Viernes, 25 de mayo de 2018

ITV y desguace

No es fácil aceptar nuestras limitaciones corporales, espirituales y de convivencia

En esta semana me ha tocado llevar mi coche a la revisión anual de la ITV. Por otro lado, recientemente hemos pasado en nuestra casa por la experiencia, frecuente por otra parte, de dos compañeros que han fallecido, y de otro que ha sido llevado por sus familiares a una residencia más próxima al lugar donde éstos viven.

Estos acontecimientos me han llevado a considerar los sucesos humanos en relación con el fenómeno de la revisión del coche. Los coches necesitan realizar esta revisión del funcionamiento de sus puntos esenciales, cada dos años al principio, y cada año a medida que su desgaste y envejecimiento van siendo superiores.

Nuestra residencia, la residencia diocesana de Calatrava, acoge a un buen número de sacerdotes, y de hermanas o familiares de los mismos, en general con edad bastante avanzada. Tenemos la suerte, por su buena organización y el trato cariñoso por parte de las personas que nos atienden, de poder llevar adelante con dignidad las carencias propias de nuestra edad avanzada. Todos los residentes tenemos más de setenta años, y algunos pasan de los noventa.

Esta atención especializada y llena de respeto y cariño, ayuda a que el coche pueda seguir funcionando y se mantenga alejado del irremediable desguace final el mayor tiempo posible. En la semana pasada fallecían dos sacerdotes meritorios de edad bien provecta: Don Julio Manzanares Marijuán, sacerdote de Logroño, especialista y profesor de derecho canónico en la Universidad Pontificia, que dirigió a esta universidad durante un mandato como Rector Magnífico de la misma, entre los años 1998 y 2002. Falleció después de una larga vida de 85 años.

Pero, más longevo todavía, fallecía al día siguiente el sacerdote salmantino Don Segundo Delgado Hernández. Había llegado a los 94 años, siendo el sacerdote mayor de la diócesis.

Con todo el respeto, podemos considerar a estos dos sacerdotes como llegados a la etapa del desguace. Claro que los cristianos sabemos que el que muere pasa a una nueva etapa de su existencia en espíritu, a la espera del recorrido final que nos lleva a la vida eterna y definitiva. Por tanto, no es exacto considerar el suceso de una muerte como punto de desguace.

En etapa previa a la final estamos en la residencia diocesana un buen número de sacerdotes, aprovechando los días que el Señor nos quiera conceder, y llevando a cabo la mínima actividad de la que somos capaces. Muchos sacerdotes de Salamanca han dejado a los 75 años su regencia de diversas parroquias de la ciudad, y ahora siguen echando una mano en otras parroquias, residencias, monasterios de clausura u hospitales.

No es fácil aceptar nuestras limitaciones corporales, espirituales y de convivencia, en cualquier circunstancia, individual o comunitaria. Pero, con todas las dificultades por las que haya que pasar, tenemos que dar gracias a Dios por disponer de una hermosa residencia en el noble edificio de Calatrava.

Igualmente hay que agradecer la competencia y el cariño con que nos atienden las auxiliares de enfermería y los demás profesionales que se dedican a nuestro cuidado. Disponemos de una habitación digna, del alimento necesario y adecuado a nuestra situación personal; de médico, medicinas y la atención médica necesaria, de eucaristía diaria y de auxilios espirituales apropiados.

Es un buen momento para agradecer a nuestra diócesis el acierto de la construcción y el digno funcionamiento de nuestra residencia diocesana, tan admirada por tantos que pasan temporalmente por nuestra casa, para asistir a alguna reunión pastoral o a realizar algunos estudios en la Universidad Pontificia o en alguna otra institución de enseñanza de las que goza nuestra ciudad, como la Universidad de Salamanca o las prestigiosas academias de estudios del idioma español.

Confiamos en que, pasando la necesaria ITV, vayamos llevando adelante los años, ojalá que sean muchos, de nuestra digna y fructífera vida sacerdotal.