Domingo, 17 de diciembre de 2017

Divagaciones Otoñales

Hablábamos mi amigo Julián y yo en esta tarde de otoño mientras caían gotas de agua añoradas que tampoco paliarían la atroz sequía que estamos padeciendo. Y lo hacíamos sentados en torno a la vieja camilla, saboreando un buen orujo de hierbas que ponía el punto final a una acalorada partida de cartas. Mientas, divagábamos, teniendo alguna controversia (discusión larga y reiterada)  sobre los últimos acontecimientos que asolan el mundo mundial y por paradoja, hemos continuado hablando del tema da Cataluña, ya cansino.

Sostenía mi amigo una curiosa comparanza al respecto y era: “Que entre las bufonadas preferidas de la Edad Media, sobresalía los cuentos en que se indicaba la manera de defenderse en los grandes banquetes contra los “parásitos” de la mesa (en este caso del que va a una fiesta a la que no ha sido invitado). Para deshacerse de ellos, se les servía casi siempre, un vomitivo mezclado con el vino, y luego los anfitriones se regocijaban cuando el indeseable-un pobre diablo- paraba de tragar y tenía que levantarse de la mesa en actitud embarazosa”.

Al recuerdo de tales bromas, está sin duda ligado el concepto que todavía se tiene en general del “parásito” como algo meramente repugnante, pero que no ha de tomarse demasiado en serio y de ningún modo ser conceptuado como permanente perjuicio para la vida. Pero… la realidad, sin embargo, nos lo enseña de otro modo, y existen sobradas razones para que la economía se preocupe de ello y vigilen esta vida “parasitaria” considerando la lucha contra ella, como una de las más serias… ¡Por Diossssssss diría nuestra amiga la Mari Loli ¡

Se ha marchado mi amigo y me he quedado sólo a la vera del viejo olivo, y me quedo repasando con nostalgia contenida; el- Anecdotario- que me ha enviado Santiago Navarro, entrañable compañero de estudios juveniles-Instituto Nacional de Enseñanza Media-“Fray  Luis de León” de Salamanca. Año de 1945. ¡Han pasado 72 años!. Donde se iniciaban los estudios con 10 años cumplidos, e ingreso siempre oral.

En este escrupuloso y lleno de datos simpáticos y veraces-ANECDOTARIO-, Santiago Navarro, hace un relato pormenorizado de nuestra promoción, con profesores y alumnos como protagonistas, digno de ser leído con detenimiento, no estando exento de fina ironía al reflejar la vida y milagros diaria de aquella amalgama de profesores y alumnos, con sus “motes” incluidos… Con los que yo he vuelto a “reencontrarme”, nada más y nada menos que ¡72 años después!... ¡Compañeros del alma… compañeros!... : José Alicio Cruz, Felipe Santos Toríbio, Gonzalo Martín Merino, Miguel Fonseca Almaraz, Francisco Jiménez Díaz, Ricardo Bajo, Trinitario García Oreja, Marcial Martín, Matías Martín (Cubas), Leoncio Martín Herrero, Santiago Navarro (autor del-Anecdotario), Miguel Moreta, Juan Medina, Antonio Basas, Ángel Hernández, Ángel y Jesús Hernández Bueno, Juan Calderón, Máximo Vicente Salicio, Tito Huidobro, Luis Eustaquio, Anselmo Santos y… ¡30 compañeros más ¡

Y llegados a este punto, tengo que preguntar ¿Qué ha sido de todos ellos?... Y seguramente no es difícil la contestación: “Pues muchos se habrán muerto por Ley de Vida y los otros ¡OH, LOS OTROS!... pues estarán como yo; en el final del camino, pasando ya la línea y a la Gran Espera. Reconozco que ha sido una larga singladura, no exenta de vaivenes, y se me eriza el vello, con estos recuerdos tenidos hoy de aquella Promoción del año 1945, cuando iniciábamos una vida llena de ilusiones, que algunas se cumplieron y otras no. SÉ, QUE YO ESTUVE ALLÍ, aunque el recuerdo sea muy difuminado por el paso del tempo.

La gran paradoja es que todo ha cambiado a nuestro alrededor, pero nosotros (los que quedamos) somos sustancialmente los mismos. Y ello, porque el carácter es inmutable y viene determinado por nuestra infancia; mi amigo Genaro abundaba: “Lo cierto es, que no podemos ser otra cosa, que lo que siempre hemos sido”… y lo ha dicho Genaro y bien reflexionado está.

Bien cierto es que nuestro entorno ha evolucionado vertiginosamente; nos hemos hecho viejos sin darnos cuenta y soy consciente que estoy escribiendo sobre cosas, que sólo la gente de nuestra edad puede entender mejor, pero reales. Alguien con quien me identifico, respondía al ser preguntado: ¿Le da miedo la muerte?... No en absoluto. Me da más miedo la vida-.

¿Qué cómo me encuentro yo?

Pues queridos amigos ¡con 83 años de edad!... y todo lo que conlleva en larga retahíla. Pero “resistiré” lo que pueda. Un amigo mío con buen criterio aseveraba: “Bromear, aunque sea con los años y la muerte, no es fácil, ya que cuesta muchos años de aprendizaje”

Esta generación de la que hoy escribo y cuento; que inició estudios en el año de 1945 en el Instituto “Fray Luis de León” salmantino; seguro que ha sido testigo de hechos excepcionales y avances tecnológicos deslumbrantes, siendo también espectadores de grandes desastres y tragedias humanas. Seguro que todos cumplieron su cometido en la vida o al menos lo intentaron. El manantial de esta vida, continúa manando, la Creación sigue su curso inexorable, Sólo nosotros, envejecemos y desaparecemos, seguramente, haciéndonos la pregunta: ¿Hay otra existencia?

Pero esa… ¡Es una pregunta que hoy no toca!

Hoy, es OTOÑO: “Tiempo de sementera, de mirar más al Cielo que al calendario. Cuando cae la hoja. Cuando el verde perenne se mezcla con las mil tonalidades de otros colores, que cambian cada día y dan al entorno un cromatismo dinámico y sugerente”

FELIZ NAVIDAD.