Viernes, 23 de febrero de 2018

He tenido un sueño

Un buen día las instituciones de la Unión Europea, sin saber el cómo ni el porqué, decidieron cerrar sus sedes en Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, en las que se encontraban desde hacía más de cincuenta años, y mudarse a otras ciudades de la Unión. Con el objetivo de repartir la excelencia como el pan de los pobres, establecieron que su residencia en cada nueva sede sería como máximo de 10 a 15 años, para que todos los ciudadanos europeos convivieran con sus representantes políticos y pudiesen disfrutar de su siempre sabía, laboriosa y ética presencia. Así haremos más Europa –parece que comentaron. A Salamanca le tocó acoger al Parlamento Europeo, también llamado Europarlamento, Eurocámara o Cámara Europea. Fue cosa de ver llegar a los setecientos cincuenta y un parlamentarios con sus correspondientes secretarios, secretarias, chóferes y adláteres, en aviones privados (ampliaron MATAPERRO), helicópteros (construyeron un helipuerto junto a la cueva de la Múcheres, en AVE (de la factoría AVETREN), y en coches que sólo habíamos visto en las películas de James Bond. ¡Cómo se lucieron los tamborileros y flautistas de la Charrería recibiendo a los portentos! ¿Y los periodistas? Fueron miles de todas las cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos del mundo. Unos y otros con magníficos sueldos, prodigiosas dietas y otros polvos de la madre Celestina para facilitarles el duro bregar de construir Europa. LA CARABA ¡Entonces sí que entendimos lo que era ser europeo! Los hoteles con encanto de Salamanca, Béjar, Ciudad Rodrigo, Zamora, Valladolid y Ávila pusieron el cártel de completo, con lo que hubo que construir nuevas residencias fascinadoras para gente con tanto encanto. ¡Hasta las viviendas particulares vacías se ocuparon ante la escasez de alojamientos! UN MILAGRÓN. Lo de los restaurantes fue otro cantar, porque los mejores y más laureados chefs del mundo se establecieron en Salamanca (el cielo de Fernando Gallego quedó eclipsado frente a tanta estrella), para satisfacer aquellos exquisitos paladares que representaban a los de todos los europeos. ¿Para qué hablar de las boîtes, night clubs, teatros, cinemas y circos? Los directivos de las fábricas de coches raros encontraron nuestra localización gracias a los GPS, y en un abrir y cerrar de ojos abrieron concesionarios en El Montalvo V; Ferrari, Porsche, Lamborghini, Bentley, Roll-Royce, Lotus y demás. Daba gusto compartir atasco con nuestros euro-representantes en el alto del Rollo, en la calle de la Risa o en el Caño Mamarón. Otro tanto les pasaba a los ciudadanos de a pie, que iban a tomar un café al Novelty, o al Toscano, y se daban de narices con parlamentarios de Alemania, o de Polonia, o de vete tú a saber, que estaban arreglando el mundo libre acodados en la misma barra que ellos. Una gozada. Y lo que nos dejó patidifusos fue que nos conocieran en todo el mundo, que un día sí y otro también estábamos en boca de la ABC, CBS, RIA NOVOSTI, BBC, XINHUA, RT, o en la de la mismísima CNN, aunque al final resultó algo cansino, porque después de siglos y siglos de olvido, de repente la ciudad de Salamanca por aquí, la ciudad de Salamanca por allá…, un atracón.