Lunes, 18 de junio de 2018

La belleza de la fuerza

Jorge García nos introduce en el mundo de la calistenia, el entrenamiento al aire libre o en exteriores
Un joven realiza un ejercicio en un gimnasio al aire libre.

Igual que el fútbol sala en los años noventa y el pádel a principios de siglo, la calistenia —y por ende el Street Work Out— se ha convertido en la práctica física de moda en nuestro país durante los últimos tiempos. De ello también se han dado cuenta los salmantinos durante esta década, pues ya no hay barrio o pueblo de la provincia que no disponga de una zona al aire libre con aparatos para su desarrollo. El último de ellos en Castellanos de Moriscos; aunque antes lo habían hecho en Villares, Carbajosa de la Sagrada, Santa Marta y Salamanca, con las zonas creadas en los parques de Jesuitas, Würzburg, Aldehuela o San Bernardo.

Pero, ¿qué es la calistenia? ¿Por qué triunfa? ¿Qué la hace tan beneficiosa para ambos sexos? ¿Cuál es su origen? Todas esas cuestiones vamos a intentar explicarlas desde el rigor histórico de la educación física. Desde el conocimiento que proporciona el estudio de las ciencias del deporte.

En primer lugar tenemos que anotar que calistenia, etimológicamente, significa la belleza de la fuerza, un termino usado por los griegos clásicos para definir el estado de sus atletas durante el entrenamiento previo a los Juegos Olímpicos. Un estado que conseguían a través de numerosos ejercicios sin resistencia ajena, utilizando tan solo su peso corporal. En segundo lugar, hemos de decir que el Street Work Out ­­—llamado también trabajo en exteriores— es la evolución lógica de ese sistema de entrenamiento. Es el modelo competitivo aplicado a dicha práctica, con ejercicios más estéticos y con federación propia que regula su normativa.

En cualquiera de los dos casos —entrenamiento o competición—, hemos de indicar que el éxito radica en la facilidad para practicarlo y en la rápida mejora del cuerpo humano tras su ejecución; aumentando la masa muscular en el caso masculino y tonificando al máximo la fisonomía en el género femenino. Hoy en día hay muchos parques que cuentan con aparatos creados para su utilización —barras paralelas, barra fija, escaleras horizontales, espalderas suecas, zonas de equilibrio, bancos para abdominales y lumbares…—, pero lo bueno de este sistema de entrenamiento es que es que no hace falta recurrir a dichos aparatos. Cualquier material permite su práctica; elementos como los arboles, las piedras o diversos componentes de la naturaleza fueron la base para el diseño de los actuales, y también nos servirían hoy en día.

Y esa es la verdadera clave del éxito de este modelo de trabajo. Un método de preparación que diseñó Friedrich Ludwig Jahn, el padre de la gimnasia moderna, hace más de dos siglos; un patriota alemán que ideó una serie de aparatos y ejercicios al aire libre para que los jóvenes germanos mejoraran su preparación física de cara a servir a su ejército en el campo de batalla. Pretendía que aumentaran su fuerza, su coordinación, su flexibilidad y su equilibrio para conseguir un estado físico excepcional basado en los propios movimientos rutinarios del ser humano. Jahn, cuyo método seguía el ideario griego de equilibrio y armonía del cuerpo, inventó la barra fija, las barras paralelas, el potro, las anillas, el caballo con anillas y la trepa de cuerda; desarrollando trabajos de mejora a través de circuitos en la naturaleza —saltos, lanzamientos, trepas y equilibrios—. Este movimiento, llamado Turner en su lengua vernácula, lo puso en práctica hasta que fue encarcelado por ideales políticos; conllevando su arresto la prohibición de dichos ejercicios en las zonas exteriores.

A pesar de ello, sus seguidores siguieron realizando los mencionados entrenamientos. Algunos lo hicieron en la propia Alemania; realizándolo a puerta cerrada, en salas privadas y gimnasios, dando origen a la actual gimnasia artística con aparatos. Otros, sin embargo, se marcharon a las zonas limítrofes para seguir practicando sus rutinas al aire libre. En ambos casos los ejércitos europeos contrastaron los beneficios de los ejercicios y comenzaron a aplicar los métodos de Jahn en 1848, cuando el rey Federico Guillermo IV puso fin a la prohibición.

Jahn, con sus aparatos y su manera de entender la mejora física —especialmente fuerza y destreza—, transmitió a sus discípulos una serie de valores sociales y de pertenencia al grupo. Para el alemán lo primero era la educación de los jóvenes, pues consideraba que la convivencia y el respeto solo se podía dar en espacios abiertos como los que él proponía. Esos espacios, hoy han evolucionado hasta llegar a los actuales parques de calistenia. Lugares donde toda clase de personas se reúnen a diario para aplicar los valores que tiempo atrás, en el XIX, defendió el padre de la gimnasia.

Por aquellas fechas, los ejercicios solo los podían realizar los hombres. Sin embargo, la evolución de esta disciplina —especialmente en las últimas décadas por la difusión de videos en las redes sociales— ha permitido que hombres y mujeres se incorporen por igual a su práctica. De hecho, las competiciones federadas de Street Work Out son idénticas para ambos sexos desde hace unos cuantos años. Una igualdad que, como en todos los deportes y prácticas del siglo XXI —parkour, crossfit, paracaidismo…—, ha llegado para quedarse y para servir como ejemplo a la sociedad.

En la calistenia no hay diferencia de género, las rutinas y los sistemas de entrenamientos son idénticos; y eso ha permitido que los parques de toda España se llenen de deportistas al ver que su cuerpo se desarrolla y su fortaleza mental se supera. Y todo ello sin la violencia de otras disciplinas.

Por eso, larga vida a la calistenia.