Martes, 24 de abril de 2018

Segunda semana de pasión

La llamada Semana de Pascua, que en Salamanca termina con la festividad pagana del Lunes de Aguas, se ha convertido este año en la  Segunda Semana de Pasión. Una vez más se ha hecho realidad aquella máxima que dice: si un asunto es susceptible de empeorar, lo más probable es que termine como el rosario de la aurora. Es como si todo se hubiera confabulado para enrarecer, por si ya no lo estaba suficientemente, el oscuro panorama de la modesta España y de su adormecido gobierno. De una tacada, a los ecos de la sempiterna corrupción –tenemos hoy sangrantes casos en los juzgados- se une la falta de consenso para aprobar los Presupuestos, el varapalo de jueces belgas y alemanes a las perticiones de extradición cursadas desde España y, para acabar de poner palos en las ruedas del PP, irrumpe el extrañísimo asunto de la Presidenta Cifuentes y su evaporado master. Vamos, como para maquillar el negro porvenir que presagian todas las encuesas.

Por aquello de que cada palo debe aguantar su vela, siempre me ha llamado la atención la diferente vara de medir que se emplea para tratar los casos de corrupción, dependiendo del partido a que pertenezca el corrupto de turno. El PP siempre se ha quejado, no sin razón, de la sordina que acompaña a los importantes casos de corrupción del PSOE, en contraposición al vapuleo mediático que persigue a los suyos desde hace años. En uno y otro caso, ambos partidos tienen más motivos para callar que para acusar. Los populares, por la nula habilidad que han mostrado para seleccionar a los dirigentes que se han valido de sus cargos para el enriquecimiento propio, y por su incapacidad y lentitud a la hora de descubrir y sancionar estas conductas. Los socialistas, por tener unos dirigentes que amparan actuaciones de implicados en casos de malversación de caudales públicos destinados a fines sociales, ¡hasta cuando estos mantinen con toda desfachatez que desconocían lo ilegal de sus acciones! Es de esperar que la justicia exprima la ley al máximo para recuperar los fondos que no hayan dilapidado, o puesto a buen recaudo, todos los delincuentes, y para concederlos una buena temporada de retiro penitencial. En el tema del manoseado master de Cristina Cifuentes, es muy arriesgado emitir un juicio de valor antes de que se sepa toda la verdad, pero, a primera vista, la cosa huele muy mal. Todo apunta a una carambola, a dos o tres bandas; circunstancia difícilmente ignorada por la Presidenta. Alguien –político o docente-- ha infringido la ley y debe ser sancionado. En cualquier caso, lo último que necesita el PP es arropar a su compañera, si al final resulta implicada en este feo e innecesario affaire. Es cierto que más de un dirigente ha soportado la “condena del telediario” antes de ser declarado inocente. Pero con una sola persona a la que se exculpe de forma tajante,  que luego resulte condenada –y por desgracia las hay--, el daño que se hace a los partidos -y a los políticos honrados - que también los hay— suele pasar factura a quien puso las manos en el fuego. Si fuera este el caso, Rajoy y su partido estarían firmando su Waterloo particular.

Todo indica que la falta de consenso puede malograr la aprobación de los Presupuestos para 2018. Si se confirma esa situación, siguiendo la norma se prorrogan los de 2017 y se anula toda mejora que tuviera prevista el gobierno. Cada partido deberá rendir cuentas con sus votantes. No cabe duda que para permitirse el lujo de opinar sobre macroeconomía hay que tener mayores conocimientos que los que yo poseo. Creo no equivocarme, sin embargo, si digo que resulta muy difícil contentar a todos los españoles. No es buena política abrir el grifo de los gastos más que el de los ingreos, si no se quiere hipotecar el bienestar de nuestros descendientes. Claro que luego cada partido político tiene su fórmula mágica, aunque no siempre resulte la más acertada.

Cuando todos los españoles respetuosos con su Constitución esperaban que las medidas tomadas por el gobierno en el tema de Cataluña, junto con la acción de la Justicia, habían sido capaces de reconducir la situación, un tribunal regional alemán ha echado un jarro de agua fría sobre nuestro optimismo, a la vez que ha servido para que los nacionalistas se consideren ya vencedores del contencioso con el resto de España. Creo que ni nosotros debemos ser derrotistas ni los secesionistas deben olvidar que la justicia es lenta, pero segura. Dando por sentada la independencia de los jueces, mostrarse extrañamente compasivo con los movimientos secesionistas que abundan en la actual Europa, entraña el peligro de estimular sus ansias. No parcece que, en tan corto espacio de tiempo, pueda un juez alemán valorar la potencial violencia que se respira en Cataluña, hasta el extremo de descalificar el ordenamiento jurídico de otra nación democrática. Disparar con pólvora ajena suele acarrear la distorsión de la realidad. Admitir como normal la conducta de los secesinistas catalanes ¿ sería también aprobado por la justicia alemana, si los sedicentes pertenecieran a un cantón de Alemania? Tal vez lo sucedido nos sirva para no confiar desmasiado en posibles aliados de confianza. Reconozcamos de una vez que la imagen de España que han proyectado en el extranjero los nacionalismos, por un lado, y la impericia del gobierno, por otro, dista mucho de la realidad. Se sigue viendo franquismo, dictadura y presos políticos en nuestros gobiernos, porque nadie ha sabido contrarrestar la Nueva Leyenda Negra. La inmensa mayoría de naciones europeas están alumbrando nacionalismos extremistas que desean acabar con la situación actual, lo que equivale a jugar con fuego. Aún no se han olvidado las consecuencias de no cortar a tiempo las veleidades de corrientes extremistas,de izquierda y de derecha, que acabaron llenando Europa de cadáveres y miseria. No vayamos a arrepentirnos cuando sea demasido tarde.