Domingo, 22 de julio de 2018

Cartas de los lectores

León y Castilla: dos regiones diferentes

La deculturación consiste en la pérdida de los elementos culturales propios que son sustituidos por otros ajenos y forma parte de un proceso de desidentificación o  pérdida de la identidad. Cuando ese proceso es desarrollado desde una cultura diferente dominante constituye un proceso de asimilación que, en último término representa un auténtico etnocidio.

Los procesos preautonómico y autonómico en la histórica Región Leonesa (León, Salamanca y Zamora) a lo largo de 40 años de transición democrática son un ejemplo claro de una decidida deculturación y desidentificación de los leoneses, especialmente virulenta en las provincias de Zamora y Salamanca.

A finales de los años 70 existía en la ciudadanía de las tres provincias leonesas una conciencia de pertenencia a la Región Leonesa triprovincial establecida en 1833 y ratificada por la II República en 1933, lo que se manifestaba tanto en las publicaciones contemporáneas (por ejemplo el ‘Atlas gráfico del Reino de León’ de 1978), como en la misma clase política. El mismo redactor del Real Decreto de preautonomía de Castilla y León, el senador salmantino Francisco de Vicente Domínguez, reconoce en dicho texto legal que Castilla y León es una parte de España, compuesta por dos regiones históricas, León y Castilla compuesta cada una de ellas por ‘las provincias que las integran’ y explicita:

‘El régimen e instituciones preautonómicas que el presente Real Decreto-ley establece no condicionan la próxima Constitución ni prejuzgan la existencia contenido y alcance del Estatuto de autonomía que en su día puedan alcanzar Castilla y León’.

El plural es muy significativo y pone de manifiesto la existencia de dos regiones, dos identidades y dos culturas: la leonesa y la castellana. Las declaraciones del redactor del texto afirmando que Salamanca y Zamora son ‘dos provincias del Reino de León’  clarificarían aún más las cosas. El proyecto inicial de reunir dos regiones en una comunidad autónoma que podría haber avanzado en el sentido de fomentar la convivencia pacífica de estas dos culturas e identidades fue traicionado poco después para perseguir el objetivo de crear una identidad castellanoleonesa híbrida y artificial que jamás había existido antes de 1983 (algo que debería reconocer el Sr. Martín-Villa). Más aún, ese objetivo principal incluye el de eliminar la identidad regional y cultural leonesa en las tres provincias del Viejo Reino, especialmente en Zamora y Salamanca, destinadas a ser convertidas en castellanas, sometidas a un auténtico etnocidio, mientras se invisibiliza la unidad regional leonesa triprovincial incluso a nivel estadístico.

La perpetración de un auténtico etnocidio leonés se pone en evidencia por las manifestaciones de los políticos ‘castellanoleoneses’ que repitieron hasta la saciedad que se precisaban dos o tres generaciones para crear conciencia ‘castellanoleonesa’, por la manipulación permanente ejercida desde los medios de comunicación empeñados en este objetivo, la anulación de las señas de identidad leonesa como la lengua leonesa, así como el empleo del ámbito educativo en la tergiversación de la Historia con la desaparición del Reino de León en los textos y el fomento descarado de la identidad ‘castellanoleonesa’ en las nuevas generaciones. El fomento de la creación de esa identidad híbrida ha contado con la creación de, entre otras, de la Fundación Villalar, financiada y dirigida desde la presidencia de las Cortes castellanoleonesas empeñada en crear e imponer esa conciencia  e identidad híbridas a leoneses y castellanos y en anularles e invisibilizarles como miembros de regiones diferentes.

Llevando la contraria a Europa y a la comunidad internacional, que década tras década han avanzado desde los años 40 en el sentido de promocionar los Derechos Humanos de los pueblos, las culturas y las identidades, promocionando la diversidad cultural y condenando el etnocidio, la comunidad castellanoleonesa, sus políticos y sus instituciones se obcecan en seguir el camino opuesto incurriendo en la comisión de un delito internacional de lesa humanidad.

Afortunadamente los etnocidas se han encontrado con la reacción de los leoneses en las tres provincias de la región, una reacción cultural y social de contra-asimilación, que reivindica su personalidad, sus señas de identidad y su historia común, poniendo en valor sus características propias, sus figuras históricas y el papel del Viejo Reino y sus instituciones fomentando el orgullo de ser leoneses por ser cuna del parlamentarismo, adalides del Derecho Internacional desde la Universidad de Salamanca con Francisco de Vitoria e impulsores desde la misma, con Diego de Deza a la cabeza, del descubrimiento de América y el apoyo a Cristóbal Colón.

El carácter del Viejo Reino leonés es integrador y respetuoso de la diversidad y así lo ha demostrado históricamente, al contrario que el de Castilla que es asimilador y uniformizador. Lo ha demostrado a lo largo de la historia y ahora actualiza ese afán esterilizador y homogeneizador pretendiendo convertir lo genuinamente leonés en castellanoleonés o simplemente en castellano, una imposición que los leoneses ni podemos tolerar ni consentir, para lo cual debemos acudir a cuantas instancias sea preciso a fin de salvaguardar nuestros derechos como pueblo y como cultura.

Fdo. Miguel Ángel Diego Núñez.

Autor del libro “Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología)”