Martes, 24 de abril de 2018

¿Por qué renunciamos al amateurismo en el fútbol?

Firmaba Rafa Ramos el artículo “El otro fútbol” (Jot Down). Pensé que nos iba a escribir sobre la misma expresión que utilizó en cierta ocasión el Seleccionador español, Camacho, para darnos a entender que el fútbol también hay que jugarlo con “pequeños engaños”, que en el fútbol los buenos jugadores “son mentirosos” porque aparentan una cosa y hacen otra llevando a terrenos engañosos al contrario. “¿Qué es el fútbol? El fútbol es un sábado de febrero a las tres de la tarde, con las luces ya encendidas porque en el descanso es noche cerrada, en un partido de rivalidad de tercera división, después de hacer la visita de rigor al pub y meterse entre pecho y espalda un par de pintas de cerveza para calentarse, en una grada de pie, de cemento gris con olor a patatas fritas y hamburguesas, ondeando las bufandas a un viento gélido del Atlántico que hiela la respiración, la pelota apenas visible en medio de la niebla, un césped encharcado por la lluvia o congelado por el frío, la hinchada cantando a pleno pulmón… un árbitro malo, un cielo tenebroso, pelotazos arriba y abajo sin ton ni son y un gol en el último minuto, Ni tiquitaca ni tonterías. Eso es el fútbol”.

Mis recuerdos infantiles de cuando empecé a ver fútbol me llevan al viejo campo de la Unión Deportiva Salamanca, “El Calvario”. Los marcadores simultáneos que referenciaban muchas marcas comerciales, las canciones inolvidables como aquella de “El Reloj de Cascón” (Los más veteranos no lo pueden haber olvidado); aquel olor a “Faria” y los humos que se propagaban mezclados con los intensos olores y fragores del “Licor 43”; “Marie Brizard” o “Anís El Mono”; y cómo no, el coñac “Veterano” o “Terry” el de la rejilla amarilla; entonces no se comían pipas todavía ni los licores estaban prohibidos… “¡Estás como nunca…!” y otras se repetían como canciones publicitarias… Más tarde, cuando ocupé los vestuarios de aquel equipo, todavía tengo impregnado en las meninges el olor a ropa húmeda secada con las antiguas estufas de leña, la grasa de caballo de las botas, los aceites del masaje (guayacol, esencia de trementina, alcohol alcanforado…) Fue aquella época que también utilizábamos el “Linimento Sloan” (El del bigote) o la “Embrocación Hércules”… En otras ocasiones, me vienen a la memoria los sabores de aquellas pastillas que diluíamos en vasos de agua: “Farmacola” o “Diavitan” para darnos energía, no sé si después las prohibieron por riesgo al doping…

         Continuaba Ramos escribiendo: “Hay argumentos para decir que este, el de los equipos pequeños, es el auténtico fútbol. El de los partidos que no se televisan, y a donde los carruseles deportivos de las emisoras de radio no envían ningún cronista. Donde si el árbitro anula mal un gol o se come un penalti, ni trasciende ni se monta la marimorena”. Pero esa idea primigenia del amateurismo nos está abandonando, observen partidos de fútbol televisados a niños de 10 y 11 años, donde los narradores o entrevistadores lo primero que le preguntan al jugador destacado: “¿Cómo sigas jugando así, te van a rifar los equipos?”. Y le sonríen con ese gesto baboso de haber descubierto la quintaesencia del fútbol modesto…

         Salamanca, 4 de enero de 2018,