Sábado, 21 de julio de 2018

El Papa al que todo se le entiende

Que les hablara sobre “Laudato si”, me pidieron los de la parroquia vecina. Y allí que me planté para alabar las bondades de la encíclica del Papa. Un feligrés levanta la mano y comenta que hay un punto que no entiende. Tiro de bibliografía y le leo un párrafo de un reconocido teólogo explicando el asunto. “Ahora lo entiendo menos”, remata el interesado. “A mí me pasa igual”, respondo al auditorio entre aturdido y avergonzado. “Lo mejor es leer directamente al Papa Francisco. Y así lo hice. Y lo entendimos todos.

Traigo esta anécdota reciente para certificar algo que, cinco años después, todos tenemos meridianamente claro: este Papa no necesita intérpretes ni traductores, el Papa Francisco sólo necesita que le escuchemos, que le leamos. Se le entiende absolutamente todo. Incluso cuando habla de asuntos que nos pueden parecer muy etéreos, filosóficos y lejanos, incluso manidos y ajenos como pueden ser la política y la sociedad. Me explico.

Resulta que la editorial Encuentro cumple 40 años y lo ha querido celebrar con un libro único y excepcional. ¿Y quién mejor que el Papa Francisco al que se le entiende todo? Uno podría pensar que no hay nada mejor, pero estaría equivocado. Los de Encuentro han publicado un delicioso texto en el que recogen las conversaciones del obispo argentino de Roma con uno de los pensadores más reconocidos del mundo, el sociólogo francés Dominique Wolton, un sociólogo experto en comunicación política y en eso que ahora se ha dado en llamar relaciones interdisciplinares. En el caso de este autor, con más de treinta títulos publicados y traducidos a veinte lenguas, su especialidad es la relación entre ciencias, técnica y sociedad.

Son trescientas páginas en las que se recogen ocho encuentros, ocho conversaciones, ocho milagros de la comunicación entre el líder de los católicos y uno de los pensadores agnósticos más sobresalientes. El resultado, a pesar de tratar asuntos que podrían parecer meras entelequias, es increíblemente sencillo.

Los diálogos, en absoluta libertad, rezuman un clima de confianza y serenidad que le llenan a uno de paz y optimismo. Incluso cuando abordan asuntos tan feos como la guerra, las desigualdades en el mundo o los fundamentalismos. Es increíble la capacidad de análisis de los dos protagonistas. Casi tanto como el eficaz modo de comunicación utilizado. Nada nuevo, por otra parte. Quizá nosotros estemos más acostumbrados a las entrevistas periodísticas. Nada que ver. Esto es la suma de dos bagajes teóricos y experienciales que se retroalimentan para reflexionar sobre asuntos que, por sí mismos, ni siquiera se hubieran planteado. Y hablan sin tapujos de religión, de la mundialización, de Europa y los migrantes, de la familia, del individuo, de la alteridad.

Wolton y Francisco se saltan cualquier protocolo y muestran, al desnudo, la visión del Papa sobre la Iglesia y la sociedad. Una visión centrada en sumar, en construir puentes y derribar muros.

Cada uno de los ocho encuentros viene precedido por una deliciosa introducción de Wolton enmarcando el momento en el que se producen. Si hace sol en Roma, si la salita es confortable, si el Papa está de buen humor, si él llega cansado… Después transcribe el diálogo que, insisto, es una maravilla para conocer mejor a este Papa al que todo se le entiende. Y termina cada uno de estos capítulos con un par de fragmentos seleccionados de los discursos de Francisco referidos a los temas que han abordado en su charla de amigos.

Esta semana Francisco ha publicado su tercera exhortación apostólica: “Alegraos y regocijaos”, que se suma a las anteriores “La alegría del Evangelio” y “La alegría del amor”. Y sí, la alegría es uno de los temas que también abordan Wolton y Francisco en sus conversaciones. La alegría y el contenido de “Alegraos y regocijaos” que ya estaba en el corazón del Papa cuando tuvieron lugar estas conversaciones en 2016.

Sólo puedo recomendar la lectura de “Papa Francisco. Política y sociedad”. Y agradecer a Dios este regalo, el regalo del Papa de los pobres, el Papa de la alegría, el Papa al que todo se le entiende. Y a Ediciones Encuentro, por esta genial iniciativa.