Domingo, 24 de junio de 2018

Modestamente les cuento

Hoy tengo un motivo especial para hablar de mí, mi duda está en si debería contarlo o callarlo, pues siempre se dijo que no es muy correcto que quien escribe se presente como protagonista de la noticia, además, dicen que las biografías de los escritores están fantaseadas por las editoriales o demasiado subjetivadas por los propios autores, si no inventadas, como fue el caso de Valle, así lo llamaba Umbral, que para darse a conocer en los círculos literarios del Madrid de su tiempo inventó su propia biografía.

En ella no solo dejaba entrever que él era el rey de la bohemia, sino un tipo de cuidado que cargaba en su haber con nada menos que un asesinato. Y tan bien escribía el gallego, a la postre fustigador sin piedad de nuestro primer Nobel, Echegaray, que consiguió ser creído por gran parte de la intelectualidad del momento y tratado como un tipo de cuidado. Claro, lo malo de las noticias falsas está en que, como las mentiras, tienen las patas muy cortas, así nos enseñan los dichos populares, pero con aquella ingeniosa presentación el camino lo dejó abierto y su calidad literaria hizo el resto.

No obstante, el joven Valle-Inclán utilizó su ingenio en esa edad en la que, para vivir del oficio de escritor, ante todo, uno debe de ser osado. Les adelanto que ese no es mi caso, entre otras cosas porque servidor está en la edad en la que se disfruta más de la tranquilidad y de los silencios que de los estipendios. Hoy, día 6 de marzo, arribo a la juventud de la tercera edad (modernamente, viejenials), ese día en el que siempre soñamos llegaría la jubilación, esos 65 años que para algunos pueden ser 40 y para otros 90, según su salud psíquica y física, pero sea como fuere, es una edad en la que, en el caso mío particular, si la susodicha es generosa, puede ser que tenga mucho que aprender y decir.

Últimamente se ven por las redes camisetas en las que se habla de las virtudes de la cosecha de 1953, la mía, aunque sin ninguna base científica o social que lo avale, al menos yo lo creo así. Por ejemplo, España en aquel año “disfrutaba” del “decimocuarto año triunfal”, y aunque servidor nacía con los ojos abiertos -raro en la época-, ni veía ni recuerda nada en especial de aquellos días, posteriormente me enteré que nuestro país era un solar y que mucho peor hubiera sido aparecer diecisiete años atrás, o sea, en plena guerra, ya que servidor hoy gozaría de 82 años, y dicho sea de paso, sería de estos amigos que con sus bielas ya desgastadas pelean en las calles por una pensión digna, con lo que pelear quizá sea su sino, pues les aseguro que la mayoría ni siquiera en su infancia tuvieron fácil mamar la blanca leche que sus madres generaban con muy escaso pan negro.

Fuera de España, en Colombia, nos congratula que este día de mi nacimiento, un 6 de marzo, aunque de 1927, fuera la puesta en cuna de quien -con permiso de Borges, Mistral, Neruda, Sábato, Cortázar, Vargas Llosa, u otros de allende el Atlántico- sería número uno del asunto literario, o sea, nuestro admirado Gabriel García Márquez. Pero no lo busquen en aquel día, que no hallarán ninguna reseña de “hoy llega al mundo Gabo”, pues la historia no se escribe así, primero son los méritos, y, sin ánimo de molestar, distinto es el caso de la otra historia, la que se anuncian reyes o reinas como infantes o infantas, en la que encontraremos que “hoy dio a luz la reina nuestra señora un hermoso vástago llamado a la sucesión y que llevará por nombre equis… y de todos los Santos”.

Bueno, lo último es una respetuosa broma, hablemos un poco de filosofía de vida. Esa que todos tenemos, o deberíamos tener a la altura de estos años, que a veces nos la dio la lectura de grandes profetas y poetas. Y no sé si les gusta aquello que decía Confucio -dicho por él, ¡eh!, no adjudicada por ser quien fue-. Confucio, como si hablara para el mundo de las artes, decía: “Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos”.  Y otro axioma suyo era aún mejor: “No te preocupes de no ser conocido; de lo que se trata es ser digno de ser conocido”. Grande Confucio.

En un momento hablaremos de poesía, pero antes les quiero decir que por edad, a los ojos de la juventud, servidor ya no morirá de joven, entramos en la prórroga y esto es una suerte. Sin embargo, soy tan humano como cualquier ser que habitare este planeta, no existen seres distintos, si acaso, como dijera alguien, cuyo nombre no recuerdo, “nadie es más que nadie si no hace más que nadie”. Y ahí está el herrero bueno, el médico bueno, el peluquero bueno, el albañil bueno, el informático bueno -se entiende bueno o buena-, etc.

Y hablando de poesía, hace un par de semanas en la Sala de la Palabra del Liceo salmantino, el Ateneo de Salamanca, bajo la dirección de Luis Gutiérrez y contando como invitado con el escritor Francisco Blanco Prieto, como conductor y conferenciante en el acto, junto a un grupo de rapsodas que dieron lectura a algunos poemas, se realizó un homenaje al eterno León Felipe en el cincuenta aniversario de su fallecimiento. Con León Felipe -todo poesía-, es difícil elegir un poema que no lo podamos hacer nuestro. Pero si acaso no dejen de buscar en Internet su poema “Perdón”. Disfrútenlo, que nos hace mejores.

Por último, con mi madre DOLORES entre nosotros, permitidme le dé las gracias por tanto como le debo: TODO.