Miércoles, 18 de julio de 2018

12 campanadas

Cuando pasado mañana suenen las 12 campanadas y entremos en un nuevo año, la tendencia a la melancolía sumará un nuevo peldaño. Un año más es en realidad un año menos, un año menos de vida, aunque a la vez en sentido inverso podamos analizarlo como un año más vivido, con todas las experiencias que ello supone. Pero a medida que pasa el tiempo me voy dando cuenta de que prevalece más la primera sensación: ya me queda menos y, sobre todo, ¿lo aproveché, lo disfruté, extraje de él todo lo que me ofrecía o perdí, una vez más, otra oportunidad?

Es el eterno tema del tiempo, del que con tanta profundidad se ocupó J.B. Priestley, pues  si somos algo (yo creo que sí), es tiempo. Max Aub escribió aquello de que  “el hombre es el único animal que ha nacido para ver pasar el tiempo”. Pero el tiempo no es uniforme, es una magnitud que permite estiramientos a la vez que encogimientos, se puede ganar o perder, tirar por la borda miserablemente o gozar a tope del mismo, y eso depende en gran parte de nosotros mismos.

Por eso a punto de cerrarse 2017, me pido para 2018 atreverme a vivirlo a fondo y en todas sus posibilidades, no achicarlo sino agrandarlo. Nada peor que esas personas, a las que les queda poco, y te confiesan que perdieron lamentablemente el tiempo, que no fueron lo que pudieron ser, que no realizaron su proyecto vital o porque no lo tuvieron y anduvieron azacaneadas en pendejadas o porque sí lo tuvieron pero lo traicionaron, Dejar pasar un amor al que hubo que decir sí, optar por unos estudios considerando su vertiente crematística y no si satisfacían tus más íntimos deseos, no dedicarle horas a quienes les debías cariño y atención y sustituirlas por vanos y estúpidos placeres. Eso es duro reconocerlo: no hice lo que pude y debí y ahora, al final, no tengo nada, aunque aparentemente haya acumulado mucho, ¿hay algo peor?

Atrevámonos a vivir, se nos da una nueva oportunidad, orillemos la melancolía por el tiempo perdido y apostemos por la esperanza del tiempo nuevo que empieza ahora mismo, ya. No nos traicionemos a nosotros mismos.

Marta FERREIRA