Viernes, 15 de diciembre de 2017

Bienvenida, Irene

De una entrevista a Tomás Segovia, saqué esta frase: “Escribir es mi manera de tratar de poner las cosas claras con la vida, no con la literatura. Allá se las entiendan los profesores”.

Para mi sobrina Irene, que viene en camino; para el resto que ya están por aquí y para todos, familia y amigos, que han compartido conmigo este tiempo… Y los anteriores.. Por supuesto, un recuerdo también para los que  se adelantaron.

Hola, Irene; tardarás un rato en leer esto, probablemente te lo lea Vega, que ya sabrá leer cuando puedas entenderlo.

Tenía escrito un artículo desde la semana pasada en el que recordaba algo y ya ves, eres una noticia que redondea todo.

Hace 18 años, tal día como hoy, el 17 de noviembre de 1999, a estas horas iba llegando a la clínica en la que tenía una cita médica para ver con el doctor los resultados de unos estudios. Mis líos de estómago me estaban dando más guerra de lo habitual, me habían hecho ir a urgencias un par de veces. Ay, que la úlcera se ha puesto peor...

“Sí, tiene usted úlcera, y grande, sí, pero el problema es que tiene usted un linfoma”; uno, que es filólogo, no sabía qué era un linfoma, pero sí que -oma es una terminación que no nos gusta oír de un  médico que nos atiende.

La mañana era clara como sólo pueden serlo las mañanas de noviembre en la ciudad de México. Había sol, algo de frío… Los árboles de Navidad empezaban a aparecer, las luces, los adornos, los anuncios… Todavía no habían inventado el buen fin, ni los fines de semana largos. Y yo, con mi procesión por dentro…

Fueron días duros, desde luego; y sí, claro que marca algo así; y que se aprende, y que uno, si sale, lo suele hacer fortalecido.

Me dio por empezar a coleccionar frases lapidarias –humor negro–, de amigos, de poetas:

“El último momento siempre será el instante previo a la pérdida de toda esperanza”. “Escribir es mi manera de tratar de poner las cosas claras con la vida, no con la literatura”.

Una frase que solemos considerar esperanzada es “la vida sigue”, sin embargo, se puede volver la más atroz; porque seguir es lo que cuenta y no podemos quedarnos quietos; pero también porque para los demás la perspectiva es otra, no nos conocen, no les importa; hoy estamos, o no.

La vida sigue...

Por eso, también uno se acostumbra a la agonía…unamuniana, o sea, a la lucha constante. Se queda presente en el pensamiento, siempre, en todo momento… Cada vez más de vez en cuando, pero presente.

Incluso, dieciocho años después, cuando paseo por la misma calle donde me dieron la noticia y que, curiosamente, es la misma calle en la que se encuentra el lugar en el que trabajo.

Y vuelvo a pensar en ello en este otro paseo después de confirmar que vienes en camino y que es verdad: la vida, siempre, sigue.

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