conjunto de criminales que justificaban sus asesinatos en nombre de las Libertades Nacionales, al contrario se dividió aún más, mientras unos aplaudían a ETA comentando que el asesinado” algo habría hecho”- hay que ser indecente para pensar eso-. Otra parte de la sociedad vasca miraba para otro lado, en parte por miedo y en parte porque,” si no te metes en política no te pasa nada”. Y lo más grave, una parte destacada de la Iglesia Vasca con algunos obispos a la cabeza apoyó, alentó y defendió los asesinatos de ETA.
Solo una minoría luchó en soledad en las calles y durante mucho tiempo contra la hegemonía de ETA y sus vasallos disfrazados de socialistas y euskaldunes, entre ellos conviene recordar a Gesto por la Paz una organización ciudadana que salía a la calle en manifestaciones silenciosas frente a las jaurías de los cachorros de ETA que los escupían literalmente, los insultaban y los amenazaban. Después aparecieron más valientes que desafiaron en las calles a ETA hasta que se produjo la gran reacción de la ciudadanía vasca con el asesinato de Miguel Angel Blanco.
Finalmente, la sociedad vasca dijo basta a tanto dolor y a tanta indecencia moral y los denominó como lo que eran unos asesinos sin escrúpulos, aunque disfrazaran sus asesinatos de lucha contra narcotraficantes, defensa del medio ambiente (Lemóniz), etc. 
Hoy en día restañar las heridas de 60 años no va a ser fácil porque una parte de los ciudadanos sigue comprando su relato de héroes nacionales, véanse los homenajes a Etarras en pueblos y otra parte sobre todo jóvenes quieren practicar la amnesia y la ignorancia, lo mejor es Olvidar el pasado, pero no se puede, ni se debe olvidar el sufrimiento de gente inocente, de familias rotas y destrozadas y del insidioso miedo que creó una sociedad de cobardes. La memoria y el relato de los historiadores es la mejor arma que la ciudadanía vasca y española debe apoyar para convertirse de verdad en una sociedad Libre.