Viernes, 20 de julio de 2018

¿A quién quiere engañar el mentiroso?

En numerosos casos observar la conducta infantil sirve para entender mejor muchas conductas de los adultos. Por ejemplo en la cuestión de por qué y para qué mentimos.

Pongamos el ejemplo del niño pequeño que acaba de coger de la mesa del comedor el paquete de caramelos que su madre le ha prohibido coger. Cuando la madre se da cuenta de que el paquete ha desaparecido, le pregunta al pequeño y la primera respuesta de éste frecuentemente es: “Yo no he sido”. ¿Por qué y para qué miente el niño? Obviamente, por miedo: por miedo al castigo, por temor de que su madre no le quiera. Pero ¿piensa este niño que negando su conducta su madre va a creerle? No, aunque bien que le gustaría que su mentira fuera la solución entre su deseo de coger el paquete de caramelos y la ausencia de castigo.

El asunto de las mentiras es algo más complejo: existe una parte del “yo” del niño del ejemplo que aún cree que desear y obtener algo es una misma cosa: la “omnipotencia del pensamiento”, se le llama en psicología infantil a este fenómeno arcaico. Desear que él no hubiera sido el pequeño ladrón es lo mismo que no serlo: el pensamiento es omnipotente. En definitiva es el propio niño el que persigue ser engañado por sí mismo.

Cuando según las numerosas informaciones que ha publicado la prensa la Sra. Cifuentes afirma que ella posee el Máster de Derecho Público del Estado Autonómico, por la URJC, está expresando obviamente su deseo de tenerlo y también expresa que ese deseo es más fuerte que todas las evidencias de la realidad de que (muy probablemente) no lo ha hecho. Dejemos en suspenso la hipótesis de que la importancia para ella de tener ese Máster supliría sus propias dudas de no ser capaz de gestionar   con eficacia la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Y centrémonos en el mecanismo de la omnipotencia del pensamiento: para la Sra. Cifuentes desear que una institución universitaria certifique su “maestría” en Derecho Público y conseguirlo debe ser  una misma realidad; su frase más repetida como defensa estas semanas ha sido “Yo tengo ese Máster”, “Yo he presentado el Trabajo final”, etc.

Es el mismo mecanismo que la gran mayoría de los corruptos utilizan cuando son cuestionados por  irregularidades en sus funciones: negar la realidad que proclaman todas las pruebas que poseen los jueces. Negar cualquier culpabilidad.

Si además sucede que en otras o muchas ocasiones estos sujetos se han visto libres de toda sanción, utilizando la negación o la mentira en otros hechos delictivos del pasado, su fantasía de que sus pensamientos-deseos son omnipotentes se ha consolidado.

Pero sabemos por experiencia que las mentiras individuales o colectivas siempre se manifiestan y siempre caen por mucho que se oculten o se nieguen. Siempre tienen un alto precio.

Pues el sujeto humano también tiene, paradójicamente, una fuerte tendencia a querer expresar la verdad.