Viernes, 20 de abril de 2018

Regalando al Reino Unido nuestros logros

Esta semana el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, realizó una visita institucional al Reino Unido, publicando por este motivo un artículo en el diario británico The Guardian, en el cual intentó ensalzar al país que visitaba, como gesto de buena voluntad. No obstante, cometió en el mismo un notorio error atribuyendo al Reino Unido un honor que pertenece al Reino de León y, por extensión, a España.

En este sentido, Rajoy afirmó en su artículo, titulado “May backed us on Catalonia. Brexit will not break our bond”, que el Reino Unido era la cuna del parlamentarismo, algo que choca frontalmente con lo que afirma la UNESCO, que considera que ese honor recae sobre el Reino de León.

A este respecto, hace cuatro años, en 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (que conocemos por su acrónimo en inglés, “UNESCO”) insertó en su “Memoria del Mundo” el reconocimiento de los Decreta de las Cortes del Reino de León de 1188 como el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario.

Este hecho supuso el reconocimiento explícito del viejo reino leonés como la Cuna del Parlamentarismo mundial, al haber sido estas Cortes, convocadas por el rey Alfonso IX de León (el mismo que fundó la Universidad de Salamanca), las primeras en el mundo en que participaron representantes del pueblo llano, que eligió una serie de representantes de las ciudades y villas para ello, como Salamanca, Alba de Tormes, Ledesma o Ciudad Rodrigo, que participaron con sus representantes en estas Cortes.

Sin embargo, este reconocimiento por parte de la UNESCO no ha tenido demasiado eco, hasta el punto de que ni el Estado ni la Junta han hecho prácticamente nada para dar a conocer este hecho.

Quizá haya tenido que ver en ello que, al tratarse del Reino de León, al Gobierno no le importe demasiado, y a la Junta no le convenga, pues supondría ensalzar el pasado de un territorio histórico que, pese a aparecer en un cuartel del escudo de España y ser oficialmente una región al aprobarse la Constitución, ha quedado al margen del mapa autonómico, convirtiéndose en un raquítico “y León” de una autonomía cuyas principales instituciones se sitúan fuera del territorio leonés.

Y ciertamente, no quiero ser malpensado, pero en mi fuero interno tengo la sensación de que, si se tratase de Cataluña, País Vasco o Andalucía, seguramente tendríamos Cuna del Parlamentarismo hasta en la sopa.

Por otro lado, este tipo de ninguneos cuando se trata de lo leonés, desgraciadamente son más que constantes. Solo hay que recordar la celebración del 1100 aniversario del Reino de León en el año 2010, que pasó sin pena ni gloria por la provincia salmantina, sin que la Junta o el Estado organizasen un acto en Salamanca, que cabe recordar llegó a ser la ciudad más poblada del reino.

No obstante, tampoco las instituciones salmantinas movieron un dedo al respecto. De hecho, en el patronato para la conmemoración participaba la Diputación de Salamanca, cuya presidenta, Isabel Jiménez, no quiso realizar ningún acto en Salamanca. En este sentido, recuerdo haber hablado ese año con ella, y me despachó señalándome que no le parecía bien que se hiciesen actos conmemorativos en las tres provincias leonesas si los fondos tenían que salir de toda la autonomía. Ciertamente, no sé qué opinará en este 2017 del 2150 aniversario de Numancia que está financiando en Soria la Junta, o de la juerga de todos los años por abril en la localidad vallisoletana de Villalar, a costa del erario público autonómico.

Asimismo, tampoco se movió un dedo en Salamanca en 2014, cuando se cumplieron 1075 años de la reconquista (y primera repoblación) de Salamanca y otras localidades de la provincia como Ledesma, Peñaranda, Vitigudino o Guadramiro (por parte, en este caso, del rey Ramiro II de León). A este respecto, ninguna autoridad hizo nada para recordarlo, y de hecho, no hay ninguna calle que recuerde a este rey en ninguna localidad de la provincia.

En la ciudad de Salamanca en principio se le iba a dedicar a Ramiro II la rotonda situada junto al cementerio, pero a día de hoy aparece dedicada a San Marcelino Champagnat, sacerdote francés fundador de la congregación de los Maristas (que posee una estatua en esta rotonda), los cuales tienen un colegio al final de la avenida de los Maristas (que parte de esta rotonda). Se ve que los intereses de dicha congregación religiosa pesaron más que los de honrar a quien reconquistó y acometió una primera repoblación de la ciudad, y finalmente a Ramiro II se le dejó sin su rotonda.

En todo caso, con ello quiero indicar que, visto el nulo esfuerzo que hacen los representantes de las ciudades implicadas en ciertos hechos históricos, no me extraña que Rajoy haya cometido semejante error.

En este sentido, pese a que Salamanca participó en las Cortes de 1188, y el reconocimiento de la UNESCO es para todo el Reino de León (pues las Cortes eran de todo el reino, y no de una ciudad), esta efeméride parece invisible para las instituciones salmantinas, que bien podrían jactarse no sólo de tener la universidad más antigua de España, sino también de haber participado en el parlamento más antiguo del mundo.

Por ello, el error de Rajoy no es sólo un fallo que pone en evidencia su escaso conocimiento de la historia leonesa y de los hitos reconocidos a España como depositaria del Reino de León, sino que es también la muestra del fracaso colectivo como sociedad del territorio que componía el antiguo Reino de León, que no ha alzado la voz para hacer visibles sus logros históricos y con ello que se valoren. Fracaso colectivo que es extensible también a toda España, pues evidencia el ninguneo al que los gobiernos de turno han venido sometiendo a uno de los reinos históricos que dieron lugar a España.

En todo caso, visto el pasotismo en que nos hallamos enquistados como región, no es de extrañar que ni el presidente del Gobierno conozca que fuimos la Cuna del Parlamentarismo. Por nuestra actitud para él sólo debemos ser ese territorio al que viene de vez en cuando para que le aplaudan sin pedirle nada a cambio.

Valorémonos de una vez y empecemos a tener algo más de amor propio, que no tenemos por qué estar condenados a seguir siendo menos que el resto. O nos ponemos en valor nosotros, o solo nos queda esperar que nos sigan comiendo la tostada, ya sea por desconocimiento o por aprovechamiento.