Viernes, 25 de mayo de 2018

La mala educación

“La grosería es una débil imitación de fuerza” Heric Hoffer

Soy de los convencidos de que en democracia las formas son fundamentales pues, en la mayoría de los casos, reflejan los fondos. También las formas son, o debieran serlo por la misma razón, esencia en las relaciones sociales ya que en ellas se sustenta el dialogo y el consenso. Una de esas formas esenciales de relación es lo que llamamos, al menos llamábamos,  buena educación.

El pasado sábado 3 de febrero se celebró la Gala de los Goyas, dicen que el mayor acontecimiento en el mundo del cine español. En este acto los trabajadores del cine se premian entre ellos, se felicitan, se agradecen, se adulan. También, lanzan a los poderosos directores y productores presentes en la sala, invitaciones para que cuenten con ellos o ellas en sus próximas películas, cortos o documentales, porque el objetivo último es vender y venderse, eso sí bien envuelto todo en reconocimientos y reivindicaciones.

En esta última edición, el hilo conductor de la denuncia fue la escasa presencia de la mujer en puestos de relevancia dentro del séptimo arte, lo cual me parece legítimo y loable. Pero el discurso general, fundamentalmente de los animadores de la gala, tuvo escasísima calidad. Diálogos groseros, aburridos, buscando la risa facilona con muy poco gusto. En cierta ocasión escuche decir que es de mala educación hablar con la cabeza vacía. Sabías palabras

En su primera intervención uno de los presentadores quiso anticipar lo que iba a suceder: Hoy nos vamos a partir el culo. Inicial ordinariez que si, lamentablemente, es frecuente en el lenguaje coloquial, no parece acertada en un acto al que se quiere dotar de encanto y glamour. El resto de sus intervenciones estuvieron jalonadas de palabras soeces, bastas, inconvenientes: acojonado, follar, de puta madre, etc. Todas ellas expresiones más propias de una terraza de verano con los amigos, que de se pronuncidas en el escenario de una gala, vestido con pajarita y frente a un auditorio diverso acicalado de smoking o traje largo. Mala educación, muy mala educación y también muy poca gracia.

Lo triste es que la mala educación – la falta de urbanidad  que se diría hace años – de la que se hizo gala durante la entrega de los Goyas se va expandiendo, va colonizando la sociedad a través de un altavoz tan poderoso como son los medios de comunicación social, principalmente algunas cadenas de televisión. No es que los presentadores o invitados pretendan, usando un lenguaje de escasa altura, acercarse al público, hacerse próximos y cercanos, es que se trata de un camino de ida y vuelta y los ciudadanos nos contagiamos por contacto. ¿Será cierto eso de que las sociedades tienen los medios de comunicación que se merecen de la misma manera que los políticos que cosechan?

Programas como Sálvame, Mujeres y hombres y viceversa, First Dates y toda suerte de programas de telerrealidad (reality shows), junto a concursos de talentos (talent show) y debates irrespetuosos como los de la Sexta Noche, compiten y conviven en las parrillas televisivas siendo algunos de ellos líderes en cuota de pantalla, Pero no me negarán que muchos de los participantes además de mala educación rayan en el esperpento[i]. Cierto es que entre la fauna que pulula por ellos, algunos han logrado ganarse muy bien la vida, léase Jorge Javier Vázquez, Terelu Campos, Kiko Matamoros, Belén Esteban, María Patiño, Karmele Marchante o el propio Risto Megide, merecedor este de una mención especial.

El desembarco televisivo de Ricardo Mejide fue directamente como jurado – sin oposición alguna - en un programa de Antena 3 llamado El invento del siglo, poco exitoso pues sólo duró una semana.Pero Risto, aprovechó la ocasión y, como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie, ya no se desvinculo de la televisión donde ha ido dando bandazos. La quinta edición de Operación Triunfo supuso su consagración como jurado feroz, de comentarios crueles, incluso en ciertos casos humillantes para los concursantes. En él se manifestó como una persona mal educada pero que por esas cosas de vida, encandilo al público, tal vez porque en el fondo todos tenemos un punto sádico.

¡Qué lejos quedaban aquellos tiempos de líder de la banda OM o de profesor en ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas), o director en alguna agencia de publicidad! Hoy, su presencia se cotiza, participas como juez en concursos de todo tipo y además tienes tu propio programa de entrevistas en hora de máxima, todo ello gracias al personaje que ha creado al efecto, ese es su toque diferencial.

El Risto  al que vemos en televisión o escuchamos en la radio, es en mi opinión, es sólo un personaje insolente, grosero y mal educacdo creado e interpretado por Ricardo Megide,  que con astucia manipula a su antojo según las preferencias del público. ¡Gran idea! ¡En una sociedad como la nuestra tenía que triunfar un tipo chulo, malhablado, pedante e impertinente, y tú chico lo has clavado! Para muchos de tus seguidores representas eso que les gustaría ser, pero no se atreven. Yo si embargo pienso que la mala educación nunca está justificada y que la grosería es una débil imitación de fuerza[ii].


[i] Situación grotesca o estrafalaria. RAE

[ii] Eric Hoffer.