Viernes, 20 de julio de 2018

Mito

Dice y asegura el profesor-Celso Almuina- que. “En dos años el ochenta por ciento de las noticias que circulen por las redes serán falsas”.

Que a la postre, viene a ser algo así como-Mito- (fábula y ficción). Pero pienso que sería un buen remedio llamar a las cosas por su nombre y no crear un miedo grande o temor excesivo, sin causa justificada llamado pánico, ante la noticia. En la época actual a esto se le llama Pos-verdad o noticias falsas.

¿Noticias Falsas? ¿POSVERDAD?

“Hemos entrado en una nueva era que nos llevará a la desinformación. Ello conllevará a no creernos nada y será un camino abonado para los extremismos”.

Sinceramente yo tampoco voy hacer mucho, para desmentir esta PORVERDAD. Hoy, en este artículo, sólo quiero, con esta “manía” que tengo de contar –Historias Humanas-; el narraros en primera persona, una que como bien dicen en mí pueblo, tienen un “simil”… con esto de las noticias falsas y la POSVERDAD. Esta Historia; es como  volver muchos años atrás y allí estaba yo y en la que se demostró que: “Todos tenemos limites que están mucho más allá de lo que nos imaginamos”.

Decía, que estaba yo y por eso le pregunté al señor Salustiano González del pueblo de Villaflores: ¿Es cierto que mucha gente del lugar venía a su tejar, con sus niños y daban vueltas en torno al horno de enrojar cuando este estaba encendido, en la creencia de que el humo que salía al quemarse la paja, les curaría la tosferina?...

El señor Salustiano me respondió-Buena y larga pregunta- y con parsimonia, sonriente, socarrón y un poco de mala uva, me aseveró: ¡Ir iba bien, otra cosa era la curación! Pues eso.

Algunas vueltas di también al horno del señor  Salustiano; pero lo que nunca imaginé, hasta que me vi en la tesitura, es que otro horno similar tendría impacto en mi vida, allá por tierras burgalesas de Aranda de Duero y colindancias pasados algunos años. Y hasta hoy mismo, que ya ha trascurrido un tiempo me es difícil encontrar una excusa al ¿Por qué? Me fui con Santos Morales a pescar cangrejos aquella tarde a un lugar tan lejano y desconocido.

Tenía yo 25 años de edad y montado en briosa y roja-LAMBRETA- “andaba” desempeñando la labor de Inspector de Seguros por aquellos lares. Nuestro Agente en Aranda era Santos Morales, padre de 13 hijos ¡sí 13! Era santos a mi parecer, delgado, bajito, vivo cual “rabo de lagartija” y tozudo, además de (con todos mis respetos, de estar “como una cabra).

Nos reuníamos en un entrañable Bar-Restaurante, donde se congregaban los amigos de Santos, que ya lo eran míos, todas las tardes. Una de estas a alguien del grupo se le ocurrió insinuar; dado el buen tiempo reinante: ¿Por qué? No vamos a cangrejos. Y la idea se aceptó sin reparos y con algarabía manifiesta. ¡Menudos eran los amigos de Santos para estas cosas!...

Pero hubo un pero, como siempre del “cabezón” de Santos, que solemne dijo: Nos vamos a cangrejos, pero no con vosotros. Os vais por un lado y Anselmo y yo, por otro y luego a la noche nos citamos aquí mismo y veremos quién “cogió más”. Nunca lo hubiere dicho, pues los amigos de Santos eran muy suyos para estas cosas y la apuesta se aceptó sin cortapisas.

-Ya lo he dicho antes: “Ahora a “toro pasado” es muy fácil buscar excusas de ¿Porqué? nos fuimos a pescar cangrejos y además en mí moto roja hasta el quinto pino o más”. Para intentarlo en distintos ríos, cambiarnos mil veces de sitio… ¡verás el próximo, es fenomenal!... y calados y ateridos por el frío, ya de noche cerrada emprendimos la vuelta con cuatro cangrejos de miseria. Pero a mitad del infernal camino en el culo del mundo, la moto LAMBRETA roja que se para agotada la gasolina por tantas vueltas y revueltas. Nos pusimos a deliberar (aunque yo no tenía ninguna gana) sobre ¿Qué hacer? Y, mira por donde, cuando más acalorada era la discusión, vimos una débil luz que se encendía y apagaba a lo lejos. ¡Qué alivio!

Así que “cogimos” la moto por el manillar y nos fuimos en busca de esa luz de esperanza. Pero… no era una luz, el fulgor  era producido por las llamas que salían del horno de un viejo tejar, donde estaban cociendo tejas y ladrillos cuatro paisanos que al vernos de aquella “guisa” casi mueren del susto. ¡Ni la aparición de Don Quijote y Sancho, en sus locas aventuras, les hubiera causado tal impresión!

Recuperado el sosiego, cuando ya pudieron hablar, nos dijeron que: “Ellos gasolina no tenían y que nos quedaba la remota posibilidad de que el cura del lugar la tuviese, ya que contaba con una moto VESPA, la única en el pueblo que estaba a ¡kilometro y medio!

¿Ustedes se imaginan a aquellos dos “seres humanos” Santos Morales y un servidor, llamando a la puerta del cura Don Amancio, aquella noche? Pues ocurrió y el buen hombre caritativo nos dio la mitad de la gasolina de su-VESPA-, unas magdalenas y punto de orujo… y llegamos a Aranda de Duero casi al amanecer. Y aunque parezca increíble, los amigos de Santos “el cabezón” nos estaban esperando, muy preocupados pero con un montón de cangrejos pescados a dos kilómetros de Aranda. Y no quiero contaros lo que le dijeron a Santos… ¡ello no es apto para menores!

¿MITO? ¿FICCIÓN? ¿NOTICIAS FALSAS? ¿POSVERDAD? Ustedes mismos.

Pero sabéis que os digo: “Que a mí, ahora cumplidos los 83 me gustaría repetir esta historia que hoy os he contado” y me ratifico en: “Todos tenemos límites; que están mucho más allá de lo que nos imaginamos. Y… ¡Ahí lo dejo!