Martes, 23 de enero de 2018

¡Benditos animales!

El próximo miércoles es el día de San Antón, el patrón de los animales, y ese día en el parque de San Francisco tiene lugar la bendición de los animalitos que viven en nuestras casas haciéndonos un poco más felices. Para mí es un día muy especial porque esta tradición había desaparecido de la ciudad de Salamanca y fue mi abuelo, que tenía una clínica veterinaria dedicada a los pequeños animales, quien tuvo la ocurrencia de recuperar una tradición que había desaparecido, porque durante años fueron los animales de carga y trabajo los que recibían la bendición y al desaparecer de la ciudad dejó de hacerse la bendición.

Como muchas cosas, fue todo una casualidad. Su amigo, el padre David de la Calzada, un afamado predicador capuchino, lo visitaba todas las tardes de los jueves para tomarse un café con él y tener una tertulia que duraba horas. Un día, próximo a San Antón, mi abuelo le preguntó a quien me bautizó y dio la primera comunión, que si sabía la razón por la que ya no se bendecía a los animales en Salamanca, recibiendo la explicación que antes les he dado, a lo que le respondió: “Pero ahora hay otros animales dentro de la ciudad, los animalillos, perros, gatos, pájaros, peces, y sería bonito volver a hacer la bendición para ellos”, a lo que el padre David le contestó que le parecía una buena idea y que consultaría con su superior, respondiéndole aquella misma noche que los capuchinos estaban dispuestos a acoger este acto, pero que se le habían ocurrido algunos cambios que le detallaría al día siguiente.

Los cambios eran dos. La bendición se vería precedida de una misa que se celebraría en la maravillosa iglesia de los capuchinos, a la que podrían asistir las mascotas con sus dueños, y en vez de bendecir a los animales a la puerta de la iglesia, se trasladarían todos al parque de San Francisco y ante su escultura se haría la bendición. Según el padre David, San Francisco debería ser el patrón de los animales, pero se le adelantó en varios siglos San Antón, aunque sea menos conocido, y la Iglesia no lo ha cambiado.

Desde entonces (¡ya han pasado 40 años!), la bendición de los pequeños animales se hace siguiendo el ritual que marcaron dos grandes amigos y dos personas queridísimas para mí, que nunca he olvidado ni olvidaré, buenos como una hermosa hogaza de pan, cariñosos y simpáticos. Por esto, este miércoles los recordaré como si estuvieran presentes, aunque hace años que se fueron con Dios, y si puedo me acercaré a la iglesia y al parque, si es que mis ocupaciones jurídicas me lo permiten. Si nunca han ido, no se lo pierdan. Yo lo que les recomiendo especialmente es la misa y el momento de la comunión: es emocionante ver a tantas personas acercarse a recibirla con sus animalitos en brazos, engalanados porque es su gran día.

Ante tantos problemas que da la vida, sumergirte en una fiesta entrañable como esta, le da a uno energías y vitalidad para seguir adelante. Te hace ver que hay cosas que no tienen nada que ver con la política, la corrupción o la codicia, que hacen sentir como un don estar vivos. Los pequeños animales son una de ellas: fieles, amables, dulces, esperándote siempre, no fallándote nunca. ¡Cómo no van a merecerse que se les festeje! Si tienen una mascota, no hace falta que se lo diga, alégrense por tanto como reciben. Yo todavía tengo a mi maravilloso Teo, con catorce años encima, viejecito pero entrañable, y no dejo de quererle porque él me ha dado mucho más a mí que lo que  ha recibido. Quien tenga un animalillo, ¡feliz día de San Antón! y quiéranlo tanto, al menos, como él a ustedes.

Marta FERREIRA