Sábado, 21 de abril de 2018

Rabia e impotencia

Aún soy incapaz de entender el por qué del empeño que lleva poniendo la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) en derribar la presa de Yecla de Yeltes. No sé qué mal les ha hecho ese pequeño embalse que se construyó para abastecer de agua corriente a Vitigudino a mediados del siglo XX.

Tristemente, tras siete años buscando su demolición, finalmente las míseras garras de la CHD han caído sobre el embalse de Yecla, para despojar a los ganaderos de un agua que era su tabla de salvación para épocas de sequía, para dejar a los helicópteros antiincendios sin una buena lámina de agua de la que abastecerse en caso de incendio en la zona.

Ciertamente, uno aún sigue cuestionándose por qué y, sobre todo, si no hay intereses turbios detrás de dicha decisión. En este sentido, uno juega a pensar en posibles teorías y son varias las ideas que le vienen a la cabeza, como si podría haber mordidas pactadas para algunos altos directivos con la constructora encargada del derribo, como hemos visto que ha ocurrido en algunos casos de corrupción de este país (como el afamado 3%).

No obstante, esto a día de hoy no sería más que una de tantas ideas que le salpican a uno el cerebro, fruto de la dificultad de encontrar una respuesta al derribo de la presa. Quizá el paso del tiempo pueda aclarar si realmente la destrucción de la presa de Yecla obedecería a intereses espurios o no. Y en caso de que fuese lo primero, si se pueden exigir responsabilidades penales a quienes hayan impulsado el derribo, o si por el contrario, éstas habrían prescrito.

Por otro lado, uno no puede evitar irse a las teorías de la conspiración y plantearse si la Junta no sabía nada de que esta semana empezaría el derribo. Y es que la Junta de Castilla y León no quiso dar respuesta en el plazo ordinario que tenía para responder al procurador de Unión del Pueblo Leonés en Cortes sobre este proyecto derribo, quien le solicitaba mediara ante la CHD para detenerlo, así como investigar a la Confederación duriense si había cometido algún delito o irregularidad con la inutilización de compuertas de 2016 y la consiguiente mortandad de peces en el entorno de la presa en dicho verano.

La Junta, siendo quizá consciente del asunto, decidió apurar hasta el final el plazo de respuesta, y el último día no solo no respondió, sino que pidió una prórroga para poder tardar un mes más en responder. Y en ese margen temporal estamos. La Junta ahora responderá, casi tres meses después de que se le preguntase en Cortes sobre este asunto, pero con unas condiciones muy diferentes.

Y es que, si responder antes de esta semana hubiese implicado que la Junta se tuviese que 'mojar' sobre el asunto, bien para detener el derribo como le pedía UPL, o bien para dar la bendición al plan de la CHD, ahora el ejecutivo presidido por Juan Vicente Herrera se podrá escudar en que la presa de Yecla está medio derribada ya, y que por tanto no cabrá ya mediación ni petición de detener el derribo.

Nada nuevo bajo el Sol en estas tierras. Aún recordamos muchos cómo derribaron en la ciudad de Salamanca el Gran Hotel o el Teatro Bretón, presumiblemente como consecuencia de decisiones políticas ligadas a la especulación urbanística y unas posibles comisiones para los políticos de turno que, si bien se sospecha, no se han podido demostrar a día de hoy.

En el caso del Teatro Bretón, se trataba del teatro más antiguo de Salamanca, el cual se hallaba además con una petición para ser declarado Bien de Interés Cultural, que no había sido resuelta aún y, por lo tanto, su derribo era a todas luces ilegal hasta que se resolviese dicho procedimiento. De nada sirvió. Entonces el ayuntamiento salmantino comandado por el popular Julián Lanzarote decidió iniciar el derribo con alevosía y nocturnidad y, cuando los promotores de que dicho teatro fuese declarado BIC pudieron reaccionar, plantándose en el lugar con la documentación que impedía el derribo, ya se había derribado medio Teatro Bretón y no había vuelta atrás.

En aquel caso, la destrucción del Bretón obedecía a la intención de Lanzarote y su equipo de gobierno municipal de que en el solar del teatro una constructora erigiese una residencia. No obstante, paradojas del destino, el estallido de la crisis económica se llevó por delante aquel proyecto, y la ciudad se quedó sin el Teatro Bretón, y con un solar que aún hoy día, sigue rodeado de vallas, custodiando aún el emplazamiento del histórico teatro que cayó bajo las fauces especuladoras de quien maneja las instituciones como si fuesen su cortijo.

Ahora, una década después, uno vuelve a revivir esa agria sensación con el derribo de la presa de Yecla, y no puedo evitar sentir rabia e impotencia, al ver cómo esa presa que conocí hace años junto a mi amigo Jorge, no podré volver a verla íntegra, ni enseñársela a otros amigos que no la conociesen. De ella solo quedarán unos restos, sin utilidad alguna, que susurrarán a las aguas del Huebra que un día, sus embalsadas aguas, dieron de beber a la humanidad y la ganadería de la zona, una zona que se va viendo derribada por quienes prefieren enterrar un territorio a buscar soluciones para el mismo.