Viernes, 23 de febrero de 2018

Seis letras

No, no es Madrid, que las tiene. ¡Es el H-A-M-B-R-E!, que también tiene seis letras pero con tinta roja, porque son cientos y miles y cientos de miles los que mueren cada año por eso, por hambre. Nadie los cuenta, claro, pero la FAO y la OMS los calculan. Y después de unos años de disminución, en los dos últimos han aumentado: este año pasado con los menores de cinco años muertos en un día, en un solo día, por desnutrición se podría hacer una fila desde Salamanca hasta Zamora, una fila interminable y dramática a lo largo de sesenta kilómetros. Y cualquiera, si quiere, se la puede imaginar, porque no es más que una fila de cincuenta y cinco mil niños a lo largo de la carretera, todos nacidos después del año 2012. Y no han llegado a cumplir sus cinco años. Y aquí no hablo de sanidad ni de educación ni de vida digna, sólo hablo de muerte por hambre. Y si has llegado hasta aquí, amable lector, procura leer hasta el final, por favor y por solidaridad.

Las causas de esta barbaridad que es el Hambre en El Mundo son muchas y complejas y se reparten, quizás a partes iguales, entre los países ricos, las grandes compañías supranacionales y los países pobres. Y esas causas, con distinta incidencia y velocidad, son:                                                                                                                                                   ** la explotación generalizada de las riquezas del Sur que van a parar a las grandes compañías y a los países que las consumen,                                                                                                                                       ** la corrupción instalada en los países subdesarrollados que hace casi imposible un progreso justo,                                                                                                                                                                       ** la voracidad de toda clase de alimentos y productos que ha desarrollado el mundo rico,                                                                                                                                                                           ** la pérdida y la reducción a basura de toneladas y toneladas de toda clase de alimentos y materias que serían suficientes para la alimentación y el desarrollo de toda la población mundial,                                                                                                                                                                  ** el comercio injusto sobre todo de mano de obra y de materias primas,                                                                                                                                                                    ** la deuda externa alimentada por las instituciones económicas que ahoga todo crecimiento equilibrado, 

       ** las guerras internas y los desplazamientos masivos con la inestabilidad económica que producen,                                                                                

       ** la falta de inversión agrícola inteligente y generosa en todos sus niveles,                                              

     ** la obsesión generalizada en las sociedades ricas por la ganancia y el crecimiento –acaparamiento, ahorro, superávit, consumo, explotación, insolidaridad económica, etc- a cualquier precio...

       ** Y otras causas que entre todas tejen la trama de un mundo asentado en la injusticia, en la violencia y en la muerte.

Y todo esto sin contemplaciones, sin mover realmente ningún resorte importante para poner remedio, sin ensayar los muchos medios que el mundo tiene hoy para a medio plazo acabar con el hambre y la muerte en el mundo. Sin voluntad política no hay ni pan ni dignidad para los que hoy no los tienen. Y es lo que falta.

Y hay que recordar que en sus actuales medidas trágicas y generalizadas esto no existía hace setenta años. Es una realidad sistémica instalada en el mundo en las últimas décadas. Por eso sorprende que un grupo de mujeres -¡ya estamos!- decidieran un día en Madrid hace cincuenta y nueve años comenzar una reacción que llamaron Campaña contra el Hambre en el Mundo. Nada menos. Sólo que ha llegado hasta hoy sin dejar de crecer, hasta ampliando su nombre a Manos Unidas, y haciéndose presente con eficacia y calidad en medio  mundo, hasta el último rincón del mundo pobre, sea en Haití o Camboya, en Filipinas o en la República del Congo, sin dejar para atrás el poblado más perdido en la Amazonía o en cualquier favela de Río. Es como un milagro, pero a base de trabajo, de pasión, de mucho amor y de muchísima gente.

Y recuerdo yo, que soy voluntario de Manos Unidas desde el año 1965, que cuando entonces hablábamos del hambre y llevábamos carteles con esa palabra impresa, la gente se extrañaba porque la idea del hambre en el mundo era desconocida y sonaba a cosa como de invento y hasta falsa. Sólo cuando el Club de Roma, aquella institución interdisciplinar y holística como nunca la hubo después, publicó un manifiesto llamando la atención –era ya el año 1969- sobre la amenaza del hambre en el mundo, la alarmada propuesta de aquellas mujeres comenzó a tener credibilidad y verdadera consistencia. De aquellos trabajos vienen estas eficacias actuales.

Hablando de eficacias. Se menciona muchas veces –más desde el rechazo o la lástima que otra cosa- la masiva e incontenible salida de millones de personas que dejan su tierra buscando espacios donde esperan encontrar el pan y la paz de cada día. Quiero destacar un dato comprobable: con los seiscientos proyectos de progreso y desarrollo humano que financia Manos unidas cada año en el mundo más pobre da la oportunidad de asentamiento y de vida digna en su propia tierra a cientos de miles de personas, que no tendrán que escapar del hambre ni de la miseria ni de la inseguridad. Y esto lo hacen a la vez cientos de Organizaciones por todo el mundo manteniendo abiertos muchos caminos rigurosamente eficaces frente a la emigración forzada. Es la única solución humana y digna. Hagamos que lo oigan los señores del poder y de la guerra.

Quizás, aunque me supongo que no, tenga que haber alambradas y muros por medio mundo, desde México a Macedonia o desde Belén a Ceuta y hay gente que así lo piensa y hasta lo hace, pero sin duda sería más eficaz un buen desarrollo humano bien financiado y organizado; quizás, aunque me supongo que no, haya que desplegar con enorme gasto económico y humano fuerzas de todo tipo por cientos de fronteras en el mundo para evitar a la fuerza que la gente vaya o venga y de hecho hay mucha gente que así lo piensa, así lo exige y así lo hace. Pero sin duda alguna sería más humano, más eficaz y mucho más barato un acuerdo general para emplear todos esos medios en proyectos sostenibles que den alimento y justicia, y ofrezcan tierra, medios y bienestar, de forma que nadie tenga que escapar para buscar lo que no tiene.

Y mientras tanto la ciudadanía del norte en general, porque también aquí y al lado hay mucha gente que malvive bajo la miseria o la escasez extrema, tendremos que tomar algunas medidas graves y diarias, desde un consumo razonable en medidas sostenibles hasta una austeridad solidaria que llegue a los que la necesitan, desde un cuidado exquisito de todos los bienes comunes que son de todos hasta reutilizar con inteligencia para no saquear ni agotar el futuro de la tierra en cualquiera de sus niveles. Y a la vez, y no menos importante, exigir a los gobernantes de cerca y a los de lejos una especial sensibilidad ante todos estos problemas y su voluntad política de aportar la parte que a ellos les corresponda. Y si no es así, no votar o votar a otros que sí lo hagan. O intentar botarlos, que ya es otro cantar con mala música.

Ah, en este campo de las posturas y acciones concretas es muy importante la participación y hasta la pertenencia a alguna, o a varias que no es problema, de las Organizaciones que promueven el desarrollo de medidas humanas y de calidad contrastada. Es tarea de todos, voluntarios, colaboradores y socios, y entre todos se hace hoy una labor que sólo el futuro demostrará lo importante que ha sido y está siendo para media humanidad. También tú, ciudadano de a pie, tienes la palabra. Da un paso y actúa.