Domingo, 17 de diciembre de 2017

Nostálgicos

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La última semana ha sido intensa para los nostálgicos del Régimen, puesto que, como todos los años y con motivo del aniversario de la muerte de Franco, los medios de comunicación han recogido los homenajes que se han hecho al último dictador que gobernó nuestro país durante casi 4 décadas. Ya llevamos en España más tiempo sin Franco que lo que éste estuvo gobernando y aún así, su figura, la idiosincrasia, tradiciones y costumbres del régimen franquista siguen muy entroncados aún en ciertos sectores de la sociedad española.

Hace poco, en el editorial de un periódico de tirada nacional leía un articulo titulado “Franco ha muerto”. En este breviario se decía que a pesar de que el dictador había fallecido hacía 42 años, su figura se venía utilizando aún en la arena política de nuestros representantes políticos y afirmaba que, en cambio, el nazismo no era un argumento de enfrentamiento político en Alemania. Habría que recordarle a este diario que en Alemania, a diferencia de España, todos los partidos del arco parlamentario con opciones de gobierno: conservadores de la CDU, socialdemócratas del SPD, liberales del FDP o verdes del GRÜNE, han condenado, sin ambages ni fisuras, el abominable régimen del Führer Adolf Hitler; algo que no ha ocurrido en España después de 42 años de la muerte del Caudillo, puesto que muchos miembros del actual gobierno, sus aduladores mediáticos y buena parte de sus electores nunca han condenado el Régimen, simplemente porque varios de sus miembros son herederos directos de mandatarios del Movimiento Nacional y su opción política más acorde con su ideología, tradición y costumbres, es la que profesa el PP.

Como nunca me gusta realizar manifestaciones gratuitas, quiero apoyar mi argumentación en hechos concretos y que también se han dado durante la semana que ahora termina. Me refiero a los mensajes enviados a través de whats app por varios policías locales de Madrid contra su alcaldesa Manuela Carmena, contra algunos periodistas y los inmigrantes, ensalzando el fascismo y el nazismo y la figura de Hitler, que pueden constituir atentados graves contra la dignidad de los ofendidos, amenazas y otras expresiones de odio, todas ellas presuntamente delictivas. La condena por parte del PP ha sido muy tibia, algo que contrasta radicalmente con las manifestaciones de condena firme que emiten desde esta formación política (haciéndolo incluso desde la portavocía del gobierno después del Consejo de Ministros) cuando los sujetos activos de estas expresiones son líderes, simpatizantes de partidos de izquierda o se habla de Venezuela, Bolivia, Irán o Cuba (como si éstas fueran parte del territorio nacional dirigido por nuestro gobierno).

Así, Pablo Casado, portavoz del PP dijo que “no le gusta que se insulte a nadie”, pero a continuación  siguió afirmando que “ni a la señora Carmena ni a ningún otro agente de la policía municipal, ni tampoco le gusta que una concejal asalte capillas”, en clara referencia a Rita Maestre, la concejal de Ahora Madrid, que fue condenada por una protesta realizada en la Capilla de la Universidad Complutense de Madrid en 2011. Con ello no estoy justificando la actuación de Rita Maestre (quién, aunque condenada a pena de multa por el Juzgado de lo penal 6 de Madrid, fue luego absuelta por la Audiencia Provincial de Madrid, por tanto no existió tal “asalta a capillas”), pero también hay que recordarle al señor Casado que esos hechos sucedieron cuatro años antes de que fuera concejal de Madrid y, políticamente, es evidente que no es lo mismo que si esa conducta la hubiera realizado siendo ya una representante política de los ciudadanos de Madrid que una ciudadana sin cargo publico alguno.

Lo que también parece criticable es la reacción de los sindicatos policiales mayoritarios de Madrid, que se vuelcan en la defensa de los agentes implicados en los hechos, justificando el contenido de los mensajes al decir que “están sacados fuera de contexto”. La verdad es que si expresiones como “es terrible que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros”, “ojalá tenga una muerte lenta y agónica”, o “que se muera la zorra vieja ya”, no son repugnantes y condenables -se dirijan a Manuela Carmena o a Perico el de los palotes-, no sé qué manifestaciones podrán ser repudiables.

Aunque Franco haya muerto hace 42 años, sucesos como los que aquí se narran son manifestaciones inequívocas de que el franquismo sociológico o el franquismo después de Franco (dígase como apetezca) sigue tristemente enraizado en la forma de ser y pensar de muchos sectores políticos y sociales actuales de nuestra querida España.