Domingo, 17 de diciembre de 2017

Sobran razones

Lerner define el patriarcado como "la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños y niñas de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general" y en la historia de la humanidad se ha ido asentando como verdad absoluta a lo largo de los siglos.

Estamos viviendo momentos muy difíciles. La violencia contra las mujeres, lejos de erradicarse está cada día, tristemente, más presente en nuestras vidas. Ello se debe a varias razones, que creo es importante que se conozcan y que se hable de ellas.

Lo primero es que la violencia de género, es la que se ejerce contra las mujeres sólo por el hecho de ser mujeres. No podemos admitir ninguna otra explicación de lo que es la violencia que las mujeres sufrimos por una cultura, costumbres y educación, enraizadas en hombres y mujeres,  cultura del Patriarcado que entiende históricamente que el hombre es un ser superior a nosotras y que supone que al día de hoy todavía hay en el mundo leyes desiguales, leyes que permiten la mutilación femenina, que las niñas se casen con hombres, o que tengan prohibido el simple hecho de conducir o montar en bicicleta. La violencia de género, es violencia machista, la que se ejerce por hombres que entienden que existen unos roles de madres, cuidadoras, cocineras y sumisas para  con  sus mujeres y si estas rompen con esos estereotipos son víctimas de violencia de género, en sus múltiples formas, desde las más sutiles a las más graves. 

Lo anterior, seguir educando y visibilizando como “normales” algunos comportamientos exclusivos para las mujeres y otros para los hombres, para las niñas distintos que para los niños, pero sobretodo que las discriminan y las colocan desde su nacimiento en una situación de desigualdad de oportunidades y como potenciales víctimas de acoso sexual, violaciones o trata para prostituirlas. Esto es  lo que hay que cambiar con una educación  en igualdad desde la escuela y  en la familia.

Otra razón que hace que todavía, al día de hoy, aunque en países como España las leyes digan que “Todos y todas somos iguales ante la ley”, la igualdad no es real, y su forma más cruda son los asesinatos y violaciones. Es lo que se llama por Amelia Valcárcel, maestra filósofa española “El espejismo de la igualdad”. Es decir, como las leyes  dicen que somos iguales, pues ya está todo conseguido y oímos frases como: “qué más queremos”, y algo muy recurrente “¿Yo machista?, para nada”.  Pues si, somos machistas, y me incluyo, pues en el día a día admitimos como “normales” muchas cosas que no lo son, porque seguimos educando, casi sin querer, de manera distinta a los niños y las niñas. Por eso tenemos que ponernos las gafas moradas todos los días, y ver esas pequeñas cosas, esos “micromachismos”  que están diariamente en nuestras vidas.

La aparición de las nuevas tecnologías, unido a esa educación en el “Amor Romántico”, del que habla Marcela Largade que vemos  reproducido continuamente en el cine, la televisión o  en los cuentos de la infancia, esos en los que las princesas consiguen su príncipe azul, son nuevos instrumentos del patriarcado, que se  rige por unas reglas que vienen determinadas por los estereotipos de género que nos asignan desde que somos menores. Los medios de Comunicación tienen una gran responsabilidad en la confusión en relación con este asunto, no pueden ser ambiguos y decir cosos como “ha muerto una mujer” en vez de “ha sido asesinada una mujer” pero no sólo son responsables por no tratar las noticias y las informaciones que el rigor que requieren, sino que deben trabajar por luchar contra estereotipos de género que se replican en muchos programas de las televisiones, que desacreditan a las mujeres, las vejan y las desprecian.

En estos días es muy grave leer encuestas donde se comprueba que 1 de cada 4 jóvenes ven “normal” la violencia de género en pareja. Y es terrible ver el uso de las redes sociales para alardear de una violación en manada o para revictimizar a una joven y dudar de ella. Hace siglos escribió Stuart Mill: “la mujer es la única persona (a parte de los hijos) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se encuentra entregada al injusto, al reo. Por eso, mujeres apenas se atreven, incluso después de malos tratamientos muy largos y odiosos a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas, y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto es posible para ocultar sus miserias por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece” (1896). Son palabras que hoy, en nuestro país están lamentablemente de actualidad.

Otra razón de esta realidad a tener en cuenta es que la violencia de género, no es sólo que asesinen mujeres sus parejas o exparejas. Son muchas las formas que adquiere la violencia contra las mujeres. En España  desde hace, más o menos, 15 años tenemos estadísticas que nos dicen cuantas mujeres son acosadas, violadas o asesinadas, y hemos conseguido con el desarrollo legislativo, convertirlo en un problema público, aunque mucha gente sigue creyendo que es el problema del otro o de la otra, que son “cosas de casa”. Este es uno de los retos que tenemos por delante, que se hagan compañas de sensibilización, la mayoría dirigidas a las mujeres para protegerse y no contra los maltratadores, no es suficiente para que la mayoría de la ciudadanía tenga conciencia de que es un asunto público, y que calle aunque tenga conocimiento de que una mujer está siendo violentada. El silencio es un gran aliado del patriarcado, y sigue ganando.    

En los últimos años se han aprobado leyes que nos han dado derechos a las mujeres que no teníamos,  hace sólo cuarenta años, estábamos subordinadas a nuestros maridos o padres, y estas leyes y las políticas contra la violencia de género han generado en las mujeres más autoestima, más autonomía y mecanismos para defenderse. La maltratada invisible, callada que no reaccionaba ante una paliza o insultos, que se escondía en un rincón y callaba ya no son la mayoría. ¿Qué está ocurriendo? Las mujeres reaccionan, denuncian, se marchan, se defienden y qué hace el maltratador? pues que su ataque, su reacción es más violenta y cruenta, por eso terminan asesinando, peor aún, la última moda es la matar a los hijos y las hijas para que la madre sufra más. lo que está ocurriendo que el machismo más reaccionario surge con fuerza siempre que las mujeres avanzamos, y esta reacción no es nada nuevo, ya en la historia, hace siglos hubo mujeres que acabaron en la Guillotina por el mero hecho de escribir que las mujeres debían tener los mismos derechos de ciudadanía que los hombres.

La violencia de género hunde sus raíces en la histórica desigualdad que han tenido y aún siguen teniendo las mujeres, como consecuencia del patriarcado existente en nuestras sociedades, por ello es fundamental abordar su erradicación  desde las políticas de igualdad, desde el feminismo, que no es lo opuesto al machismo, sino que es el movimiento histórico de hombres y mujeres que creen en la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Así de sencillo.