Viernes, 23 de febrero de 2018

Hambre

Cuanto más crece la riqueza, mayor es la diferencia entre los ricos y los pobres

En estos días, la meritoria institución de Manos Unidas nos convoca a una Campaña Contra el Hambre, que ya ha cumplido más de 50 años y que, sin embargo, necesita seguir invitándonos a tomar conciencia de esta gravísima, vergonzosísima diría yo, realidad que aqueja a nuestros pueblos.

En el mundo occidental, como oímos continuamente que la crisis económica está siendo superada, olvidamos normalmente que el crecimiento económico global no lleva necesariamente consigo que todos puedan beneficiarse de esa mejora. Al contrario, cuanto más crece la riqueza, mayor es la diferencia entre los ricos y los pobres, y éstos se ven avocados muchas veces a una pobreza generalizada, y en más casos de los que se reconoce, los vemos sumidos en una pobreza extrema, que llega a tener que pasar por situaciones de hambre y, en muchos casos, a morir por causa del hambre, o por causas derivadas de la falta grave de una nutrición adecuada.

Y esas situaciones ocurren, no sólo en los países del llamado tercer mundo. También entre nosotros encontramos personas que solicitan ayuda para el sostenimiento mínimo en la misma calle. Y hasta observamos a algunos que se acercan en busca de algún alimento básico entre los desperdicios de las papeleras o incluso en los contenedores de basura. Por otra parte, son muchísimas las personas que acuden a centros de socorro en busca de alguna comida caliente en comedores de asistencia. Y muchos que se llegan a los bancos de alimentos para poder subsistir en el día a día.

No digamos ya la situación generalizada de pobreza, desnutrición y muerte consecuente que ocurren cada día en gran número de personas en los países del sur, y particularmente en los países subsaharianos, pero también en otros asiáticos y americanos, superando las fronteras con los Estados Unidos y aun el muro que el presidente Trump pretende construir. No tiene nada de extraño que muchos arriesguen su vida en huidas de los que buscan refugio, en destierros económicos forzados, en movimientos de emigraciones masivas, como fruto de riesgos de guerra o violencia, pero también por falta de medios básicos de alimentación.

Nada extraño que grandes multitudes arriesguen su vida en las pateras mediterráneas o en las huidas hacia Europa de gentes de los países del Asia occidental o media. Con los abusos propios de los explotadores y aun de las mafias, que exigen cantidades de dinero desorbitadas por ofrecer medios de transporte elementales o por promesas de apoyo en la superación de fronteras.

¿Qué podemos hacer ante estas vergonzosas situaciones? Los técnicos dicen que en nuestro mundo hay producción de suficientes alimentos para satisfacer las necesidades básicas de todas las personas que lo habitan. ¿Por qué entonces no nos ponemos en marcha para remediar estas situaciones humillantes?

Ni la organización mundial de la FAO, fondo para la mejora de la alimentación de los países y personas más necesitadas. Ni las reglas del comercio en el mundo. Ni los encuentros de los poderosos reunidos en Davos dan un paso significativo en la búsqueda de remedio al hambre de la humanidad.

Y, mientras tanto, en nuestro mundo occidental se produce un escandaloso desperdicio de alimentos que preparamos en abundancia y luego no podemos consumir. En el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos al año y en los países desarrollados se tiran en abundancia productos aptos para el consumo.

Según los datos de la FAO, el organismo de la ONU para la alimentación y la agricultura, un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo para el consumo se pierde o se desperdicia.

No debiera ser ya necesario promover cada año la Campaña contra el Hambre, pero dadas las situaciones que siguen causando hambre, enfermedad y muerte, no hay más remedio que seguir promoviendo la conciencia de necesidad de cambio en el estilo de vida, y la llamada a la generosidad hasta lograr que nadie, nadie, se muera de hambre. Estará bien que también este año oigamos la propuesta de Manos Unidas: “Comparte lo que importa”.