Lunes, 21 de mayo de 2018

Novelistas, una especie en peligro de extinción

El mundo está cambiando muy deprisa; todos los días oímos y vemos noticias sobre los trabajos del futuro y la mayoría de los adolescentes piensan que el trabajo con el que se ganarán la vida aún no se ha inventado, pero, ¿qué trabajos son los que dejarán de existir?

Uno de ellos es el de escritor o escritora tal y como ahora lo entendemos, porque se le está atacando por absolutamente todos los frentes.

Primero fueron los ebooks. La comodidad de llevar en un dispositivo electrónico, que ocupa menos que un libro de bolsillo, toda una biblioteca con títulos de todas las temáticas que se te ocurran y la mayoría de ellos gratis, con el consiguiente ahorro de espacio en la maleta, en la estantería del salón y sobre todo de dinero, nos facilita mucho las cosas a los lectores, pero obviamente se la complica a los que quieren ganarse las lentejas escribiendo.

Luego vinieron los fenómenos mediáticos tipo Belén Esteban. El hecho de que su libro sea el más vendido, puede que cree un espejismo en cuanto a aumento de ventas, pero ni fomenta la lectura ni ayuda en nada al sector editorial, salvo a esa editorial concreta en ese momento concreto.

Ahora estamos con el fenómeno de los youtubers. Por lo visto, sus patrocinadores les obligan a escribir libros, que seguramente sí sean comprados en masa, pero que ayudan lo mismo que el de Belén Esteban: un pico puntual en las estadísticas de turno.

Entremedias, estamos los lectores asiduos. Hasta hace unos años yo me autodefinía como “lectora compulsiva”, era habitual verme con un libro en las manos; pero desde la popularización de las redes sociales, entre el facebook, el telegram, los emails de Ganemos Salamanca,… mi cuota de lectura diaria está más que cubierta, yo ya no tengo tiempo para leer novelas, y no creo ser una excepción, seguro que hay más gente a la que le pasa lo mismo o parecido.

Así que las editoriales van a tener que elegir, como lo han hecho ya el resto de sectores, entre los beneficios rápidos y “fáciles”, o la calidad y la satisfacción por el trabajo bien hecho.

Y yo creo que van a elegir lo primero, al menos a la larga, porque la “satisfacción por el trabajo bien hecho” es un valor en desuso; tanto, que ya casi no se ve en casi ninguna profesión. Para ejemplo cualquier departamento de atención al ciudadano de cualquier empresa o servicio, da lo mismo que sea público o privado. A las empresas no les interesa ya el trabajo bien hecho, y mucho menos la fidelización de clientes; lo que les interesa es el dato puntual de hoy ¿cuántos clientes tengo hoy? Da igual que sean nuevos que de toda la vida, ambos puntúan exactamente igual. Pero a sus comerciales no les pagan por igual, solo les pagan por cliente nuevo, con lo cual, si tú ya eres cliente, les importas un pimiento, así que te darán buenas palabras pero solo te dedicarán toda su atención si creen que pueden venderte algo.

Es de esperar que las editoriales vayan por el mismo camino: que no estén dispuestas al esfuerzo de publicar novelas de calidad, porque cada vez darán menos beneficios, y se decantarán por las superventas momentáneas, libros de usar y tirar porque su único valor es el papel en el que están impresos.

A menos que cambie la mentalidad de la sociedad al completo. Y no tiene pinta, más bien parece que esto va a ir en aumento, y en progresión geométrica, en las próximas décadas.

El futuro se presenta como un “sálvese quien pueda” a todos los niveles, y no me parece que los novelistas en general tengan chaleco salvavidas, la mayoría de ellos no tendrán ni siquiera manguitos.