Domingo, 21 de enero de 2018

Nuevo ciclo

Terminaron las navidades, que como cada año llegan cargadas de ilusiones para pequeños y mayores.

Es muy agradable escuchar un villancico, con ese son tan alegre, envueltas las voces de niños con la pandereta o la zambomba, aunque estas dinámicas y dulces canciones, se hacen insoportables cuando visitas a una gran superficie comercial, dado que más que oír un hermoso villancico, pareciera que te estuvieran bombardeando con él, lo que los hace insoportables.

También nos agrada ver cómo la gente, está más sonriente, más alegre,  con una manera más cercana y solidaria, se observa una actitud diferente a la del resto del año, no visitas una casa en donde no te ofrezcan un mazapán, un trozo de turrón, un polvorón y una copita de vino dulce, pareciera que el mundo ha cambiado a mejor, no hay caras raras ni actitudes ariscas, hay bondad, cariño y mucha cercanía, en fin pareciera que has amanecido en otro planeta.

La gente está preocupada de si llueva o no, pues la cabalgata de Reyes, tiene que salir, tiene que crear esas caras ilusionadas de los niños, esas caritas desbordantes de quedarse con la boca abierta viendo pasar a ese Rey al que le ha escrito su carta para pedirle ese regalo que no siempre llega, o si llega no es el que él les pidió, con lo que toda esa ilusión se convierte en desilusión.

Si algo bueno tiene la Navidad, es la alegría de los más pequeños y la cara de sus padres y abuelos mirando su carita, su semblante con luz propia.

Pero no todo es alegría, sobre todo para esos niños que no tienen ese juguete, ni esa cajita de jalea real, esos niños que viven durmiendo en un colchón en el salón del abuelo porque sus padres han sido desahuciados, que apenas pueden comer, siendo muchos los niños que por desgracia pasan hambre, mientras otros se forran de dinero sin escrúpulos.

También la Navidad es triste para el recuerdo, pues aquellos a los que tanto has amado ya no están entre nosotros.

Pero en definitiva, todo el mundo es bueno o al menos parece serlo. Yo quiero haceros una propuesta, y es la siguiente: “¿por qué no somos buenos en Navidades y pasamos a ser buenos el resto del año?”.