Domingo, 17 de diciembre de 2017

En Mongolia o en Salamanca

El viernes pasado se estrenó en el Liceo un bello y duro documental, “Chamán”, del director salmantino David Gómez Rollán. Como él mismo anunció antes de la proyección los espectadores no se deberían hacer ilusiones: no hay esperanza en lo que cuenta, ni en lo que oímos que dicen los personajes. El cambio climático (además de otros factores relacionados con la estupidez y avaricia humana) ya ha comenzado a ser decisivo en la destrucción de la naturaleza, agua, animales, paisajes, plantas, actividades humanas que desaparecerán para siempre.

También David apuntó una reflexión al público salmantino que llenaba la sala: en Salamanca y su comarca fenómenos similares ya han comenzado. Enumeremos  las semejanzas, pues las diferencias son obvias. También aquí, como en la Mongolia filmada se lleva a cabo una lucha entre la explotación de una mina y la desaparición de la naturaleza entorno. También aquí la trágica sequía que padecemos ha hecho desaparecer praderas, alimentos para el ganado, agua de presas y ríos, población que abandona su hábitat, que deja sus pueblos habitados por muchas generaciones y se van a las ciudades, dejando un campo pobre, en vías de desertización.

Pero aquí no hemos llegado a los niveles de desastre que recoge el documental sobre Mongolia. Aún estamos a tiempo, quizás, de salvar las tierras y la población que vive de ellas. Hay que estar dispuestos a valientes decisiones, a emplear toneladas de sentido común y razonamientos. Aquí no tenemos “chamanes” que hablen con los “espíritus” de la tierra y que señalen a los campesinos qué deben hacer. Y menos falsos chamanes que engañan a ignorantes e inocentes personas que sufren y que se acercan a ellos en busca de consuelo y orientación.

Aquí, la irracionalidad que se ha adueñado de la clase política, en la gran mayoría, no se ha extendido por la población de ganaderos, campesinos, que viven en y de estas tierras. Ellos saben distinguir el trigo de la paja en las palabras que vociferan las televisiones; conocen demasiado bien su tierra, sus límites, sus riesgos y sus riquezas.

Como a la hora de la verdad manifiestan. Aún estamos a tiempo de salvar el campo charro, su ganadería, su agricultura, sus costumbres y su gente.

Preestreno documental Chaman