Sábado, 26 de mayo de 2018

Recordar a quien no estuvo

Una discusión con amigos acerca de cuestiones cinematográficas nos lleva a Charlotte Rampling y ello me conduce a ir a ver The Sense of an Ending de Ritesh Batra (2017) donde ella actúa con Jim Broadbent. Una película que desarrolla el papel de los recuerdos, su manipulación, en parte, y los mecanismos del olvido que se activan tan fácilmente, pero que también pueden revertirse cuando algo inesperado sucede ¿Son las evocaciones el puro reflejo de la realidad o son historias que nos contamos a nosotros mismos? ¿El hecho idéntico de naturaleza íntima que vivieron dos personas, se recuerda igual cuarenta años después? El lenguaje del cine siempre ha sido poderoso para explicar esta ambivalencia. A mi juicio supera al de la literatura, aunque esta haya producido obras portentosas. De los autores españoles del presente, Javier Marías es un maestro indiscutible, Javier Cercas no se queda a la zaga. Sin embargo, el cine tiene una capacidad de representarla de manera más nítida y condensada. No hay equívocos posibles.

La prisionera del campo de concentración que interpreta Charlotte Rampling en “Portero de noche” de Liliana Cavani (1974) también se acuerda de lo que allí había pasado y sus remembranzas coinciden con las del nazi interpretado por Dirk Bogarde. Esa es la magia de esa película provocadora, maravillosa; para algunos, soez, insoportable. Que las evocaciones se hagan presentes mediante flashbacks, a través de fundidos inesperados. Una ayuda a la desmemoria, una apuesta por los lenguajes superpuestos. Otros dicen que es una medida facilona en pro de una pedagogía barata. Alguien pudo no estar allí, pero la cámara siempre puede estar, se convierte en el demiurgo todopoderoso, el sabelotodo inquietante que posibilita resolver el enigma. En la vida no es tan diferente, aunque se rompan las reglas cartesianas de la buena memoria. Las pruebas son los documentos que fijan los recuerdos. Aquella carta que quedó al fondo del cajón, la foto entre las páginas del libro, el diario que confiaste a tu amante.

Testimonios físicos que, se dice, no pueden adulterarse. Están ahí, su significado es inequívoco. Pero ¿qué sucede cuando juras tener la foto de quien no estuvo? Has construido su recuerdo sobre aquella imagen de quien, incluso afirmas, posó para ti en aquel puente con la puesta de sol al costado. De nada sirve que te digan que nunca estuvo porque no pudo estar. Porque entonces se hallaba en otro país, o yacía en un hospital o, todavía más desesperante, porque no había nacido o porque había muerto. No obstante, tienes el recuerdo y lo evocas cada vez que pasas por aquel puente. No quieres que piensen que estás mal de la cabeza, o no te importa. Has logrado llegar a una situación en que mantienes que los recuerdos son tuyos y que no importa, por consiguiente, si para ellos no estuvo. Por eso callas y ya no hablas de tus recuerdos. No, no es que los inventes. No. Simplemente forman parte del otro lado de tu vida.