Miércoles, 25 de abril de 2018

¿2018?

De caza con Manuel Fraga Iribarne

Siguiendo una costumbre ‘ancestral’ (por la cantidad de años que llevo haciéndola) recibí la primera mañana del Nuevo Año 2018 en pleno campo; viendo la salida del Sol, sin que este simple acto cotidiano, haya dejado aún de sorprenderme. Decía Gabriel y Galán: “Así murió aquella tarde solo y quejándose el Sol”… Yo modestamente susurraría: “Así nació esta mañana pletórico el Sol, no estaba solo; estábamos él y yo”… un año más.

Aunque debo reconocer, qué ya me es difícil el poder hacerlo, pues: “La pérdida de elasticidad de mis paredes vasculares, lo que se llama arterioesclerosis es inevitable y pertenece al grupo de manifestaciones que siempre se presentan en la edad senil ¿qué?... para qué me voy a engañar, es la mía. Y no hablo y escribo de los cartílagos osificados, los huesos se hacen quebradizos, el tímpano del oído se engruesa y el cristalino pierde elasticidad. Y ¿Para qué continuar?... ¡aún hay más, mucho más! dentro de la perplejidad de la vida

Pero yo quería deciros en este señalado día: que un año más ¡y van! He vuelto a ver salir el Sol, en un año que comienza practicando la caza deportiva, cuando cuento con 83 para 84 años de edad. Y a la memoria han venido muchos recuerdos. Recuerdos, que como decía un amigo: “Es como si estuviéramos en el vagón de un tren en marcha, a través del que vemos pasar las estaciones y paisajes. Hasta que de repente nos encontramos con que hemos llegado al final del trayecto… a una –parada sin fonda—“

En este mundo actual de las-redes sociales- y de la información como espectáculo ¡Dios mío!  Ingente fue el “batiburrillo” de videos, “en algunos momentos angustioso”. Y aunque  nuestra generación (la mía) ha sido testigo de hechos excepcionales: “la llegada del hombre a la Luna, los atentados a las Torres Gemelas, la caída del Muro de Berlín y muchos acontecimiento relevantes más; no son nada comparables con “esto” de los WhatsApp y el tema cansino de Puigdemont, que llegaros a nuestros móviles  en los días 31 y el 1 del nuevo 2018 ¡INCREIBLE!... ¡Por Diossssss diría nuestra inefable Mari Loli!

Para evadirme de todo ello, amigas y amigos, permitirme hoy  que os cuente “mí” mañana del nuevo día del 2018 en los campos infinitos de los que alguien dijo: “Tierras pobres, tierras tristes, (menos mal que añade,) tierras que tienen alma”. Seguro que lo que os contaré ahora, también la tiene:

--9,45 de la mañana (¡ya he visto amanecer!) y en este silencio abismal resuenan con eco unas voces casi inentendibles por la distancia—Venga… venga… Son las de tres galgueros que desde un altozano a la trasera del cementerio, dan voces de aliento a tres galgos que corren tras una liebre que defiende su vida, pero… que viene a morir a “mis pies” en la “escombrera” de Casa Carlos. ¡Ha sido fantástica la carrera y yo espectador en primera fila!

Son las diez y veinte cuando estoy por las Laderas de “EL Pozuelo” y de improviso, de “mis pies” sale una liebre encamada que me sobresalta. (No disparo, ya que “los de escopeta”, no podemos tirar las liebres) ella corre asustada buscando el perdedero y yo la veo marchar y pienso, casi en voz alta: “en la caprichosa suerte; la liebre de los galgos murió, esta “mía” buscó la libertad y tuvo suerte… la encontró”. Yo, era espectador de “primera fila”…

A las once y diez, el viento sopla con mucha fuerza y hace un frío del carajo. No he visto las perdices y solamente a lo lejos vislumbro la figura de un cazador que también desafía las inclemencias del tiempo. Los que bien me conocéis y llegados a este punto diréis: “otro chiflado más”… Por mi parte pienso: “Él tendrá unos veintitantos años, y yo 83 ¡Dios mío lo qué le queda a este chico por “patear” por estos pagos…¡qué envidia!

De repente, cuando andaba en estas cavilaciones, de un matojo que estaba a “mis pies”, ha salido una perdiz volando y que al darla de pleno el fuerte viento se convirtió en misil supersónico…  y tal vez por ello, o tal vez por lo otro, que no es otra cosa que lo que os contaba antes del paso de los años y “el tímpano del oído que se engruesa y pierde elasticidad”, o siendo más claro: “que no oigo bien”… ¡la única perdiz que vi en toda la mañana (y cerca, muy cerca) se marchó a criar.

 Pasadas las 12, me veo sorprendido al coronar una loma pues en un regato seco y con arena ,  estaban en ella marcadas las huellas de mis botas de caza, otro día que estuve por allí; pero marcadas en dirección contraria, entonces venía y ahora me iba. Puse mi bota derecha sobre una de ellas y eran coincidentes. Entonces reflexioné: “En esta vida, todo son pasos encontrados; pero pocas veces tenemos la suerte de que coincidan”.

Están a punto de ser las trece horas, cuando ya camino de casa llego hasta la confluencia de los cinco caminos cerca de “Los Pinares”. Allí, en esa confluencia están esparcidas las cenizas de nuestro hijo Javier—Javi--… Cuando voy de caza y paso por este recordado lugar (como hoy)… siempre tenemos una pequeña plática. Él quiso que sus cenizas estuviesen allí, en esa unión de los cinco caminos, porque siempre fue amante de la Libertad y de los Destinos Infinitos inacabables…

Hoy solamente le dije: “Pronto “andaré yo también contigo en estos lares”… ya no estarás solo y veremos la salida de Sol todos los días juntos; sin que nunca ello, deje de sorprendernos”.

A las trece y diez inicio el regreso; ha sido una jornada en este primer día del 2018 nula en cuanto a resultados cinegéticos y rica respecto a los sucedidos. Lo hago pensando en el que nos deparará este nuevo año. A lo lejos ya se divisa el pueblo. De las chimeneas de sus glorias (legado romano) sale un humo denso que se eleva lentamente. El fuerte viento arrecia y continúa haciendo un frío del carajo. Por cierto; ya cerca de la “escombrera” de “Casa Carlos”, cuatro o cinco grajos revolotean jugando entre graves graznidos que se multiplican en el silencio del entorno, vuelan bajo,  muy bajo, a ras de tierra, esta tierra querida ¡que tiene alma!. En todo lo alto está ya el Sol mañanero… comienza un nuevo año. Un año más… 

  • Javi y Canela