Domingo, 17 de diciembre de 2017
Bracamonte al día

Agustín Martínez Soler: memoria imborrable del sacrificio medio siglo después de su muerte

PEÑARANDA | Una solemne eucaristía en la que se realizaba una destacada semblanza del sacerdote daba paso a una sencilla ofrenda floral en el cementerio
Los responsables de las diferentes cofradías de la Hermandad colocaban una corona de flores en la tumba de Don Agustín
Hablar de Agustín Martínez Soler es hacerlo de historia, recuerdos, emoción y fe prácticamente a partes iguales. Es abordar la figura de un sacerdote que quiso hacer de Peñaranda un lugar diferente, algo para lo que no escatimaba esfuerzo y dedicación, siempre de la mano de la liturgia y las enseñanzas católicas inculcadas desde la cuna. Un hombre que dejo huella imborrable entre generaciones de vecinos y al que este año se le recuerda de manera más especial al cumplirse medio siglo desde su fallecimiento.
 
Para conocer al eterno ‘Don Agustín’ debemos trasportarnos hasta la Peñaranda de mediados del siglo XX, momento en el que pisaba las calles de la ciudad por primera vez un tierno sacerdote recién salido del seminario que, aunque tardío en sus vocaciones, llegaba con fuerza y ganas de emprender una misión pastoral y evolutiva especialmente entre la juventud.
 
Un hombre cargado de vitalidad que conseguía lo que en principio parecía una titánica tarea: crear un movimiento de unidad entre la juventud a través de la puesta en marcha de espacios lúdicos tan destacados como Acción Católica o la reconversión de una huerta dejada por las monjas Jesuitinas a su marcha y hoy conocido Parque La Huerta, sobre la que levantaba un parque deportivo e infantil, que suponía el gran punto de encuentro para los jóvenes de aquel tiempo. Dos lugares que sin duda fueron mucho más que edificios y que ya han dejado una memoria colectiva como legado intemporal.
 
Así transcurrió su labor y con ella continuo hasta el 6 de diciembre de 1967, cuando fallecía tras padecer una grave dolencia. Esa fecha marcaba la continuidad de la historia local, siendo recordada su memoria especialmente durante los últimos tiempos en cada conmemoración, ofreciendo a su recuerdo un humilde homenaje que este año, a cumplirse el 50 aniversario de su desaparición, ha tenido un mayor calado entre la sociedad .
 
Fue precisamente su entrega hacia los jóvenes lo que le hacía impulsar una idea que ya le rondaba en la cabeza desde hacía tiempo y no era otra que la de reforzar la Semana Santa de Peñaranda por lo que, tras la llegada y las donaciones de nuevas y ricas tallas, plantea la creación de una Hermandad de Cofradías, que contaría con su particular ‘ejercito’ de jóvenes encapuchados. Y así, a fuego lento, comenzaba a cocinarse una idea que finalmente se materializaba en la noche del miércoles santo, con la salida procesional de la cofradía de Nuestro padre Jesús Nazareno, compuesta por cerca de una treintena de encapuchados ataviados con túnicas moradas, quienes formaron una perfecta simiente que ha pervivido en el tiempo hasta nuestros días, expandiéndose hasta alcanzar más de 1.000 cofrades en la actualidad.
 
Hoy un monolito colocado junto a la puerta principal de la iglesia parroquial recuerda su memoria, que puede consultarse de manera detallada en el libro ‘D. Agustín sacerdote: Ser para los demás’ obra de Enrique Romero Hierro, Julio de la Torre Coll y José Isidro Salgado, que recoge algunos de los episodios más destacados de la vida de quien fue y es considerado “un buen hombre” y cuyo manuscrito atesora documentos e imágenes entrañables de un cura hoy rememorado.
 
La encargada de recordar a ‘Don Agustín’ ha sido un año más la gran creación del cura, la Hermandad de Cofradías, quien se ha puesto al frente del homenaje anual que comenzaba a las 12 del mediodía con la celebración de una solemne eucaristía en la iglesia parroquial San Miguel Arcángel. Un acto en el que se destacaba la figura y la obra del sacerdote, poniendo de manifiesto la especial vocación pastoral con la juventud y el progreso de este sacerdote, nombrado Hijo Predilecto de la ciudad en 1967.
 
Tras ella, fieles y responsables de las cofradías peñarandinas, se desplazaban hasta el cementerio municipal en el que tenía lugar una sentida ofrenda floral, que contaba con un responso a cargo de párroco local Lauren Sevillano. Un acto en el que se volvía a hacer especial hincapié en la importancia de la figura de Don Agustín, que quedaba patente en las palabras ofrecidas por diferentes integrantes de la hermandad cofrade.