Martes, 24 de abril de 2018

Crueldad disfrazada

Acabamos de dejar atrás la Semana Santa, época de reflexión, hermandad, cercanía, amor a los demás.

Hemos visto como la Ministra Cospedal y varios Ministros más cantaban la canción que dice, “soy el novio de la muerte” en una procesión donde me indigna ver a los legionarios con la imagen del Cristo yacente, rodeados de fusiles, como en su día eran lanzas acompañando a Jesús al Calvario para ser crucificado.

Y me pregunto, ¿por qué tanta manipulación con ese decreto de que el Viernes Santo ondeen la banderas a media asta por la muerte de Jesús? ¿A quién se pretende engañar? ¿Qué se pretende vender o comprar?, recordemos que estamos en un Estado Aconfesional y puede sentar mal a algunas personas y con razón.

Hagamos un planteamiento de la vida de Jesús recogida en los Evangelios, que con el paso de los siglos ha quedado sepultado por los ricos, por los poderosos, aquellos que condenaron a Jesús a muerte, como a tantos otros que lucharon por un mundo mejor, más justo, sin olvidar que en el caso de Jesús, los ejecutores fueron los militares romanos.

Veo en Málaga cantar a María Dolores de Cospedal, a la sazón Ministra del Ejército al paso de la legión, y veo como sus políticas chocan con el mensaje de Jesús, porque hemos de tener claro cuál fue el motivo de la muerte de Jesús, ya que Él no  buscó la muerte, la aceptó, sin huir, sin esconderse.

Siendo detenido, torturado y encerrado en una mazmorra, condenado a muerte por los poderes económicos, militares, religiosos, y políticos.

Sí, fue un delincuente, un antisistema, que se enfrentó a los poderosos pues era la Buena Noticia (Evangelio) para los pobres, para  dar libertad a los cautivos, desobedeciendo las leyes políticas y religiosas, poniendo en el centro de la historia al ser humano y a su  dignidad, denunciando a los que poseían el poder, Él se saltó las leyes de Roma.

El que se abriera el pensamiento y la conciencia del pueblo, no era aceptado por los poderes económicos, religiosos, militares y políticos pues Jesús quería que el pueblo se liberara, que la sumisión, y la resignación se transformaran en libertad, paz, solidaridad, reconciliación, igualdad, fraternidad y amor y lo hizo todo desde una actitud de desobediencia social y religiosa.

Y la reacción fue como con otros muchos en la historia, donde ateos, agnósticos y humanistas que lucharon por un mundo que soñamos se les asesinó, como a Jesús en un juicio sumarísimo, siendo los defensores del orden social quienes lo mataron.

Señora María Dolores, Jesús sigue siendo crucificado en los refugiados que huyen de las guerras y el hambre, se les ponen alambradas, se impiden rescates humanitarios, y hasta se presume de sus expulsiones, y ni siquiera se cumple con los 17.000 refugiados que os comprometisteis a recoger, Jesús sigue muriendo en la violencia contra las mujeres, y sin embargo denigráis a las mujeres que se manifestaron el 8M, o a los pensionistas del 17M.

Agradezco el gesto del arzobispo de Madrid Carlos Osoro, cuando dijo que hasta María iría a las manifestaciones, otra cosa es el Cardenal Rouco Varela, ese os lo pone fácil.

Hay una gran incompatibilidad entre lo militar y la fe, y la actitud de los curas castrenses cuando bendicen armamento que solo sirve para matar lo que aumenta el cinismo y la hipocresía que se extiende a los que defendéis políticas para el poderoso, y que a algunos les recompensan a través de las puestas giratorias con puestos en grandes empresas.

Que no se vuelva a pedir un luto despreciativo para Jesús, porque ese luto se encuentra entre los que mueren ahogados en el Mediterráneo, o bajo los escombros de las bombas que se venden a otros países.

Es gracioso ver como se desprestigia la palabra “comunista”, cuando Jesús fue el primer comunista de la historia, promulgando la “IGUALDAD”, la solidaridad y el amor.

A parte de las creencias están los valores humanos, la honestidad, la empatía por un mundo más justo sin fariseos ni sepulcros blanqueados, sin hipócritas.